domingo, 28 de diciembre de 2014

5 tesis sobre el kirchnerismo en Rosario




Tesis 1: Unidad desde las bases

Este primer punto es crucial para empezar a comprender la necesidad de construir un bloque político identificado claramente con la construcción de poder popular, y que trascienda a las organizaciones políticas y a los movimientos sociales que muchas veces quedan enredados en una lógica dependiente del verticalismo de dos, tres, cuatro responsables que creen que la centralidad de la política y de la toma de decisiones para el conjunto del pueblo dependen de ellos. En estos años de militancia, que no han sido muchos pero si intensos, el autor de este texto cree que no es así como se producen los mejores resultados para desarrollar una política de unidad en torno a identidades diversas, sino que debemos generar prácticas políticas críticas y perfectibles que logre transformar esa producción militante en nuevos avances de los distintos espacios de realización colectiva del rosarino (sindicatos, universidades, barrios, vecinales, clubes, etc, etc), poniendo en valor todas las experiencias que durante casi 20 o 30 años vienen siendo resistencia a un modelo socialdemócrata (en sus comienzos), y ahora ya desteñido de neoliberalismo rancio.

De lo que se trata es de agrupar en un colectivo nacional y popular a todas estas expresiones políticas, sociales, sindicales, universitarias y vecinales, que representan fielmente al pueblo rosarino ya que son los espacios que hemos podido construir, y darle una vuelta de tuerca para pensar nuevos escenarios que corra de eje el centro político de las castas constituidas durante 40 años de partidos pensados como estancia, y donde 4 o 5 (en el mejor de los casos) se reparten sus dividendos a costas del rosarino. Esos tiempos deben llegar a su fin y que nuevas estructuras frentistas pongan en crisis esa hegemonía destructora.

Tesis 2: Reconstruir una nueva Comunidad Organizada

Cuando Juan Domingo Perón expuso en 1949 en el Congreso de Filosofía de Mendoza el proyecto filosófico-político de la Comunidad Organizada que se transformaría en doctrina profundamente humanista para la realización nacional y latinoamericana, lo hizo como un legado para todas las generaciones posteriores. Es un deber, de todo peronista nacido al calor de las luchas históricas de nuestro pueblo y que toma la decisión de unirse a la larga caminata de avances y resistencias colectivas de la Patria, siempre identificado con las mayorías populares democráticas, avanzar en su lectura crítica y trascendencia cultural para plasmar sus puntos teóricos en la articulación de la vida en comunidad, expresada en los distintos espacios de realización colectiva que fueron expuestos en la tesis primera.

Allí, el General Perón sostiene que “ni la justicia social ni la libertad, motores   de nuestro tiempo, son comprensibles en una comunidad montada sobre seres insectificados, a menos que a modo de dolorosa solución el ideal se concentre en el mecanismo omnipotente del Estado. Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa.” Este es el proyecto del peronismo, y del cual el kirchnerismo se ha hecho parte para encauzar las voluntades dispersas tras la resistencia al neoliberalismo, es decir, a lo peor de los noventa, ya que era la extensión de la dictadura militar iniciada en 1976. Reconstruir los lazos de realización colectiva en la Comunidad Organizada del Siglo XXI significa crear un nuevo sentido común, propiciar la participación en todas las esferas del realización de hombres y mujeres estableciendo un profundo anclaje en el subsuelo de la Patria para construir un nuevo horizonte de época más allá de las coyunturas electorales. Reconstruir el movimiento popular en nuestra ciudad y transformarlo en un bloque histórico que dispute el mando de un nuevo Estado de Justicia Social es un motor de lucha que no debemos escatimar esfuerzos, tiempo y energía en vincular nuestra vida a tan hermoso objetivo.

Tesis 3: La construcción del Estado de Plena Justicia Social

En ese mismo sentido, Juan Domingo Perón expone: “la justicia no es un término insinuador de violencia, sino una persuasión general; y existe entonces un régimen de alegría, porque donde lo democrático puede robustecerse en la comprensión universal de la libertad y el bien generales, es donde, con precisión, puede el individuo realizarse a sí mismo, hallar de un modo pleno su euforia espiritual y la justificación de su existencia.”

Un Estado de Plena Justicia Social viene no solamente a reparar tantas demandas insatisfechas del pueblo, sino que además configura nuevos espacios para las relaciones sociales. Este es uno de los avances que el marxismo presenta en sus teorías, ya que las relaciones sociales de producción en el presente están determinadas por una construcción histórica a la cual debemos poner freno desde la concepción del mundo como humanistas revolucionarios. Y aquí es interesante lo que las corrientes peronistas y marxistas en tanto se centren en el hombre y la comunidad, tienen para aportar a la construcción de una Patria Grande que busque la felicidad de los pueblos que la integramos.

De todas formas, la convergencia de todas estas voluntades nacionales-populares debe darse en tanto y en cuanto estemos dispuestos a tener la centralidad política puesta en el desarrollo de la vida en comunidad como motor de lucha y perspectiva histórica para proseguir en la constitución de un Estado de Plena Justicia Social, al cual debemos llegar por medio del empoderamiento popular, como más arriba lo enunciaba Juan Domingo Perón.

Tesis 4: Nuevas formas de representación en lo institucional y en el barrio

Pensar y conformar un nuevo horizonte de época también nos desafía a darle un marco de representación y referencia que vaya más allá de los lugares institucionales tradicionales. Una democracia radicalizada debe desarrollarse sin tantos marcos de contención a las expectativas del pueblo y sus demandas iniciales, sino profundizar hacia un objetivo estratégico que posibilite realmente el poder popular como hegemonía y que supedite al resto de los poderes adversos a sus líneas políticas. En Rosario, por el nivel de concentración que existe, tanto en lo político (castas que conducen los partidos hace 30 años como patrones de estancia), en lo económico (el empresariado financiero, ya sea en bancos como en los negocios inmobiliarios, el blanqueo de dinero del narcotráfico, la producción de soja, entre otros), en lo cultural (producciones artísticas elitistas que configuran un status de ciudad europeizada, que rompe con la identificación de los sectores medios hacia un proyecto nacional y popular), es necesario construir un nuevo “tablero” que nos ponga en mejores condiciones para contrarrestar las cánones político-económico-culturales a los cuales nos arrastra el Frente Progresista Cívico y Social desde el comando del Estado Municipal y Provincial.

Hay que generar nuevas herramientas de representación política que surjan del propio pueblo, de los barrios que hoy no están siendo escuchados ni en el Concejo ni en la Intendencia. Asambleas, Comités, Foros: cualquiera de estas son valiosas si son utilizadas de la mejor manera posible. Correr el eje de la centralidad política de los lugares de representación institucional que no pueden dar respuesta a los anhelos de los rosarinos para fortalecer una idea de Comunidad Organizada y Estado de Plena Justicia Social arraigada en el Poder Popular o empoderamiento deben ser, desde este punto de vista, núcleos de proyección política para avanzar en una nueva concepción de ciudad.

Tesis 5: Un proyecto nacional y popular para Rosario

Para finalizar este ensayo, es pertinente sintetizar el mismo a través de la teoría de Ernesto Laclau esgrimida en “La Razón Populista”, como una idea-fuerza para reconstruir una identidad nacional y popular en nuestra ciudad: “el pueblo no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales. En otros términos, es una forma de construir la unidad del grupo. No es, obviamente, la única forma de hacerlo; hay otras lógicas que operan dentro de lo social y que hacen posibles tipos de identidad diferentes de la populista. Por consiguiente, si queremos determinar la especificidad de una práctica articulatoria populista, debemos identificar unidades más pequeñas que el grupo para establecer el tipo de unidad al que el populismo da lugar (…) Aquí tendríamos, por lo tanto, la formación de una frontera interna, de una dicotomización del espectro político local a través del surgimiento  de una cadena equivalencial de demandas insatisfechas. Las peticiones se van convirtiendo en reclamos. A una demanda que, satisfecha o no, permanece aislada, la denominaremos demanda democrática. A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial, constituyen una objetividad social más amplia, las denominaremos demandas populares: comienzan así, en un nivel muy incipiente, a constituir al “pueblo” como actor histórico potencial. Aquí tenemos, en estado embrionario, una configuración populista. Ya tenemos dos claras precondiciones del populismo: (1) la formación de una frontera interna antagónica separando el “pueblo” del poder; (2) una articulación equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del “pueblo”. Existe una tercera precondición que no surge realmente hasta que la movilización política ha alcanzado un nivel más alto: la unificación de estas diversas demandas –cuya equivalencia, hasta ese punto, no había ido más allá de un vago sentimiento de solidaridad- en un sistema estable de significación.”

