domingo, 28 de diciembre de 2014

5 tesis sobre el kirchnerismo en Rosario




Tesis 1: Unidad desde las bases

Este primer punto es crucial para empezar a comprender la necesidad de construir un bloque político identificado claramente con la construcción de poder popular, y que trascienda a las organizaciones políticas y a los movimientos sociales que muchas veces quedan enredados en una lógica dependiente del verticalismo de dos, tres, cuatro responsables que creen que la centralidad de la política y de la toma de decisiones para el conjunto del pueblo dependen de ellos. En estos años de militancia, que no han sido muchos pero si intensos, el autor de este texto cree que no es así como se producen los mejores resultados para desarrollar una política de unidad en torno a identidades diversas, sino que debemos generar prácticas políticas críticas y perfectibles que logre transformar esa producción militante en nuevos avances de los distintos espacios de realización colectiva del rosarino (sindicatos, universidades, barrios, vecinales, clubes, etc, etc), poniendo en valor todas las experiencias que durante casi 20 o 30 años vienen siendo resistencia a un modelo socialdemócrata (en sus comienzos), y ahora ya desteñido de neoliberalismo rancio.

De lo que se trata es de agrupar en un colectivo nacional y popular a todas estas expresiones políticas, sociales, sindicales, universitarias y vecinales, que representan fielmente al pueblo rosarino ya que son los espacios que hemos podido construir, y darle una vuelta de tuerca para pensar nuevos escenarios que corra de eje el centro político de las castas constituidas durante 40 años de partidos pensados como estancia, y donde 4 o 5 (en el mejor de los casos) se reparten sus dividendos a costas del rosarino. Esos tiempos deben llegar a su fin y que nuevas estructuras frentistas pongan en crisis esa hegemonía destructora.

Tesis 2: Reconstruir una nueva Comunidad Organizada

Cuando Juan Domingo Perón expuso en 1949 en el Congreso de Filosofía de Mendoza el proyecto filosófico-político de la Comunidad Organizada que se transformaría en doctrina profundamente humanista para la realización nacional y latinoamericana, lo hizo como un legado para todas las generaciones posteriores. Es un deber, de todo peronista nacido al calor de las luchas históricas de nuestro pueblo y que toma la decisión de unirse a la larga caminata de avances y resistencias colectivas de la Patria, siempre identificado con las mayorías populares democráticas, avanzar en su lectura crítica y trascendencia cultural para plasmar sus puntos teóricos en la articulación de la vida en comunidad, expresada en los distintos espacios de realización colectiva que fueron expuestos en la tesis primera.

Allí, el General Perón sostiene que “ni la justicia social ni la libertad, motores   de nuestro tiempo, son comprensibles en una comunidad montada sobre seres insectificados, a menos que a modo de dolorosa solución el ideal se concentre en el mecanismo omnipotente del Estado. Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia. Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general, algo que integrar y no sólo su presencia muda y temerosa.” Este es el proyecto del peronismo, y del cual el kirchnerismo se ha hecho parte para encauzar las voluntades dispersas tras la resistencia al neoliberalismo, es decir, a lo peor de los noventa, ya que era la extensión de la dictadura militar iniciada en 1976. Reconstruir los lazos de realización colectiva en la Comunidad Organizada del Siglo XXI significa crear un nuevo sentido común, propiciar la participación en todas las esferas del realización de hombres y mujeres estableciendo un profundo anclaje en el subsuelo de la Patria para construir un nuevo horizonte de época más allá de las coyunturas electorales. Reconstruir el movimiento popular en nuestra ciudad y transformarlo en un bloque histórico que dispute el mando de un nuevo Estado de Justicia Social es un motor de lucha que no debemos escatimar esfuerzos, tiempo y energía en vincular nuestra vida a tan hermoso objetivo.

Tesis 3: La construcción del Estado de Plena Justicia Social

En ese mismo sentido, Juan Domingo Perón expone: “la justicia no es un término insinuador de violencia, sino una persuasión general; y existe entonces un régimen de alegría, porque donde lo democrático puede robustecerse en la comprensión universal de la libertad y el bien generales, es donde, con precisión, puede el individuo realizarse a sí mismo, hallar de un modo pleno su euforia espiritual y la justificación de su existencia.”

Un Estado de Plena Justicia Social viene no solamente a reparar tantas demandas insatisfechas del pueblo, sino que además configura nuevos espacios para las relaciones sociales. Este es uno de los avances que el marxismo presenta en sus teorías, ya que las relaciones sociales de producción en el presente están determinadas por una construcción histórica a la cual debemos poner freno desde la concepción del mundo como humanistas revolucionarios. Y aquí es interesante lo que las corrientes peronistas y marxistas en tanto se centren en el hombre y la comunidad, tienen para aportar a la construcción de una Patria Grande que busque la felicidad de los pueblos que la integramos.

