Las personas nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo con
recetas, sean estas efectivas o no, se han vuelto necesarias para poder evitar
el espontaneismo o la improvisación. En
un mundo cada vez más complejo, asimilable al contexto geopolítico de Guerra
Fría, cabe volver a preguntarse en un modo auténtico y original como lo hizo
Lenin en 1902, “¿qué hacer?”, esta vez sin caer en una receta masticada,
digitada por tres o cuatro cabezones de mesa chica, sino empujar el debate
hacia adentro del propio peronismo, necesitando recuperar aquella consigna
pre-electoral de 1983 que rezaba “Somos la Rabia”. Y como no ser la rabia luego
de las miles de desapariciones de compañeros peronistas que enfrentaron a la
dictadura, trabajadores y trabajadoras de esta Patria que soñaban y hacían la
política popular, que construían un horizonte posible con la organización como
bandera. El peronismo, en nuestra ciudad, tiene que volver a ser esa rabia
incontenible. Tenemos que volver a nuestras raíces, a transformar el discurso
en un vendaval político que rompa con tanto candidato artificial, con esta
democracia liberal que posa sus ojos en la Intendencia y el Concejo, pero que
tiene sus actores principales en la Fundación Libertad y la Bolsa de Comercio.
Tenemos que volver a ser la rabia porque no se puede seguir
aguantando más la derrota de los dignos; tenemos que volver a ser la rabia
porque no nos podemos resignar a un gobierno del PRO, con todo lo que eso
significa; tenemos que ser la rabia porque ya hemos sido demasiado buenos,
mejor dicho, nuestros supuestos representantes han sido “demasiado buenos” para
el poder económico de turno, supieron aprehender los discursos dominantes, nos
hablan de “inseguridad, narcotráfico, inseguridad”, pero dejaron de hablar de
Justicia Social, de Soberanía Política y de Independencia Económica.
Parece ser que el peronismo institucional de nuestra ciudad
y provincia –concejales, diputados, senadores- creen que cada uno por su lado,
es la mejor expresión del kirchnerismo. Esos errores que rozan el prestigismo,
la soberbia y la vanidad siempre nos juega en contra cuando impulsamos la
unidad desde las bases. No hay acuerdo posible entre los dirigentes, porque
cada uno defiende el interés individual de la agrupación que lo pone en una
lista o en un cargo en el Estado, ya que la utilidad más fructífera en términos
de política contemporánea en la ciudad, han sido las organizaciones militantes
como trampolines hacia el pretendido “lugar de poder”. Nada más lejos de eso
con un movimiento nacional-popular fracturado como el que tenemos en nuestra
ciudad y que entre 5 o 6 se reparten las migajas de un Partido Justicialista
anclado en la derrota interna y externa. Este PJ se volvió peso muerto sobre
las espaldas de las organizaciones políticas del peronismo, y fueron estas
mismas también, las que se ahogaron en vez de oxigenarse.
Las elecciones se han vuelto un engaño para el peronismo
local. Creer que “nuestros dirigentes” pueden salvar al peronismo solo por
lograr un 30 y pico por ciento de votos, es no entender la historia de lucha
que tiene el movimiento nacional desde casi 70 años. ¿Podremos conformarnos con
10 diputados, 4 concejales, un casi gobernador? ¿Nos tenemos que conformar a
eso? ¿Somos lo demasiado peronistas para
incomodar el discurso del enemigo principal que, sin lugar a dudas, está
apostando a la victoria del PRO en la ciudad y la provincia? ¿Somos lo
demasiado valientes para criticar las prácticas y los diseños políticos de nuestros
representantes institucionales? ¿Tenemos la voluntad y la maduración necesaria
para reconocer que estamos yendo de error en error, depositando demasiada
energía en campañas electorales cada dos años, pero no construimos un
instrumento político que se piense a 10, 20, 30, 40, 50 años? ¿Cuántas coyunturas
más nos vamos a tener que tragar para que la discusión sea otra y que al final,
nunca termina llegando? ¿Cuántos sapos más vamos a tener que besar antes de
comer, escudándonos únicamente en el “verticalismo” o en la “disciplina
partidaria”?