Constituir un proyecto nacional y popular que rescate las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo y ponga en valor lo conseguido durante esta Década Ganada en América Latina es imaginar un horizonte de unidad y felicidad que nos impulsa a redoblar los esfuerzos para conformar un frente diverso y conectado con las mayorías populares democráticas. Ser revolucionarios en el Siglo XXI es ser conscientes de la enorme tarea que, día a día, debemos trazarnos e ir avanzando paso a paso: la unidad en todos los sentidos para la victoria en cada batalla.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Los desacatados del sur del mundo


Basta que Thomas Griesa, un juez municipal de Estados Unidos decrete que Argentina es un país “en desacato” para que todos los grandes multimedios de comunicación de nuestro país y de la cadena imperialista de dominación y saqueo a nivel planetario lo reproduzca fielmente. Esa fidelidad a la hora de difundir una información poco tiene que ver con el criterio y la ética periodística, sino todo lo contrario: es lealtad a los poderes fácticos, es sumisión al gran relato hegemónico de los grupos económicos concentrados que anhelan volver a comandar los resortes del Estado para “liberar” la economía y poner las riquezas colectivas –lo público y lo comunitario- en manos de unos pocos. 

No faltan, en estas situaciones en que la soberanía del país quiere doblegarse, anteponiéndose la decisión del capital financiero y sus grupos de choque lobbysticos por sobre los Estados, los buitres internos. Diputados y senadores opositores al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se sumaron, rápidos de reflejos, a la catarata de expresiones a favor de la vanguardia del capital especulativo que está destruyendo la vida en sociedad e intenta avanzar en nuestra América Latina mestiza a través de estos eslabones que articulan el discurso del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
El gobierno argentino, desde el 25 de mayo de 2003, cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner, viene desarrollando una política económica de reindustrialización, generación de empleo (más de 5 millones de puestos de trabajo), de romper las ataduras con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (en 11 años de gobierno no se le pidió un solo dólar a estos mecanismos de dominación imperialista), de entierro a lo que significó la Doctrina del ALCA en Nuestra América, en conjunto con Hugo Chávez, Evo Morales, Lula Da Silva y tantas organizaciones populares que confluyeron en el repudio a George Bush como símbolo del gran proyecto neoliberal que tanta muerte y hambre trajo a nuestras tierras.

La firme postura de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ante esta nueva embestida del capitalismo financiero demuestra que Argentina es un país que no negociará su soberanía a costa de entregar las conquistas sociales y los derechos conseguidos con la lucha popular durante años de resistencia en las calles que culminaron con la reconstrucción del Estado de Justicia Social.
La causa contra el capital especulativo a nivel mundial es también una lucha de la humanidad en cualquier rincón del mundo. En varios países del globo las gárgolas del statu quo financiero, aquellos técnicos del FMI que diseñan las políticas de ajuste y las venden a los gobiernos entreguistas antinacionales para que apliquen el shock necesario al pueblo, sueñan con un retorno a las épocas oscuras de posguerra. El amplio apoyo que recibe el Gobierno argentino a nivel mundial es para resaltar y continuar impulsando estrategias de visualización y de repudio a los fondos buitres debe ser la tarea de todos los revolucionarios del planeta.

América Latina, en esta década ganada, supo ponerse de pie y aferrarse a sus raíces históricas. Nuestros gobiernos se parecen al pueblo, porque de allí vienen. La lucha por una Patria Grande económicamente libre, políticamente soberana y socialmente justa es un faro que ilumina la esperanza de los pueblos que buscan, con las alternativas del Siglo XXI, cortar las cadenas de dominación imperialistas. En esta batalla se define el futuro de la humanidad, entre liberación o dependencia.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Sobre el concepto de irreversibilidad y el rol de las organizaciones políticas





El acto de La Cámpora en Argentinos Juniors que reunió a más de 40 mil militantes de dicha organización –que contó con la presencia y el apoyo de varios representantes de otras expresiones del kirchnerismo- ha dejado varios puntos para analizar, a casi dos semanas del hecho político de la agrupación más cercana a la Presidenta.
La Agencia Paco Urondo fue uno de los medios de comunicación que más se interesó por realizar un balance del acto camporista en el estadio “Diego Armando Maradona”. En un primer momento, la agencia a la que hacemos referencia comenzó está serie de notas con una entrevista al diputado nacional Andrés Larroque, Secretario General de La Cámpora, realizada por José Cornejo. En la misma, el “Cuervo” (como se lo conoce en el ámbito de la militancia kirchnerista) hace eje en varios puntos que hoy por hoy están discutiendo todas las agrupaciones del “universo K”: acumulación de fuerza, estigmatización a las organizaciones políticas afines al Gobierno Nacional, el Unidos y Organizados, las candidaturas del 2015, el rol de las agrupaciones más grandes, entre otras.
Pero volvamos al eje central de este texto que es el concepto de irreversibilidad. Larroque sostiene que desde la conducción de Cristina hasta los lineamientos de este proyecto, sus banderas, son irreversibles. También es irreversible la concepción de que la política es una herramienta de transformación. Para muchos jóvenes de otros momentos eso no era así. Por eso, nosotros vemos a esta organización más allá de los plazos institucionales. De cualquier modo, y más allá de todo, es un acto en apoyo a Cristina. En la medida que podamos congregar el mayor respaldo a este proyecto político, que entendemos que es respaldar al pueblo mismo en su estrategia de organización, será muy importante de cara a los años venideros para que no se retroceda.”
La frase –o el argumento, mejor dicho- del Diputado del Frente Para la Victoria ronda en un lugar común del kirchnerismo (que no necesariamente tienen porque ser negativo), y es el de centrar la atención en la idea de “la orga”, es decir, de ver la política y la táctica a partir del núcleo militante al cual se pertenece y descontextualizar la amplia base de sustentación y apoyo que tiene un proyecto histórico como el que rescató y propone día a día la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Nadie puede estar en contra de lo que Larroque asegura en ese apartado, pero los hechos demuestran que los últimos procesos de unidad y organización que han surgido desde el poder central del kirchnerismo hacia las bases del movimiento han sido insuficientes y muchas veces boicoteados por un mal manejo político y destructor de consensos de las organizaciones que se proclaman hegemónicas, como La Cámpora o el Movimiento Evita, dos “pesos pesados” que no pudieron confluir y dirimir sus diferencias en el Unidos y Organizados.
Con un recorrido de 10 años de gobierno popular y de reconstrucción de un movimiento histórico, las organizaciones kirchneristas que se convocaron para el lanzamiento del Frente Unidos y Organizados no han podido encontrar una dinámica acorde al supuesto de la “Nueva Política”. Lo viejo muchas veces se presenta como lo nuevo para arrastrarnos a todos bajo una lógica maniquea de pensar al poder popular dentro de los límites capitalistas de la política del marketing: acumulación númerica para negociar en mesas chicas un cargo rentado o una banca de concejal, diputado o senador.
El ejemplo de irreversibilidad más cercano en el tiempo que tenemos es el neoliberalismo y su estructura económica-cultural que aún sigue vigente y amenaza con volver todo el tiempo a comandar los resortes del Estado para disciplinar a los trabajadores y al pueblo argentino. Desde el 24 de marzo de 1976, cuando comenzó la destrucción del proyecto peronista y la comunidad organizada –que había conseguido sostener la idea de la irreversibilidad- queda inaugurado en nuestro país la era neoliberal a sangre, fuego, desapariciones, muerte y torturas.
Hoy, la neo-derecha cultural encarnada en los multimedios de comunicación concentrados, el fuerte lobby de la Iglesia Católica, los grupos económicos, la Unión Industrial, la Sociedad Rural y los agro-capitalistas inmorales, el Poder Judicial y los empresarios especuladores que generan la inflación y retienen los productos de comercialización son los enemigos no solo de un gobierno nacional, sino de un proyecto de país con soberanía política, independencia económica y justicia social, sea quien fuere el conductor de un proceso histórico de esas características. Busquemos en nuestra historia y lo veremos: Manuel Dorrego fusilado por “la aristocracia del dinero”; Juan Manuel de Rosas, tras defender la soberanía nacional en Vuelta de Obligado, es derrotado en Caseros por Mitre y exiliado en Gran Bretaña; Hipólito Yrigoyen es derrocado en 1930 luego de la creación de YPF, que ponía al petróleo al servicio del Estado Nacional; Juan Domingo Perón, tras 10 años de gobierno y conquistas sociales significativas como nunca en nuestra historia, es bombardeado por la Marina, la Iglesias Católica y la derecha, donde cientos de argentinos son masacrados, para luego ser destituido meses después y comenzará un periplo que lo llevará por Paraguay, Centroamérica, y finalizará en España.
El destino de un proyecto nacional y popular ha estado, en lo cotidiano, marcado por la tragedia.  Los caminos de liberación de la Patria no son fáciles, nuestra historia lo demuestra. Aún así, estos actos políticos que conjugan lo masivo con lo popular le devuelven al kirchnerismo una posición activa en el tablero político no solo de cara a las elecciones nacionales del 2015, sino en el enfrentamiento con los enemigos internos y externos, como lo es la lucha contra los Fondos Buitres, vanguardia del capitalismo financiero sanguinario.
Pensar el rol de las organizaciones del kirchnerismo es pensar también una política de masas. Entender que el poder no está en una agrupación por más cercana al Gobierno Nacional, sino en abrir el juego de discusión y oxigenación hacia el interior del propio kirchnerismo para unir y organizar tras un objetivo de trascendencia, a largo plazo. Ese es el desafío más grande que tenemos los militantes de base que formamos parte de un proyecto de Patria Grande. Más que respuestas, solo dejar algunas preguntas flotando en el aire: ¿por qué  no se pone en primer plano a los trabajadores como columna vertebral? ¿por qué pareciera que Cristina Fernández de Kirchner únicamente tiene confianza en La Cámpora? ¿es posible una unidad y organización desde las bases? ¿las agrupaciones hegemónicas del kirchnerismo están a la altura de propiciar la discusión y poner en primer plano estas críticas? ¿cómo hacer para recomponer la articulación con sindicatos compañeros para dotar al kirchnerismo de una fuerza  que posibilite seguir construyendo el Estado de Plena Justicia Social y que avance hacia un horizonte de mayores grados nacionalización de la economía y de socialización de la riqueza? ¿En qué quedarán los Encuentros de la Militancia? ¿cómo construir una Agenda del Pueblo? ¿Qué rol deben jugar las universidades nacionales para aportar a la construcción de una Patria Grande irreversible?
La irreversibilidad, en los términos que debemos pensarla, no pasan por una democracia de partidos que se turnen en el comando del Estado, sino por crear nuevos “refugios” que aseguren una institucionalización del proceso político abierto, y que sea imposible que un gobierno neoliberal lo haga volver atrás, retrasando el desarrollo del pueblo argentino. Por otro lado, hace falta un amplio movimiento popular que defienda las conquistas y los derechos sociales obtenidos, de los cuales fueron participes activos, para arraigar en la conciencia de los trabajadores una perspectiva de “profundización permanente”.  El kirchnerismo se constituyó sobre la base del conflicto permanente con los enemigos históricos, ahí fue cuando sacó su mejor cara y fue forjando su identidad en forma colectiva. Debemos continuar esa línea para lograr irreversibilidad cultural y, por sobre todas las cosas, asegurar la felicidad del pueblo argentino, como reza la doctrina peronista.
 

