Tesis 1:
Unidad desde las bases
Este primer
punto es crucial para empezar a comprender la necesidad de construir un bloque
político identificado claramente con la construcción de poder popular, y que
trascienda a las organizaciones políticas y a los movimientos sociales que muchas
veces quedan enredados en una lógica dependiente del verticalismo de dos, tres,
cuatro responsables que creen que la centralidad de la política y de la toma de
decisiones para el conjunto del pueblo dependen de ellos. En estos años de
militancia, que no han sido muchos pero si intensos, el autor de este texto
cree que no es así como se producen los mejores resultados para desarrollar una
política de unidad en torno a identidades diversas, sino que debemos generar
prácticas políticas críticas y perfectibles que logre transformar esa
producción militante en nuevos avances de los distintos espacios de realización
colectiva del rosarino (sindicatos, universidades, barrios, vecinales, clubes,
etc, etc), poniendo en valor todas las experiencias que durante casi 20 o 30
años vienen siendo resistencia a un modelo socialdemócrata (en sus comienzos),
y ahora ya desteñido de neoliberalismo rancio.
De lo que se
trata es de agrupar en un colectivo nacional y popular a todas estas
expresiones políticas, sociales, sindicales, universitarias y vecinales, que
representan fielmente al pueblo rosarino ya que son los espacios que hemos
podido construir, y darle una vuelta de tuerca para pensar nuevos escenarios
que corra de eje el centro político de las castas constituidas durante 40 años
de partidos pensados como estancia, y donde 4 o 5 (en el mejor de los casos) se
reparten sus dividendos a costas del rosarino. Esos tiempos deben llegar a su
fin y que nuevas estructuras frentistas pongan en crisis esa hegemonía
destructora.
Tesis 2:
Reconstruir una nueva Comunidad Organizada
Cuando Juan Domingo Perón expuso en 1949 en el Congreso de Filosofía de Mendoza el proyecto filosófico-político de la Comunidad Organizada que se transformaría en doctrina profundamente humanista para la realización nacional y latinoamericana, lo hizo como un legado para todas las generaciones posteriores. Es un deber, de todo peronista nacido al calor de las luchas históricas de nuestro pueblo y que toma la decisión de unirse a la larga caminata de avances y resistencias colectivas de la Patria, siempre identificado con las mayorías populares democráticas, avanzar en su lectura crítica y trascendencia cultural para plasmar sus puntos teóricos en la articulación de la vida en comunidad, expresada en los distintos espacios de realización colectiva que fueron expuestos en la tesis primera.
Allí, el
General Perón sostiene que “ni la
justicia social ni la libertad, motores de nuestro tiempo, son comprensibles en una
comunidad montada sobre seres insectificados, a menos que a modo de dolorosa
solución el ideal se concentre en el mecanismo omnipotente del Estado. Nuestra
comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la
responsabilidad son causa y efecto en que exista una alegría de ser, fundada en
la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga
realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su
presencia muda y temerosa.” Este es el proyecto del peronismo, y del cual
el kirchnerismo se ha hecho parte para encauzar las voluntades dispersas tras
la resistencia al neoliberalismo, es decir, a lo peor de los noventa, ya que
era la extensión de la dictadura militar iniciada en 1976. Reconstruir los
lazos de realización colectiva en la Comunidad Organizada del Siglo XXI significa
crear un nuevo sentido común, propiciar la participación en todas las esferas
del realización de hombres y mujeres estableciendo un profundo anclaje en el
subsuelo de la Patria para construir un nuevo horizonte de época más allá de
las coyunturas electorales. Reconstruir el movimiento popular en nuestra ciudad
y transformarlo en un bloque histórico que dispute el mando de un nuevo Estado
de Justicia Social es un motor de lucha que no debemos escatimar esfuerzos,
tiempo y energía en vincular nuestra vida a tan hermoso objetivo.
Tesis 3: La
construcción del Estado de Plena Justicia Social
En ese mismo
sentido, Juan Domingo Perón expone: “la justicia
no es un término insinuador de violencia, sino una persuasión general; y existe
entonces un régimen de alegría, porque donde lo democrático puede robustecerse
en la comprensión universal de la libertad y el bien generales, es donde, con precisión,
puede el individuo realizarse a sí mismo, hallar de un modo pleno su euforia
espiritual y la justificación de su existencia.”
Un Estado de
Plena Justicia Social viene no solamente a reparar tantas demandas insatisfechas
del pueblo, sino que además configura nuevos espacios para las relaciones
sociales. Este es uno de los avances que el marxismo presenta en sus teorías,
ya que las relaciones sociales de producción en el presente están determinadas
por una construcción histórica a la cual debemos poner freno desde la
concepción del mundo como humanistas revolucionarios. Y aquí es interesante lo
que las corrientes peronistas y marxistas en tanto se centren en el hombre y la
comunidad, tienen para aportar a la construcción de una Patria Grande que
busque la felicidad de los pueblos que la integramos.