Hay que volver a pensar un peronismo desde las bases, una
mirada generacional que entronque con las mejores tradiciones de lucha de
nuestro pueblo, encontrarnos con compañeros marxistas, socialistas, de la
izquierda nacional, de la izquierda popular, vecinales, clubes, instituciones
religiosas populares, comunidades originarias, sindicatos, universidades, y
empezar a apuntar nuestra táctica de unidad desde abajo para ir consolidando
una mirada política distinta, alternativa, pero posible, dentro del movimiento
nacional-popular. Reconstruir en términos de política patriótica y dejar la
mezquindad de la “realpolitik”.
Discutamos estrategia, encontrémonos para confluir –con los
tiempos del largo plazo que lleva esta política- y forjemos de una buena vez
una generación política que esté a la altura de derrotar a la neoderecha
cultural de nuestra ciudad (Fundación Libertad), que se muestra en forma
visible a través del apoyo al PRO, engrosando las filas partidarias y equipos
de gestión con cuadros salidos de su institución, y construyamos un bloque
nacional-popular que ponga en crisis el relato del neoliberalismo. El Frente
Progresista ya no puede hacerlo, transformándose en un eslabón perdido de la
cadena neoliberal en nuestra ciudad, ha sido desechado: sea o no sea gobierno
en nuestra ciudad o provincia, el PRO ya ganó, porque se transformó en la principal
fuerza de recambio gubernamental al PSP.
Tenemos que ser capaces de construir una herramienta
político-cultural que incomode al poder de turno, a los grupos económicos de
nuestra ciudad, que se ha vuelto especuladora, restrictiva, exclusiva. Debemos unirnos
en torno a la idea de Patria Grande Latinoamericana, basándonos en nuestra
diversidad, pero utilizándola para impulsar el debate y la confluencia de ideas
para generar consensos internos y empezar a doblegar la fuerza neoliberal que
nos está atando de pies y manos. Pero para eso necesitamos ser lo más duros
posibles con nuestros dirigentes, que siempre se reciclan, que siempre se
peinan para la foto, que siempre miran de reojo cualquier iniciativa que pueda
opacar su kiosco de ramos generales.
Evidentemente, no podemos esperar que Cristina o cualquier
otro dirigente medio del peronismo convoquen un Encuentro de la Militancia
donde se discuta en los términos críticos que necesitamos para volver a ser la
rabia y la barbarie en los términos de no amoldarnos al acartonado estilo
electoral. Ese mandato está en nuestras manos y tenemos que favorecer el
florecimiento de espacios de debate entre compañeros, hacer los replanteos que
sean necesarios, y tener la generosidad, la humildad y las ganas de rehacer,
reconociendo que hemos fallado y podemos volver a empezar si nos bajamos del
caballo del sentido de pertenencia a tal o cual Orga como símbolo de
diferenciarme del compañero.
Potenciemos la rabia, ganemos la libertad de sabernos
compañeros y demos un salto de calidad política poniendo los trabajos de base
diarios en un primer plano para volver a latir con un peronismo que se afiance
en lo cultural, para poder lograr la victoria política contra el enemigo
neoliberal y retomar la conducción del Estado para ponerlo al servicio del
pueblo, para ponerlo al servicio de los trabajadores. Por otro lado, no le tengamos
miedo a la consigna política “Socialismo del Siglo XXI”, ya que es
contemporánea a la construcción de la cual venimos siendo participes y tenemos
mucho más por ganar cuando veamos nuestro sentido patriótico ligado a la suerte
de la Patria Grande Latinoamericana, con los ejemplos más notorios de Evo
Morales en Bolivia y Hugo Chávez en Venezuela.
Volvamos a creer en la construcción de base, donde la
humanidad vive y se realiza; volvamos a pensar en ganar pero entendida como una
seguidilla de victorias diarias sobre el individualismo al que nos empuja la
ideología liberal burguesa; volvamos a pensar en qué hacer, cómo hacerlo, para
qué hacerlo, con quién hacerlo, cuando hacerlo; volvamos a sentir la rabia
liberadora de saberse inconformista, sepultando las viejas ideas-fuerzas
dominantes con desarrollos organizativos plurales, democráticos y combativos, sabiéndonos
y encontrándonos dentro de las ideologías que torcerán el rumbo en Nuestra
Patria y en Nuestra América: el peronismo y el socialismo del siglo XXI.




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