domingo, 28 de septiembre de 2014

El lenguaje herético del peronismo


Básicamente, el peronismo en nuestra ciudad se encuentra en una disyuntiva:  consolidarse como un bastión de la cadena liberal del sentido común dominante (junto con el Frente Progresista Cívico y Social de la intendenta Mónica Fein, los radicales de Boasso, Schmuck, Rossua, y el PRO  de Lopez Molina y compañía), o deja salir su barbarie, su sentido de pertenencia, aquél subsuelo de la patria sublevado que se convierte en hecho maldito del país burgués, construyendo poder popular para llegar a comandar los resortes del Estado a través del reverso de la ciudad naranja: las comunidades que integramos los barrios.


Volver a la base de constitución de un proyecto histórico nacional y popular en nuestra ciudad
Nuevamente, como decía Rodolfo Kusch, el hedor de la América profunda se enfrenta a la pulcritud de lo irreal. Las contradicciones en Rosario se expresan a través de una lucha entre fuerzas sociales y no entre partidos políticos, parafraseando a John Willliam Cooke. El peronismo encierra en su movimiento demoníaco una violencia incontenible que hace temblar “a los de arriba” y llenar de esperanza a los de abajo. El espíritu combativo del peronismo no está en un museo, ni en un libro, ni en las grandes declamaciones retóricas de dos o tres caudillitos improvisados que se venden como candidatos en tiempos electorales, sino que late vivo en el corazón del pueblo argentino y en la memoria colectiva de las resistencias históricas que dinamizaron al frente nacional y popular a lo largo de su conformación y existencia en estos 70 años.

Retomando la idea del reverso de la ciudad para dotar al peronismo rosarino de un espíritu indestructible y de la necesidad del humanismo revolucionario para poner fin a esta crisis existencial de la vida en comunidad en nuestra ciudad, Rodolfo Kusch vuelve a instruirnos: “Es indudable que nuestros luchadores de izquierda y de derecha no quieren advertir que ellos están parados sobre la mitad del hombre como la cigüeña. Ellos sueñan con las reivindicaciones sociales de una masa que no conocen, pero solo para asumir ellos mismos un papel social gratuito, con el secreto afán de convertirse alguna vez en clase dirigente”(1).  Kusch nos invita a propiciar, a dejar fluir, a fundirse con el pueblo, no tanto para cooptar y acumular para algún dirigente medio, sino para lograr un amplio marco de identificación con un proyecto histórico que está vivo, que respira, que se reproduce en la periferia y que debe institucionalizarse en organizaciones libres del pueblo (vecinales, clubes, centros de salud, etc) como elementos de nuevos valores y ordenadores de la vida en comunidad, mientras que, en el plano del movimiento, debe avanzar hacia mayores lazos de unidad y organización con otras agrupaciones políticas, sociales, de base, sindicales.  
De igual forma, Rodolfo Kusch sostiene que “en América no nos podemos limitar cómodamente a aplicar doctrinas. Ella exige ante todo una doctrina que no sólo contemple la necesidad de una transformación de las estructuras sociales y políticas o económicas, sino que también incluya la peculiar manera de ver y de sentir al hombre que alienta en el indio y en el mestizo, eso que llamé en otra oportunidad el estar.”(2) Este llamado imperioso de volver al hombre, la comprensión del mundo desde lo propio, con sus características avanzadas y sus sentidos conservadores, intentando bucear en las contradicciones para contemplar a la vida en el barrio como exponente desde donde partir para proseguir en forma colectiva hacia la acumulación de fuerza popular para organizar mayores núcleos de nuestro pueblo, en una firme construcción de instancias que nos posibiliten disputar –como movimiento político-cultural de liberación humanista comunitaria- la conformación de un Estado de Plena Justicia Social para estar en mejores condiciones frente a los poderes concentrados (grupos económicos), que en nuestra ciudad y provincia se encuentran representados en los empresarios especuladores del negocio inmobiliario, el Poder Judicial, la Mesa de Enlace  y los agro-garcas que guardan la cosecha de soja en silobolsa, la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial, la Fundación Libertad como usina de pensamiento del orden liberal que le da basamento ideológico al proyecto de la gran burguesía, y la casta política de derecha neoliberal e izquierda abstracta (por ende también neoliberal) que son garantes del statu quo de los poderes económicos en nuestra zona. La solución no llegará por medio de fórmulas mágicas, sino a través de la unidad de base (el trabajo directo con el reverso de la ciudad, los barrios de la periferia, los olvidados, los excluidos, los sin nombre, los sin techo) y la constitución de instancias políticas de encuentro y organización superadoras a las ya existentes, que evidentemente son muy precarias.

En esto, Rodolfo Kusch es lapidario: “nosotros, como clase media, sometida místicamente a un gran plan, el de la burguesía europea de los últimos doscientos años, herederos de los objetos industriales, imbuidos de esa rara sencillez, como de regla de tres simple con que resolvemos todos los problemas y corregimos siempre al mundo,  tensos en medio de una oligarquía ganadera y un proletariado mestizo dentro de una ciudad amurallada, sin tiempo para mirar por lo que está más allá de la muralla, ni lo que está adentro de nosotros, sin una real finalidad en nuestras vidas fuera de esas etiquetas políticas que nos adosamos, o de las cositas que compramos, individualistas acérrimos, aun cuando entramos en un partido de izquierda: ¿cuándo y con qué medios aceptaríamos ese aporte profundo de América para resolver realmente el problema menudo y fácil de su economía, su sociedad y su cultura? ¿Cómo no vamos a desechar por monstruosa esa pesada humanidad que alienta en el indio de las comunidades agrarias, cuya principal característica y, quizá, la más chocante para nuestros prejuicios de clase media, es la de que vive sin urgencia?”(3) Debemos generar lazos comunes y profundos con nuestro pueblo para conformar un bloque histórico sólido, en donde todas las expresiones culturales que dan sentido a nuestra Patria Grande y la nutren constantemente, que pueda seguir dando batalla contra los enemigos históricos más allá de las coyunturas, y tenga como fin último la felicidad como máximo anhelo de una comunidad organizada. Tampoco hay una receta para encontrar alternativas, sino que es multicausal, como así también lo es nuestro pueblo mestizo. Por ende, toda generación tiene derecho a inventar e insistir en una forma de militancia que trascienda las pautas ya conocidas. Inventemos o erramos.