De todas formas, la convergencia de todas estas voluntades nacionales-populares debe darse en tanto y en cuanto estemos dispuestos a tener la centralidad política puesta en el desarrollo de la vida en comunidad como motor de lucha y perspectiva histórica para proseguir en la constitución de un Estado de Plena Justicia Social, al cual debemos llegar por medio del empoderamiento popular, como más arriba lo enunciaba Juan Domingo Perón.

Tesis 4: Nuevas formas de representación en lo institucional y en el barrio

Pensar y conformar un nuevo horizonte de época también nos desafía a darle un marco de representación y referencia que vaya más allá de los lugares institucionales tradicionales. Una democracia radicalizada debe desarrollarse sin tantos marcos de contención a las expectativas del pueblo y sus demandas iniciales, sino profundizar hacia un objetivo estratégico que posibilite realmente el poder popular como hegemonía y que supedite al resto de los poderes adversos a sus líneas políticas. En Rosario, por el nivel de concentración que existe, tanto en lo político (castas que conducen los partidos hace 30 años como patrones de estancia), en lo económico (el empresariado financiero, ya sea en bancos como en los negocios inmobiliarios, el blanqueo de dinero del narcotráfico, la producción de soja, entre otros), en lo cultural (producciones artísticas elitistas que configuran un status de ciudad europeizada, que rompe con la identificación de los sectores medios hacia un proyecto nacional y popular), es necesario construir un nuevo “tablero” que nos ponga en mejores condiciones para contrarrestar las cánones político-económico-culturales a los cuales nos arrastra el Frente Progresista Cívico y Social desde el comando del Estado Municipal y Provincial.

Hay que generar nuevas herramientas de representación política que surjan del propio pueblo, de los barrios que hoy no están siendo escuchados ni en el Concejo ni en la Intendencia. Asambleas, Comités, Foros: cualquiera de estas son valiosas si son utilizadas de la mejor manera posible. Correr el eje de la centralidad política de los lugares de representación institucional que no pueden dar respuesta a los anhelos de los rosarinos para fortalecer una idea de Comunidad Organizada y Estado de Plena Justicia Social arraigada en el Poder Popular o empoderamiento deben ser, desde este punto de vista, núcleos de proyección política para avanzar en una nueva concepción de ciudad.

Tesis 5: Un proyecto nacional y popular para Rosario

Para finalizar este ensayo, es pertinente sintetizar el mismo a través de la teoría de Ernesto Laclau esgrimida en “La Razón Populista”, como una idea-fuerza para reconstruir una identidad nacional y popular en nuestra ciudad: “el pueblo no constituye una expresión ideológica, sino una relación real entre agentes sociales. En otros términos, es una forma de construir la unidad del grupo. No es, obviamente, la única forma de hacerlo; hay otras lógicas que operan dentro de lo social y que hacen posibles tipos de identidad diferentes de la populista. Por consiguiente, si queremos determinar la especificidad de una práctica articulatoria populista, debemos identificar unidades más pequeñas que el grupo para establecer el tipo de unidad al que el populismo da lugar (…) Aquí tendríamos, por lo tanto, la formación de una frontera interna, de una dicotomización del espectro político local a través del surgimiento  de una cadena equivalencial de demandas insatisfechas. Las peticiones se van convirtiendo en reclamos. A una demanda que, satisfecha o no, permanece aislada, la denominaremos demanda democrática. A la pluralidad de demandas que, a través de su articulación equivalencial, constituyen una objetividad social más amplia, las denominaremos demandas populares: comienzan así, en un nivel muy incipiente, a constituir al “pueblo” como actor histórico potencial. Aquí tenemos, en estado embrionario, una configuración populista. Ya tenemos dos claras precondiciones del populismo: (1) la formación de una frontera interna antagónica separando el “pueblo” del poder; (2) una articulación equivalencial de demandas que hace posible el surgimiento del “pueblo”. Existe una tercera precondición que no surge realmente hasta que la movilización política ha alcanzado un nivel más alto: la unificación de estas diversas demandas –cuya equivalencia, hasta ese punto, no había ido más allá de un vago sentimiento de solidaridad- en un sistema estable de significación.”

Constituir un proyecto nacional y popular que rescate las mejores tradiciones de lucha de nuestro pueblo y ponga en valor lo conseguido durante esta Década Ganada en América Latina es imaginar un horizonte de unidad y felicidad que nos impulsa a redoblar los esfuerzos para conformar un frente diverso y conectado con las mayorías populares democráticas. Ser revolucionarios en el Siglo XXI es ser conscientes de la enorme tarea que, día a día, debemos trazarnos e ir avanzando paso a paso: la unidad en todos los sentidos para la victoria en cada batalla.

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