Basta que Thomas Griesa, un juez municipal de Estados Unidos decrete que Argentina es un país “en desacato” para que todos los grandes multimedios de comunicación de nuestro país y de la cadena imperialista de dominación y saqueo a nivel planetario lo reproduzca fielmente. Esa fidelidad a la hora de difundir una información poco tiene que ver con el criterio y la ética periodística, sino todo lo contrario: es lealtad a los poderes fácticos, es sumisión al gran relato hegemónico de los grupos económicos concentrados que anhelan volver a comandar los resortes del Estado para “liberar” la economía y poner las riquezas colectivas –lo público y lo comunitario- en manos de unos pocos.
No faltan, en estas situaciones en que la soberanía del país
quiere doblegarse, anteponiéndose la decisión del capital financiero y sus
grupos de choque lobbysticos por sobre los Estados, los buitres internos. Diputados
y senadores opositores al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se
sumaron, rápidos de reflejos, a la catarata de expresiones a favor de la
vanguardia del capital especulativo que está destruyendo la vida en sociedad e
intenta avanzar en nuestra América Latina mestiza a través de estos eslabones
que articulan el discurso del Departamento de Estado de los Estados Unidos.
El gobierno argentino, desde el 25 de mayo de 2003, cuando
asumió la presidencia Néstor Kirchner, viene desarrollando una política
económica de reindustrialización, generación de empleo (más de 5 millones de
puestos de trabajo), de romper las ataduras con el Fondo Monetario
Internacional y el Banco Mundial (en 11 años de gobierno no se le pidió un solo
dólar a estos mecanismos de dominación imperialista), de entierro a lo que
significó la Doctrina del ALCA en Nuestra América, en conjunto con Hugo Chávez,
Evo Morales, Lula Da Silva y tantas organizaciones populares que confluyeron en
el repudio a George Bush como símbolo del gran proyecto neoliberal que tanta
muerte y hambre trajo a nuestras tierras.
La firme postura de la Presidenta Cristina Fernández de
Kirchner ante esta nueva embestida del capitalismo financiero demuestra que
Argentina es un país que no negociará su soberanía a costa de entregar las
conquistas sociales y los derechos conseguidos con la lucha popular durante
años de resistencia en las calles que culminaron con la reconstrucción del
Estado de Justicia Social.
La causa contra el capital especulativo a nivel mundial es
también una lucha de la humanidad en cualquier rincón del mundo. En varios
países del globo las gárgolas del statu quo financiero, aquellos técnicos del
FMI que diseñan las políticas de ajuste y las venden a los gobiernos
entreguistas antinacionales para que apliquen el shock necesario al pueblo,
sueñan con un retorno a las épocas oscuras de posguerra. El amplio apoyo que
recibe el Gobierno argentino a nivel mundial es para resaltar y continuar
impulsando estrategias de visualización y de repudio a los fondos buitres debe
ser la tarea de todos los revolucionarios del planeta.
América Latina, en esta década ganada, supo ponerse de pie y
aferrarse a sus raíces históricas. Nuestros gobiernos se parecen al pueblo, porque
de allí vienen. La lucha por una Patria Grande económicamente libre,
políticamente soberana y socialmente justa es un faro que ilumina la esperanza
de los pueblos que buscan, con las alternativas del Siglo XXI, cortar las
cadenas de dominación imperialistas. En esta batalla se define el futuro de la
humanidad, entre liberación o dependencia.

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