Kusch insiste:
“Realmente, ¿cuándo comprenderemos que la clave no está en arreglar a América, sino en someternos a ella y adquirir el plan de vida que le es implícito? Claro que para ello será preciso que recobremos una idea más profunda del hombre, y no continuemos en este juego gratuito de repetir, marxistas y democráticos, los preconceptos de una cultura burguesa occidental, como si estuviéramos dando la lección prolijamente en la escuela.
Es que tenemos un profundo miedo de apartarnos del gran plan. Del otro lado siempre se da el demonio, algo así como la anti-materia en física, algo que nos pudiera hacer zozobrar y que denominamos, un poco tapándonos las narices: peronismo, “cabecitas negras”, montonera, indios, villas miseria, lumpen o lo que fuera. Pero todo ello no es otra cosa que algo que no cumple el plan, sólo porque tiene ya el suyo propio.
Porque, ¿qué pasaría si aceptáramos sin más eso que América trae consigo en su plan en materia política o económica? Ya dijimos que lo peculiar de América, eso que yace en lo más hondo de ella, es su profundo estar, algo así como un dejarse estar, eso mismo que se traduce en Bolivia o en Perú o en el Norte argentino como una imposibilidad de darles a esos países o a esa zona la fisonomía liberal y democrática que toda nación correcta, creemos, debe tener hoy en día. Y nosotros estamos en un ritmo opuesto, una especie de ser alguien competitivo y creador que nos lleva precisamente a disfrutar de los beneficios del siglo XX.

Y es más. Ese mero estar de América implica soluciones políticas y económicas contrarias, como comunidad, y economía del amparo en oposición a una economía liberal del desamparo; además, una libertad que sólo se concreta al hecho moral de optar por el bien o el mal, y esa profunda escasez que apunta hacia una ausencia de la propiedad, o más bien, a una indiferencia por parte del indio o del campesino mestizo de lograrla con su propio esfuerzo.
¿Y vamos a asumir esa característica y hacerla propia? ¿Quién sacrificaría sin más eso de que está hecho en la gran ciudad y sustituye la sociedad civil, en la cual todos hacen lo que quieren y pueden guiarse por sus propios intereses, por la comunidad en la cual todo está reglamentado? ¿Quién reemplaza además el individuo por la totalidad, la libertad de tener propiedades por la libertad moral, la inteligencia por la simple fe?

Razones de historia y además ese afán de sentirse cómodo en medio de sus categorías ya adquiridas y defendidas por todos, lo impiden. Acaso, ¿quién nos saca la convicción de que estamos usufructuando la máxima expresión de la vida, la más confortable y la más inteligente en la evolución de la humanidad?”(4)

Básicamente, el peronismo en nuestra ciudad se encuentra en una disyuntiva:  consolidarse como un bastión de la cadena liberal del sentido común dominante (junto con el Frente Progresista Cívico y Social de la intendenta Mónica Fein, los radicales de Boasso, Schmuck, Rossua, y el PRO  de Lopez Molina y compañía), o deja salir su barbarie, su sentido de pertenencia, aquél subsuelo de la patria sublevado que se convierte en hecho maldito del país burgués, construyendo poder popular para llegar a comandar los resortes del Estado a través del reverso de la ciudad naranja: las comunidades que integramos los barrios.
A modo de conclusión de este escrito, Rodolfo Kusch vuelve, una y otra vez, a invitarnos a la reflexión en torno al movimiento peronista que queremos afianzar desde sus raíces: “la historia argentina para una clase media apenas comienza con el gobierno de Yrigoyen, porque con él asciende al poder, luego pasa al llano con la reacción y es desmembrada durante la época de Perón, quien le frustra su afán de convertirse en clase dirigente.”(5)

El peronismo tiene un lenguaje herético cultural, que incomoda, que viene a romper con las líneas liberales del Estado, el pueblo, la vida en comunidad, la democracia, etc. El peronismo le saca una ventaja importante a otros discursos supuestamente combativos (como la izquierda), ya que el peronismo es praxis: disputa poder real con la clase dominante, ya que tiene la acumulación de fuerza para hacerlo. Rosario no aguanta más y nosotros, las fuerzas populares, diseminados en muchos puños que no golpean juntos contra el enemigo histórico en nuestra zona. Ha llegado el momento de la unidad más allá de las organizaciones políticas y que el peronismo trascienda, en nuestra ciudad, como un elemento cultural que rompa con la destrucción social a la que nos está llevando el Frente Progresista Cívico y Social. Las respuestas, como siempre, se encuentran en nuestro valiente pueblo, reserva moral de la Patria.

Notas
1)      Kusch, Rodolfo, Obras Completas volumen I (Rosario, Santa Fe), 2007, pp. 314.
2)      ibid, pp. 314.
3)      Ibid, pp 315-316.
4)      Ibid, pp 316-317.
5)      Ibid, pp 307.

jueves, 21 de agosto de 2014

Hablemos de violencia


El Domingo Cavallo que publicó recientemente el libro “Camino a la estabilidad. Cómo derrotar a la inflación para avanzar hacia el desarrollo económico y el progreso social” es el mismo Domingo Cavallo que en los noventas firmó la entrega del Estado de manera lapidaria y definitiva, que ponía fin a cualquier política de avance social que había realizado efectivamente el peronismo a lo largo de su historia. El Consenso de Washington puso nombre y apellido al desguace de la Nación en su conjunto. La traición, la dependencia y el cipayismo salvaje rifaban las empresas públicas para privatizar las telecomunicaciones, el ferrocarril, multimedios de comunicación, el correo, entre tantas otras, y lo que era de todos, los derechos sociales, se volvían mercancía en manos de unos pocos empresarios mercenarios que engordaban sus bolsillos a costa del hambre y el desempleo del pueblo argentino.

 Millones de compatriotas se unían al piquete para hacer saber que la resistencia al neoliberalismo podía oler a caucho quemado. De norte a sur, a lo largo del país, el movimiento piquetero y de desocupados se organizaba, con sus métodos de luchas disponibles, artesanales muchas veces, pero con un recorrido histórico tras sus espaldas. Fue Norma Pla la chispa que encendió la pradera. Nuestra generación, jóvenes que llegamos a realizar nuestra vida en aquél entonces y recuperamos la ilusión con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, veíamos llegar derrotados a nuestros padres cada noche, que se sentaban a la mesa con el fracaso y la desesperanza colgando de su espalda, de aquella espalda de laburantes que años antes sostenía una mochila con una muda de ropa de trabajo, un jabón, una toalla, y era su compañera ante cualquier imprevisto en la fábrica. Las jornadas de laburo arrancaban temprano, por eso salía el viejo a las 5 y media para entrar a las 7 los días que la moto se rompía o llovía. Somos los hijos de la década perdida. Somos los constructores y guardianes de esta década ganada. Seremos los combatientes de las próximas décadas por ganar, para seguir iluminando el camino hacia la liberación definitiva de esta Patria, sin buitres, sin cadenas imperialistas, pero somos conscientes que es una lucha a largo plazo. Puede haber cansancio y desgaste, pero hay que recuperarse rápido para defender al país contra los hijos de puta de adentro y de afuera. Si de algo estamos seguros es que los hijos de puta no tienen patria.

