Vislumbrar un horizonte de unidad política de las
organizaciones kirchneristas es el objeto de este escrito que, como muchos
otros, son redactados al calor de la militancia diaria comprometida en lograr
puntos de acercamiento entre compañeros. Nadie actúa (ya sea en política, en
literatura, en los distintos tipos de arte, en la ciencia, como también en la
vida) desde una presunta neutralidad, constantemente estamos eligiendo entre
una opción u otra, no hay posibilidades de ampararse en una cómoda nube de
algodón, abstracta en sí misma, como tampoco podemos observar sentados desde lo
más alto de la torre de marfil: como argentinos, debemos participar activamente
de la resolución de las contradicciones
y los conflictos que nos atraviesan como pueblo, y la militancia cumple
un rol organizativo, dinámico y propositivo para empujar el proyecto histórico
nacional-popular hacia adelante, a paso firme y ser la punta de lanza de la
defensa del Estado en la comunidad.
Reflexionar en torno a las posibilidades y limitaciones que
tiene una propuesta frentista desde las bases militantes ordena la discusión en
dos ejes que vamos a desarrollar aquí: por un lado, consolidar los peldaños
necesarios para construir un horizonte que ponga la unidad por encima de las
realidades internas de las organizaciones políticas, y a su vez, avanzar en un
contexto en dónde cada agrupación se nutra en gran cantidad de militantes de
los barrios de nuestra ciudad, que oxigenen los frentes y secretarías que
constituyen la orgánica, como así también los lugares de representación o
referencia en los liderazgos. Esta premisa está basada en la lógica peronista
que nos grabó a fuego Juan Domingo Perón: nadie se realiza en un contexto dónde
el proceso de ampliación del sustento popular se estanca.
Debemos pensar con una cabeza en doble sentido, para poder
concentrar nuestras energías en originar una correlación de fuerza positiva,
con nuestra identidad y la proyección planificada en mesas horizontales, que
pueda torcer el rumbo de un peronismo santafesino que parece recostarse sobre
figuras nefastas de una casta política que no ha cambiado en 30 años. Será este
nuestro rol, como jóvenes y políticos, ofrecer una alternativa leal al
sentimiento peronista, pero que no excluya otras ideologías o hundirnos en un
inmundo macartismo, sino poner lo mejor de nuestra práctica y doctrina al
servicio de un gran Frente Nacional y Popular que continúe derrotando al
enemigo principal, que es la neo-derecha cultural multimediática, aquí en
nuestra ciudad representada en grupos empresarios que especulan con la vivienda
y la tierra, expulsando de la zona urbana a comunidades enteras hacia la
circunvalación, y que encuentran eco en la prédica del Frente Progresista
Cívico y Social (el partido gobernante) y el Pro, que se presenta como relevo
de la farsa socialdemócrata para 2015, lo cual es una vergüenza, ya que devela
una falla profunda como movimiento justicialista debido a la declinación de la
dirigencia y a años de pactos con los gobiernos de turno, solamente para
sobrevivir a cargos y a minúsculas cuotas de poder efímero. No es ese el
peronismo que nos representa. Encontraremos el rumbo del peronismo raigal en la acción-reflexión con nuestro pueblo, vinculándonos con la vida en comunidad, ahí estará nuestro mayor aprendizaje político y el que nos dará las mejores herramientas para enfrentar al discurso dominante de la mezquindad y el "sálvese quien pueda".
De otra manera, el segundo eje que abordaremos en este texto
es la proyección a futuro que debe tener un trabajo de estas características,
tan complicado en un principio, transformando las contradicciones en tensiones
creativas que nos permitan un desenvolvimiento continuo y teniendo la certeza
de un final incierto, desconocido, pero que nos deberá encontrar en las mejores
condiciones de unidad y organización para derrotar a la derecha. Nadie, y el
peronismo puede darnos muchas pruebas de esto, firma un cheque en blanco en
torno a la unidad. Todo tipo de unidad es una construcción política, con sus
plazos cortos, medianos y de largo alcance. Como generación formada en el hito
de la década ganada (2003-2013), debemos reinterpretar los llamados a integrar
frentes que nuclean a la militancia (como es el caso de Unidos y Organizados,
una experiencia contemporánea que tiene falencias para convertirse en un punto
de quiebre y refundación de nuevas prácticas políticas), de forma que nos
invite a imaginar nuevos horizontes, creando instancias para llegar a consensos
basados en la imperiosa necesidad de articular con las bases sindicales, los
trabajadores informales, los trabajadores rurales, los pueblos-originarios y,
en nuestra región, con la comunidad barrial, nuestros vecinos. Esos son los
actores sociales que le dan sentido a la conformación de identidad desde las
bases peronistas para la construcción de poder popular, con un trabajo sostenido
y profundo, avanzando en los delineamientos de una agenda común que retome las
principales reivindicaciones de los barrios olvidados de nuestra ciudad.
No nos interesa cualquier tipo de unidad porque sí. La
victoria de nuestro pueblo solo puede obtenerse con este sector social en el poder, es decir,
con la conducción de los resortes públicos para transformar el Estado
neo-conservador en Estado de Plena Justicia Social. El empoderamiento de las
clases populares debe darse desde la conciencia, que nunca es impartida, sino
que se comparte en un ida y vuelta de la vida en comunidad, sintetizando
identidades comunes y basada en valores solidarios profundos. Sólo así
lograremos realizarnos como una propuesta frentista peronista desde las bases
organizadas, que busque ampliar el apoyo político a un proyecto histórico de
raíces nacionales, democráticas e inclusivas, que discipline y derrote a la
derecha neoliberal y la supedite a los dictados éticos del nuevo orden social
justo que habremos de conseguir, y que logre como único motor la felicidad del
pueblo y su realización efectiva, de una vez y para siempre.


No hay comentarios:
Publicar un comentario