De todas
formas, la convergencia de todas estas voluntades nacionales-populares debe
darse en tanto y en cuanto estemos dispuestos a tener la centralidad política
puesta en el desarrollo de la vida en comunidad como motor de lucha y
perspectiva histórica para proseguir en la constitución de un Estado de Plena
Justicia Social, al cual debemos llegar por medio del empoderamiento popular,
como más arriba lo enunciaba Juan Domingo Perón.
Tesis 4:
Nuevas formas de representación en lo institucional y en el barrio
Pensar y
conformar un nuevo horizonte de época también nos desafía a darle un marco de
representación y referencia que vaya más allá de los lugares institucionales
tradicionales. Una democracia radicalizada debe desarrollarse sin tantos marcos
de contención a las expectativas del pueblo y sus demandas iniciales, sino
profundizar hacia un objetivo estratégico que posibilite realmente el poder
popular como hegemonía y que supedite al resto de los poderes adversos a sus
líneas políticas. En Rosario, por el nivel de concentración que existe, tanto
en lo político (castas que conducen los partidos hace 30 años como patrones de
estancia), en lo económico (el empresariado financiero, ya sea en bancos como
en los negocios inmobiliarios, el blanqueo de dinero del narcotráfico, la
producción de soja, entre otros), en lo cultural (producciones artísticas elitistas
que configuran un status de ciudad europeizada, que rompe con la identificación
de los sectores medios hacia un proyecto nacional y popular), es necesario
construir un nuevo “tablero” que nos ponga en mejores condiciones para contrarrestar
las cánones político-económico-culturales a los cuales nos arrastra el Frente
Progresista Cívico y Social desde el comando del Estado Municipal y Provincial.
Hay que
generar nuevas herramientas de representación política que surjan del propio
pueblo, de los barrios que hoy no están siendo escuchados ni en el Concejo ni
en la Intendencia. Asambleas, Comités, Foros: cualquiera de estas son valiosas
si son utilizadas de la mejor manera posible. Correr el eje de la centralidad
política de los lugares de representación institucional que no pueden dar
respuesta a los anhelos de los rosarinos para fortalecer una idea de Comunidad
Organizada y Estado de Plena Justicia Social arraigada en el Poder Popular o
empoderamiento deben ser, desde este punto de vista, núcleos de proyección
política para avanzar en una nueva concepción de ciudad.
Tesis 5: Un
proyecto nacional y popular para Rosario
Para
finalizar este ensayo, es pertinente sintetizar el mismo a través de la teoría
de Ernesto Laclau esgrimida en “La Razón
Populista”, como una idea-fuerza para reconstruir una identidad nacional y
popular en nuestra ciudad: “el pueblo no
constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes
sociales. En otros términos, es una forma de construir la unidad del grupo. No
es, obviamente, la única forma de hacerlo; hay otras lógicas que operan dentro
de lo social y que hacen posibles tipos de identidad diferentes de la
populista. Por consiguiente, si queremos determinar la especificidad de una
práctica articulatoria populista, debemos identificar unidades más pequeñas que
el grupo para establecer el tipo de unidad al que el populismo da lugar (…)
Aquí tendríamos, por lo tanto, la formación de una frontera interna, de una
dicotomización del espectro político local a través del surgimiento de una cadena equivalencial de demandas
insatisfechas. Las peticiones se van convirtiendo en reclamos. A una demanda
que, satisfecha o no, permanece aislada, la denominaremos demanda democrática.
A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial,
constituyen una objetividad social más amplia, las denominaremos demandas
populares: comienzan así, en un nivel muy incipiente, a constituir al “pueblo”
como actor histórico potencial. Aquí tenemos, en estado embrionario, una
configuración populista. Ya tenemos dos claras precondiciones del populismo:
(1) la formación de una frontera interna antagónica separando el “pueblo” del
poder; (2) una articulación equivalencial de demandas que hace posible el
surgimiento del “pueblo”. Existe una tercera precondición que no surge
realmente hasta que la movilización política ha alcanzado un nivel más alto: la
unificación de estas diversas demandas –cuya equivalencia, hasta ese punto, no
había ido más allá de un vago sentimiento de solidaridad- en un sistema estable
de significación.”
Constituir
un proyecto nacional y popular que rescate las mejores tradiciones de lucha de
nuestro pueblo y ponga en valor lo conseguido durante esta Década Ganada en
América Latina es imaginar un horizonte de unidad y felicidad que nos impulsa a
redoblar los esfuerzos para conformar un frente diverso y conectado con las mayorías
populares democráticas. Ser revolucionarios en el Siglo XXI es ser conscientes
de la enorme tarea que, día a día, debemos trazarnos e ir avanzando paso a
paso: la unidad en todos los sentidos para la victoria en cada batalla.



