Hablemos de violencia. Ayer, al llegar a mi casa luego del trabajo, me topé con la noticia: le habían arrojado huevos a Domingo Cavallo, el mismo Domingo Cavallo que recortó los aportes jubilatorios un 13 por ciento a nuestros abuelos y autor del megacanje y el corralito del 2001, el mismo cínico que lloró ante Norma Pla y que se arrodillo frente al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El mismo vendepatria que regaló nuestra soberanía frente al imperio norteamericano, que vació la industria como lo hiciera el finado ministro de economía de la Dictadura del 76, Martínez de Hoz. El mismo que se encuentra procesado junto a Carlos Menem por la venta irregular de predios públicos (Plaza Salvador María del Carril de Retiro y el predio ferial de Palermo a la Sociedad Rural Argentina). Ese es Domingo Cavallo, el que se pavonea por los canales de televisión para vender su libro, pero intenta hacer mucho más que eso: el fantasma de Cavallo es un espectro vivo que busca retroalimentar el lobby multimediático cultural de la derecha neoliberal rancia, racista, homofóbica, xenófoba y misógina que quiere volver a conducir los resortes del Estado para aplicar su política económica de miseria planificada, un nuevo genocidio económico, como bien relatara Rodolfo Walsh en su gran “Carta de un Escritor a la junta militar”. Domingo Cavallo representa ese proyecto de país de una patria chica sarmientina, alambrada tras un cerco custodiada por un milico y llenando de olor a bosta todo a su alrededor. Sabemos de qué lado están. Tenemos conciencia de que lado estamos. Los más “correctos”, pseudo intelectuales orgánicos de la derecha y algunos malos personajes mediáticos de televisión trasnochada de domingo le llaman “la grieta”. Nosotros,  desde esta trinchera popular, le decimos lucha por la liberación nacional, porque queremos ser libres, soberanos y justos, y no podemos serlo si ellos manejan el sentido común dominante. ¿Ahora entendés nuestra batalla cultural? ¿Ahora entendés cual es nuestro proyecto de Patria Grande, ligada a los intereses de las mayorías populares democráticas? ¿Podés seguir pensando que un par de gritos y huevos a Domingo Cavallo es violencia? La manipulación de los multimedios es moneda corriente en un país que tiene sus estructuras culturales aferradas como uñas de gárgolas sobre los techos de las instituciones liberales burguesas.  Los guardianes del statu quo no quieren perder sus privilegios, y nosotros queremos la felicidad de nuestro pueblo. Por eso nos odian. Por eso nos proscribieron 18 años. Por eso bombardearon la Casa de Gobierno para asesinar a Perón y masacraron a 400 compatriotas. Por eso nos persiguieron, nos fusilaron, nos torturaron, nos desaparecieron, nos cagaron de hambre, nos sometieron a la vergüenza de pisarnos la cabeza y ver a familias destruidas, sin casa, sin trabajo. Nos mataron una y otra vez. Pero para estos escribas y cagatintas del imperio, aquello no fue violento. No hay consenso posible entre opresores y oprimidos.
La violencia que produjo Domingo Cavallo en los noventas fue destructiva, inhumana, y dejó millones de personas en la calle mientras otros millones de dólares se fugaban a paraísos fiscales. Hablar de violencia, cuando este buitre local recitaba la doctrina neoliberal del Consenso de Washington que puso al mercado por encima de todos los argentinos, es una falta de respeto a la a nuestra inteligencia, de las mayorías que creemos en un destino común de Patria latinoamericana, con desarrollo industrial inclusivo, generando más y mejor empleo, y poniendo el capital al servicio del hombre, dignificando en cada política pública a cada niño, niña, madre, padre, abuelo, abuela, y democratizando los espacios de realización colectiva de una vez y para siempre. La violencia, o aquello que los multimedios concentrados dicen que es violento, no es tal. La violencia es la fuerza opresora que utilizan estos grupos económicos para desarticular el Estado y dejarnos sin defensas frente a los poderes monopólicos. Los gritos, huevos y escraches a tipos como Domingo Cavallo, manos al servicio del capital financiero, no son graves. Son las muestras cabales del repudio que genera la violencia histórica de las políticas de ajuste que estos cipayos representan y las consecuencias que aún hoy seguimos pagando. A donde vayan, los iremos a buscar, dice el cantito popular. De eso pueden estar seguros.

lunes, 18 de agosto de 2014

Aguafuertes Peronistas


 
El estilo de crónica que tuvieron las “Aguafuertes porteñas” del magnífico Roberto Arlt, héroe literario nacional de los años 30, permitieron a su autor desarrollar un lenguaje dinámico, divertido, punzante e irónico que ilustraba el paisaje de época de una Buenos Aires en donde lo viejo no terminaba de morir y lo nuevo tenía dificultades para nacer. En el momento actual, donde los referentes reciclados de la politiquería local hacen cola en los multimedios de comunicación para mendigar minutos en cámara, siempre listos para lanzar alguna fórmula electoral desempolvada antes de tiempo para poder ser negociada en mejores condiciones en alguna mesa chica con “los mismos de siempre” bajo las mismas lógicas de siempre,  las aguafuertes, reconfiguradas como herramienta de reflexión, se vuelven una necesidad fundamental para interpretar la compleja realidad del peronismo y sus sentidos.
Rosario, que en su momento fue bautizada como “la capital del peronismo”, hoy se encuentra ensombrecida, con sus barrios sufriendo la desidia de un gobierno municipal que no hace eje en el bienestar del pueblo, sino todo lo contrario, otorgando una mano amistosa –y no invisible- a los mercados, que encuentran su referencia máxima en los dictados de la Fundación Libertad, eje neoliberal a nivel mundial que encuentra sitio en nuestra ciudad. Si, vaya paradoja: la cuna de la derecha orgánica más rancia está concentrada en la Rosario que se vuelve, día a día, de un color naranja desteñido.

El Frente Progresista Cívico y Social, partido gobernante del municipio, se encuentra en un laberinto muy difícil de superar:  o realiza mayores controles a las grandes empresas que concentran la economía, haciendo que estás paguen más a través de una reforma impositiva, e intenta democratizar el acceso de las mayorías a los derechos sociales (el agua para todos los ciudadanos, por ejemplo), o continuará profundizándose la brecha de desigualdades que golpea a los rosarinos, entre la periferia que se expande hacia las rutas y se hace a un costado, y un modelo económico que depende del puerto y de la concentración inmobiliaria. La disputa política en Rosario, a grandes líneas, es democratización o especulación. El peso que ha tenido lo privado en las decisiones del Concejo también es notorio. No podemos seguir discutiendo en los márgenes de una ciudad exclusiva para unos pocos.

En ese contexto, debemos analizar el accionar del peronismo, o de aquellos que se dicen peronistas. Muy poco han hecho los representantes institucionales actuales del peronismo para poner fin al programa de gobierno del Frente Progresista. Se suman denuncias y pedidos de informe sobre la gestión, pero no se avanza en una estrategia real que busque una identidad con los barrios. Muchos de los referentes del peronismo –tanto kirchneristas como no kirchneristas- presumen de lo que carecen: una intención real de transformarse en alternativa de cambio al gobierno municipal. Esto, sin embargo, es muy preocupante ya que se asoma como principal partido de recambio el PRO. De Guatemala a Guatepeor.  
El peronismo de nuestra ciudad no tiene un proyecto de unidad que gire en torno a las bases –tanto militantes sindicales, barriales y universitarias- para poder desarrollar un proyecto político con perspectiva histórica que dispute el sentido común del liberalismo que está gobernando Rosario, y escasea de una estrategia de poder popular a largo plazo que le permita conseguir un amplio apoyo en sectores sociales que hoy por hoy dudan entre el reutemismo massista o el PRO. Si el peronismo se encuentra en esta situación es por errores históricos y por reproducciones de lógicas pasadas en la militancia actual. Sin la necesidad de dar nombres, al menos por ahora, muchos de los lectores deben darse cuenta a quienes hacemos referencia. Que sirvan estas líneas, que no son para nada neutrales, como un aporte para conseguir una nueva construcción peronista desde las bases que busque articular con la comunidad y otras expresiones ideológicas que tengan como horizonte la realización efectiva de la Patria Grande, justa, libre y soberana.

Hacernos cargo de los personajes que levantan las banderas del peronismo pero que usufructúan su doctrina en detrimento de los sectores populares y emprender una lucha antiburocrática contra ellos por la subjetividad del peronismo es también asumir las contradicciones internas, porque son ellos los que encarnan a su vez intereses ajenos a la ética peronista y se encolumnan tras las banderas del individualismo corporativista. En definitiva, la clase política solo busca sobrevivir en un mundo de egoísmos y posibilismos varios, conformando castas sin representación real ni legitimación colectiva. Es nuestro deber como militantes proponer otras representaciones que surjan del corazón profundo de nuestro pueblo. Que sean sus hijos pobres y vilipendiados los que levanten sobre la faz de la tierra la gloriosa Nación.
 
Imagen obtenida del blog Utinhumor

lunes, 21 de julio de 2014

El kirchnerismo en Rosario: posibilidades y limitaciones del frentismo peronista desde las bases militantes


Vislumbrar un horizonte de unidad política de las organizaciones kirchneristas es el objeto de este escrito que, como muchos otros, son redactados al calor de la militancia diaria comprometida en lograr puntos de acercamiento entre compañeros. Nadie actúa (ya sea en política, en literatura, en los distintos tipos de arte, en la ciencia, como también en la vida) desde una presunta neutralidad, constantemente estamos eligiendo entre una opción u otra, no hay posibilidades de ampararse en una cómoda nube de algodón, abstracta en sí misma, como tampoco podemos observar sentados desde lo más alto de la torre de marfil: como argentinos, debemos participar activamente de la resolución de las contradicciones  y los conflictos que nos atraviesan como pueblo, y la militancia cumple un rol organizativo, dinámico y propositivo para empujar el proyecto histórico nacional-popular hacia adelante, a paso firme y ser la punta de lanza de la defensa del Estado en la comunidad.

Reflexionar en torno a las posibilidades y limitaciones que tiene una propuesta frentista desde las bases militantes ordena la discusión en dos ejes que vamos a desarrollar aquí: por un lado, consolidar los peldaños necesarios para construir un horizonte que ponga la unidad por encima de las realidades internas de las organizaciones políticas, y a su vez, avanzar en un contexto en dónde cada agrupación se nutra en gran cantidad de militantes de los barrios de nuestra ciudad, que oxigenen los frentes y secretarías que constituyen la orgánica, como así también los lugares de representación o referencia en los liderazgos. Esta premisa está basada en la lógica peronista que nos grabó a fuego Juan Domingo Perón: nadie se realiza en un contexto dónde el proceso de ampliación del sustento popular se estanca.

Debemos pensar con una cabeza en doble sentido, para poder concentrar nuestras energías en originar una correlación de fuerza positiva, con nuestra identidad y la proyección planificada en mesas horizontales, que pueda torcer el rumbo de un peronismo santafesino que parece recostarse sobre figuras nefastas de una casta política que no ha cambiado en 30 años. Será este nuestro rol, como jóvenes y políticos, ofrecer una alternativa leal al sentimiento peronista, pero que no excluya otras ideologías o hundirnos en un inmundo macartismo, sino poner lo mejor de nuestra práctica y doctrina al servicio de un gran Frente Nacional y Popular que continúe derrotando al enemigo principal, que es la neo-derecha cultural multimediática, aquí en nuestra ciudad representada en grupos empresarios que especulan con la vivienda y la tierra, expulsando de la zona urbana a comunidades enteras hacia la circunvalación, y que encuentran eco en la prédica del Frente Progresista Cívico y Social (el partido gobernante) y el Pro, que se presenta como relevo de la farsa socialdemócrata para 2015, lo cual es una vergüenza, ya que devela una falla profunda como movimiento justicialista debido a la declinación de la dirigencia y a años de pactos con los gobiernos de turno, solamente para sobrevivir a cargos y a minúsculas cuotas de poder efímero. No es ese el peronismo que nos representa. Encontraremos el rumbo del peronismo raigal en la acción-reflexión con nuestro pueblo, vinculándonos con la vida en comunidad, ahí estará nuestro mayor aprendizaje político y el que nos dará las mejores herramientas para enfrentar al discurso dominante de la mezquindad y el "sálvese quien pueda".

De otra manera, el segundo eje que abordaremos en este texto es la proyección a futuro que debe tener un trabajo de estas características, tan complicado en un principio, transformando las contradicciones en tensiones creativas que nos permitan un desenvolvimiento continuo y teniendo la certeza de un final incierto, desconocido, pero que nos deberá encontrar en las mejores condiciones de unidad y organización para derrotar a la derecha. Nadie, y el peronismo puede darnos muchas pruebas de esto, firma un cheque en blanco en torno a la unidad. Todo tipo de unidad es una construcción política, con sus plazos cortos, medianos y de largo alcance. Como generación formada en el hito de la década ganada (2003-2013), debemos reinterpretar los llamados a integrar frentes que nuclean a la militancia (como es el caso de Unidos y Organizados, una experiencia contemporánea que tiene falencias para convertirse en un punto de quiebre y refundación de nuevas prácticas políticas), de forma que nos invite a imaginar nuevos horizontes, creando instancias para llegar a consensos basados en la imperiosa necesidad de articular con las bases sindicales, los trabajadores informales, los trabajadores rurales, los pueblos-originarios y, en nuestra región, con la comunidad barrial, nuestros vecinos. Esos son los actores sociales que le dan sentido a la conformación de identidad desde las bases peronistas para la construcción de poder popular, con un trabajo sostenido y profundo, avanzando en los delineamientos de una agenda común que retome las principales reivindicaciones de los barrios olvidados de nuestra ciudad.

No nos interesa cualquier tipo de unidad porque sí. La victoria de nuestro pueblo solo puede obtenerse con este sector social en el poder, es decir, con la conducción de los resortes públicos para transformar el Estado neo-conservador en Estado de Plena Justicia Social. El empoderamiento de las clases populares debe darse desde la conciencia, que nunca es impartida, sino que se comparte en un ida y vuelta de la vida en comunidad, sintetizando identidades comunes y basada en valores solidarios profundos. Sólo así lograremos realizarnos como una propuesta frentista peronista desde las bases organizadas, que busque ampliar el apoyo político a un proyecto histórico de raíces nacionales, democráticas e inclusivas, que discipline y derrote a la derecha neoliberal y la supedite a los dictados éticos del nuevo orden social justo que habremos de conseguir, y que logre como único motor la felicidad del pueblo y su realización efectiva, de una vez y para siempre.   

miércoles, 18 de junio de 2014

El pensamiento de John William Cooke: Los seis ejes estructurales (II)



3) Los trabajadores y la lucha de clases

Este es uno de los ejes más interesantes en los que interviene John William Cooke, especialmente porque los trabajadores representaron la militancia activa del movimiento peronista durante los 10 años de gobierno y, en los duros tiempos de la resistencia, continuaron siendo la base de apoyo del líder exiliado, desatando todo su potencial como sector social dispuesto a dar la vida por Perón como reivindicación nacional. Luego, a fines de los 60 y principios de los 70 sería el momento de mayor agitación política en pos de la construcción del socialismo nacional, encontrando en la CGT de los Argentinos y en las figuras de Agustín Tosco y Raimundo Ongaro sus máximos exponentes clasistas que se animaban a ir por más, enfrentando a las conducciones burocráticas de otros sindicatos que planteaban el "peronismo sin Perón" acordando con las dictaduras de turno.

Sin embargo, Cooke problematiza con esta fuerza social, a la que considera revolucionaria, dentro de los márgenes del desenvolvimiento de la lucha de clases, pero no a cualquier precio de teorías dogmáticas y sin hacer imposiciones mecanicistas de un país a otro, sino analizando esta lucha de clases dentro de la realidad de nuestro país. Frente a los dirigentes burocráticos que ensayaban sus sonrisas frente al espejo y entonaban la marcha de la represión y el anticomunismo, el Bebe se despacha diciéndoles que "la lucha de clases no es un problema de sentimientos ni de ideas, es algo concreto, resultante de la estructura económica. Por lo tanto, querer solucionar los problemas de ella derivados por medio de fórmulas conciliadoras es creer en la magia negra y ser tan reaccionario como los que niegan su existencia."

De esta cita podemos extraer que, aquellos que hacían causa común con los opresores del pueblo a través de pactos económicos y practicaban un macartismo retórico que luego se convertiría en un macartismo criminal (recordemos el funcionamiento de la AAA, la Alianza Anticomunista Argentina), automáticamente se ponían enfrente de esta corriente revolucionaria que planteaba el socialismo nacional como construcción histórica en la que el Movimiento Obrero Organizado tuviera un rol protagónico en las decisiones del Estado, quebrando la hegemonía económica que siempre estuvo inclinada hacia la oligarquía y el imperialismo. También, a casi 60 años de aquellas luchas, podemos reflexionar desde nuestro tiempo histórico -para no volver a cometer errores de la misma índole- si no se trato únicamente de sectores medios, universitarios, católicos algunos, burgueses otros, provenientes de familias antiperonistas, que intentaron integrar el Movimiento Nacional, pero muchas veces sus propios intereses entraron en contradicción con los del resto de las fuerzas sociales que integraban el frente político. Estas pocas certezas (que en definitiva son opiniones propias), no hacen más que invitar a la discusión fraterna y colectiva para repensar prácticas políticas y que el reloj de la historia no se detenga nuevamente.

Retomando, en el mismo artículo que mencionamos anteriormente, Ernesto Goldar sostiene que "el pensamiento cookiano destaca a la lucha de clases como el motor de la historia nacional, conflicto en el que los peronistas duros deben participar conscientemente". Es la lucha de clases, sin lugar a dudas, un concepto central para pensar el desarrollo de una política revolucionaria, con sus métodos, sus tácticas, y por sobre todas las cosas, la estrategia que permita establecer los aliados y los enemigos en ese combate por la liberación nacional. Cooke remata diciendo "al analizar el papel de la clase trabajadora en el Frente de Liberación, debe partirse del hecho concreto de que la lucha de clases existe y no se trata, como sostiene la reacción, de un invento comunista. El marxismo ha analizado el problema, pero no lo ha creado, porque la lucha de clases no es una teoría, sino un hecho."

4) El peronismo como hecho maldito del país burgués

En 1952, luego de la muerte de Evita, "las contradicciones ya no se dieron tajantamente entre dos frentes tal  como se constituyen en 1945, sino también en el seno del peronismo entre el ejército, partidario de la industrialización pero no de la política social demasiado avanzada, y la clase obrera, que al fortalecerse tendía a radicalizar al movimiento, entre la burguesía, que había progresado con el régimen y ahora deseaba aumentar las cuotas de plusvalía y buscar acuerdos con el imperialismo, y el proletariado que defendía su salario y las tendencias progresistas de nuestro movimiento; entre los burócratas, que trataban de "consolidar las conquistas", y la corriente popular, que se oponía a la pérdida de la dinámica renovadora.". Aquí John William Cooke no hace más que identificar las distintas contradicciones que se produjeron en el seno del peronismo, un movimiento endemoniado que contiene una potencia revolucionaria que pervive hasta el día de hoy, y también guarda su peor reverso, como un huevo de serpiente colocado en las entrañas mismas del peronismo, esperando las condiciones favorables para reagruparse, aliarse con los enemigos principales y vaciar de contenido a la experiencia político-cultural del pueblo argentino. Es por esto que el peronismo es un hecho maldito, porque no encaja en las estructuras del mero partidismo, ni hace acuerdos con los grupos económicos ni con la clase dirigente, ni se entrega de brazos cruzados a los mandatos del imperialismo, sino que ha generado su propio proyecto económico y sostiene a la Tercera Posición como bandera de unidad nacional, latinoamericana y mundial con los pueblos que luchan por su liberación.

Cooke, a través del método de análisis del Peronismo Crítico y la constante utilización de conceptos marxistas, le dará importancia nuclear a la preponderancia del sistema de producción agro-capitalista concentrado en el que se desarrollaba el modelo de la patria chica sarmientina, y que atraviesa toda la historia argentina hasta nuestros días: "esas peculiaridades de nuestro desenvolvimiento económico, deben tenerse en cuenta para comprender nuestra ambigüedad, la forma de alineamiento de nuestras clases sociales y el factor esencial de la realidad política argentina: el peronismo."



lunes, 16 de junio de 2014

El pensamiento de John William Cooke: los seis ejes estructurales (I)


1) La cuestión nacional

Para ampliar la comprensión de la contradicción histórica principal, es menester consultar un texto poco conocido de John William Cooke que se encuentra en el Cuaderno de la revista Crisis número 5, que a su vez es una reproducción fragmentaria de una conferencia del Bebe pronunciada en la C.U.A. en 1946, en pleno estado de ebullición político-cultural en nuestro país. Dicho texto se titula "Geopolítica argentina", y aporta elementos reflexivos para entender la dominación estructural de la economía a través de la organización de los Estados liberales, con sus transportes de carga, grandes concentraciones de tierras en pocas manos y una ciudad-puerto que oficiaba de barrera de contención para el desarrollo de una economía nacional, contando con la oligarquía como clase hegemónica y atada a los mercados mundiales y a Gran Bretaña especialmente: "existe un principio geopolítico por el que se determina que la situación geovial constituye un fuerte poder político para el país capaz de mantenerse independiente, trayendo en cambio, la dependencia económica a un país que no quiera o no pueda protegerse del lucrativo comercio intermediario, conquistado por un imperialismo. Los puertos marítimos de una densa red de ríos navegables o puntos terminales de todas las comunicaciones y transportes del país, no necesitan gran poder político para prosperar; por ello, casi todos se dedican a sus lucrativas tareas económicas, sin preocuparse de construir los cimientos de un poder político nacional, atentos sólo a la consecución de su propio bienestar y desatendiéndose del resto del país." Apreciamos, de esta manera, la utilización de las herramientas que otorga la geografía en clave política para reflexionar sobre la conformación del Estado argentino luego de la Revolución de Mayo de 1810, que se mantuvo en disputa a sangre y fuego durante los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, enfrentando este a la aristocracia del dinero (como bien los señalaba Manuel Dorrego), y que fue lograda durante la parte final del Siglo XIX, con los gobiernos liberales de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y el General Julio Roca, donde se consolidó la victoria terrateniente y el proceso de acumulación originaria del capital concentrado en nuestro país.

Durante su liderazgo de los grupos peronistas que encaraban la resistencia obrera en el año 1955, Cooke entroncó su práctica política en múltiples caracteres: formador de militantes, relevante teórico e intelectual orgánico, principal eje vertebrador entre el conductor exiliado y las bases, y, el más importante de todos y con expreso consentimiento de Juan Domingo Perón: representante del General "en todo acto o acción política. En este concepto su decisión será mi decisión y su palabra la mía.", e incluso se atrevía a ir más allá, designándolo como delegado del movimiento en caso de fallecer. Durante los años de la resistencia, John ocupará un rol central en la planificación de los métodos de lucha e irá construyendo una red de militancia dispuesta a sacrificarse para el retorno de Perón y construir la nueva sociedad justa, libre y soberana. Obviamente, no estuvo solo y ninguna de estas grades empresas puede realizarse individualmente, pero siempre sobresalió como cabeza pensante y organizadora que bajaba conceptos y líneas de trabajo para los grupos peronistas que actuaban en el terreno práctico de la intransigencia. Por aquél entonces, en el año 1957, Cooke interpelaba a los trabajadores argentinos diciéndoles que "el futuro nacional depende de la superación de la contradicción económica, política y social entre la entidad Nación-pueblo y la unidad oligárquico-imperialista. Esta contradicción, en el orden económico, se manifiesta en las exigencias -cada ciclo crecientes- del desarrollo industrial y por las posibilidades -cada ciclo decrecientes- de una economía agropecuaria desarrollada para servir los intereses de la entente formada por el grupo de monopolistas de la tierra (explotadores de la renta e invernadores de la Provincia de Buenos Aires, y la llamada zona cerealera), el comercio importador de capital, los grupos industrializadores de la carne y Gran Bretaña." La visualización del enemigo es vital para delimitar los avances y retrocesos de la lucha política hacia la consagración del objetivo final: la liberación nacional y la revolución social.

El bloque oligárquico-imperial se mantiene en base a un mito fundante, que es el liberalismo, y que ha sido originado por el principal exponente de la Patria Chica (Domingo Faustino Sarmiento), como así también por su estratega político (Bartolomé Mitre) y el general genocida que co-gobernó con la Sociedad Rural (Julio Roca). Este mito fundante quiere hacer creer que la Argentina es solo un modelo agro-exportador, sin industrias, sin desarrollo de las economías regionales, y que solo los empréstitos con los factores de poder financieros a nivel mundial pueden transformarnos en la "gallina de los huevos de oro". Sin embargo, es justamente un mito porque el progreso de nuestro país no está vinculado a los grandes centros de poder, sino en la realización de una economía nacional que sea representativa de un Estado fuerte y que desarrolle los recursos estratégicos, como el petróleo, para industrializar el país, dinamizar la agricultura y potenciar un intercambio entre el campo y la ciudad de una manera más humana y menos especulativa. Este mito vive y pervive en la medida que "la oligarquía intenta distraer la atención del pueblo de ese núcleo central de la problemática americana, ya sea negando la existencia del imperialismo, ya sea superponiéndole otros que, con la ayuda de la maquinaria de propaganda, presenta como más urgente o fundamentales." La construcción de una agenda propia de los sectores populares, con sus reivindicaciones, conquistas sociales y derechos es la vía política para continuar profundizando la lucha contra la concentración de la economía.

2) El Frente de Liberación

"En la Argentina el advenimiento del peronismo no solamente significó mayores salarios visibles e invisibles, mejores condiciones de trabajo, sino también una transferencia del poder social hacia los grupos inferiores de la escala social capitalista."
(John William Cooke en "La lucha por la liberación nacional")

La constitución del Frente de Liberación es vital, en el cual el peronismo ocupa un rol protagónico sin lugar a dudas. Ernesto Goldar asegura que el peronismo revolucionario del Bebe se basaba en la clase obrera como clase hegemónica (más que nada en la correlación de fuerzas hacia el resto de las clases y no tanto en poner en crisis la conducción de Juan Domingo Perón, sino que Cooke hablaba de crear las condiciones revolucionarias para la transformación de la sociedad). El peronismo, al ser un movimiento nacional, popular y democrático surgido por la propia realidad del país, como bloque histórico representante de la Nación-Pueblo, es también el bastión principal por el cual se funden las fuerzas de avanzada que intervienen en la lucha por la liberación en la Argentina.

El propio John William Cooke se encarga de sintetizar en una frase cargada de argumentos solidos los distintos actores socio-políticos que intervienen en esta batalla por el sentido histórico de nuestra Nación, y también polemiza con el marxismo ortodoxo: "el estadio económico de nuestro país rechaza como utópica la solución de la dictadura del proletariado. Reducirse a la clase trabajadora sería asegurar la derrota del Frente de Liberación, reducirlo y parcializarlo en concesión a planteos teóricos o a infantilismos revolucionarios. Los trabajadores del campo, los estudiantes, la pequeña burguesía, parte de la burguesía industrial no dependiente del imperialismo son parte del frente de liberación. El proletariado tendrá papel fundamental como clase combativa y cohesionada, será el eje sobre el cual se apoyarán todas las fuerzas nacionales, la primera avanzada y el último baluarte de las reivindicaciones nacionales."

La dinámica que adquiere el Frente de Liberación Nacional, con todos los sectores sociales que enuncia Cooke en el párrafo anterior, es esencial para organizar las fuerzas populares en su lucha contra las estructuras de la dependencia (medios de comunicación, historia oficial, grupos económicos, ejércitos clasistas) que sostienen al bloque oligárquico-imperialista, y el contenido de esa batalla por la liberación será, "por su esencia, humanista, porque entronca con las más puras tradiciones de la Patria, porque concibe a la Nación y Latinoamérica viviendo en total soberanía y porque concibe un hombre libre en una tierra libre." (John William Cooke en "La lucha por la liberación nacional)

jueves, 12 de junio de 2014

El pensamiento de John William Cooke: los conceptos claves para la militancia


Los conceptos claves

A su vez, John William Cooke concentra sus energías militantes a través del desarrollo de conceptos claves para la militancia de su tiempo y que, entendidas en el contexto en el que fueron escritas, aún mantienen vigencia en la medida que la gran contradicción histórica de nuestro país (la Nación-Pueblo contra la Oligarquía-Imperialismo), no ha sido resuelta. Este es el primer concepto clave que iniciará el análisis. La cuestión nacional se torna central para comprender que, en propias palabras de Cooke, "todo planteo para la lucha debe partir del conocimiento de nuestra situación de país semicolonial, integrante de un continente semicolonial."

El segundo concepto cookista es la formulación de una política revolucionaria, que él la entendía -y aún lo sigue siendo- debía pasar por la conformación de un gran Frente de Liberación Nacional, sosteniendo que este "no constituye "una superación del peronismo. Por el contrario, el peronismo es parte insustituible y fundamental del movimiento."

En tercer lugar, Cooke asegura que la liberación nacional es un hecho continental, es decir, estamos atravesados por una contradicción común latinoamericana. Para comprender el sentido de esa batalla en unidad con el resto de los movimientos de liberación en el continente, antes debemos tener en cuenta que "cualquier política de liberación debe ser, por sobre todo, antiimperialista. La oligarquía nativa es un subproducto que solamente será eliminado cuando se liquide la influencia del imperialismo. La lucha, entonces, es de liberación nacional, para liberar al país y alcanzar su triunfo definitivo en el momento, aún lejano, en que América Latina constituya una unidad real y libre de la opresión de los grandes centros cíclicos."

En el mismo orden de cosas, la división entre países opresores y países oprimidos actualiza la doctrina marxista en los 70 en esos dos campos de acción, conformando una contradicción mundial propia del desarrollo del capitalismo en el momento inicial de la entrada en su fase neoliberal. Cooke sintetizaba esta idea de la siguiente manera: "los pueblos han alcanzado ya un alto grado de madurez y saben que la única división mundial auténtica de este siglo es la de países oprimidos y países opresores."

El quinto punto de eje estructural es la idea del antiimperialismo práctico, es decir, entender al peronismo como  el actor político que "planteó, por primera vez, la posibilidad de un antiimperialismo práctico, desarrollado en medidas concretas, que comprendían un sistema defensivo. Al antiimperialismo romántico y teórico en que tuvo que refugiarse la generación precursora de (Manuel) Ugarte, y al antiimperialismo parcial, inorgánico, sentimental de (Hipólito) Yrigoyen, siguen un antiimperialismo práctico y formando parte de un sistema coherente apoyado en las masas desposeídas (...) El antiimperialismo posterior a 1945 no solamente fue la primera realización amplia en el terreno práctico, sino que terminó con  la servidumbre intelectual."

Continuando con el análisis, el sexto concepto de Cooke es el de la delimitación del enemigo histórico real: el imperialismo, "que actúa a través de la oligarquía nativa y de los engranajes políticos, económicos y culturales a su servicio. En primer plano aparecen indisolublemente unidas, la cuestión nacional y la cuestión social. Una no puede resolverse sin la otra."

En séptimo lugar, podemos ubicar a la intención del Bebe de reflexionar en torno al peronismo y su dinámica revolucionaria: "En 1945, Perón dijo: "empieza el gobierno de las masas populares". El sabe , mejor que nadie, que la vigencia del movimiento está dada no por el apego a fórmulas cristalizadas en un período dado, sino en su dinámica revolucionaria, que lo afirma como movimiento nacional-libertador."

Con una fuerte influencia de la Revolución Cubana y el conocimiento de otras experiencias de origen marxista (como por ejemplo China), John William Cooke incorpora conceptos que provienen de ese paradigma, pero a través de un análisis concreto de las fuerzas sociales que intervienen en nuestro país y en la realidad política latinoamericana (ya habíamos dicho anteriormente que hay una contradicción común a nivel continental). Es así que utiliza el sentido de la lucha de clases aplicada al peronismo. En esa línea argumentativa dirá que "hay que ir a la modificación de la estructura que provoca la lucha de clases y la opresión de la clase proletarizada. Esto no es un planteo comunista, sino un planteo real del problema nacional."

En octavo lugar debemos mencionar a uno de los conceptos políticos más claros y recordados de él, que es el peronismo como hecho maldito del país burgués. Este es quizás el más rico de todos, porque aclara cual es el rol del peronismo en la lucha contra las fuerzas de la antipatria y lo coloca al frente del proceso de liberación nacional: "El "falso dilema" (peronismo-antiperonismo) no es entre partidos políticos sino entre fuerzas sociales. Con la supresión del peronismo se liquida la voz de las fuerzas del proletariado y demás sectores populares. Con la supresión de los partidos clásicos no se suprime la voz de la burguesía, de los empresarios nacionales y extranjeros, que no tienen ningún interés en la política partidista y sí en la política económica del Estado, donde no solamente se los escucha sino que el Estado les pertenece."

Cuando observamos la múltiple realidad del movimiento peronista, desde sus entrañas más internas y ocultas, encontraremos siempre una disputa por el sentido del peronismo que va de la mano de la construcción de subjetividad de un amplio movimiento nacional más que la conformación de una ideología concreta que sirva para encuadrar a todas las fuerzas que allí intervienen. Cooke piensa que es necesario oponer una verdadera política revolucionaria desde las bases para contrarrestar la política conciliatoria de los burócratas de la dirigencia que pactaban con los militares. A esta batalla por la dirección del movimiento la denominamos contradicción interna del peronismo.

Ese empuje por colocar al peronismo como baluarte de la revolución en nuestra América, llevará a Cooke a afirmar que "fue el más alto nivel de conciencia a que llegó la clase trabajadora argentina."

En el puesto número once, podemos mencionar otra caracterización importante del pensamiento de John, que fue (ya instalado en la profundización del estudio del marxismo) el de la superación dialéctica del peronismo: "el peronismo no desaparecerá por sustitución sino mediante superación dialéctica, es decir, no negándoselo sino integrándolo en una nueva síntesis."

Quedará, para un futuro no tan lejano, analizar los conceptos de lucha antiburocrática, vanguardia, lucha armada, reforma o revolución, que serán abordados en un próximo trabajo sobre Acción Revolucionaria Peronista, la agrupación que creo John William Cooke junto a Alicia Eguren, su inseparable compañera.