miércoles, 18 de junio de 2014

El pensamiento de John William Cooke: Los seis ejes estructurales (II)



3) Los trabajadores y la lucha de clases

Este es uno de los ejes más interesantes en los que interviene John William Cooke, especialmente porque los trabajadores representaron la militancia activa del movimiento peronista durante los 10 años de gobierno y, en los duros tiempos de la resistencia, continuaron siendo la base de apoyo del líder exiliado, desatando todo su potencial como sector social dispuesto a dar la vida por Perón como reivindicación nacional. Luego, a fines de los 60 y principios de los 70 sería el momento de mayor agitación política en pos de la construcción del socialismo nacional, encontrando en la CGT de los Argentinos y en las figuras de Agustín Tosco y Raimundo Ongaro sus máximos exponentes clasistas que se animaban a ir por más, enfrentando a las conducciones burocráticas de otros sindicatos que planteaban el "peronismo sin Perón" acordando con las dictaduras de turno.

Sin embargo, Cooke problematiza con esta fuerza social, a la que considera revolucionaria, dentro de los márgenes del desenvolvimiento de la lucha de clases, pero no a cualquier precio de teorías dogmáticas y sin hacer imposiciones mecanicistas de un país a otro, sino analizando esta lucha de clases dentro de la realidad de nuestro país. Frente a los dirigentes burocráticos que ensayaban sus sonrisas frente al espejo y entonaban la marcha de la represión y el anticomunismo, el Bebe se despacha diciéndoles que "la lucha de clases no es un problema de sentimientos ni de ideas, es algo concreto, resultante de la estructura económica. Por lo tanto, querer solucionar los problemas de ella derivados por medio de fórmulas conciliadoras es creer en la magia negra y ser tan reaccionario como los que niegan su existencia."

De esta cita podemos extraer que, aquellos que hacían causa común con los opresores del pueblo a través de pactos económicos y practicaban un macartismo retórico que luego se convertiría en un macartismo criminal (recordemos el funcionamiento de la AAA, la Alianza Anticomunista Argentina), automáticamente se ponían enfrente de esta corriente revolucionaria que planteaba el socialismo nacional como construcción histórica en la que el Movimiento Obrero Organizado tuviera un rol protagónico en las decisiones del Estado, quebrando la hegemonía económica que siempre estuvo inclinada hacia la oligarquía y el imperialismo. También, a casi 60 años de aquellas luchas, podemos reflexionar desde nuestro tiempo histórico -para no volver a cometer errores de la misma índole- si no se trato únicamente de sectores medios, universitarios, católicos algunos, burgueses otros, provenientes de familias antiperonistas, que intentaron integrar el Movimiento Nacional, pero muchas veces sus propios intereses entraron en contradicción con los del resto de las fuerzas sociales que integraban el frente político. Estas pocas certezas (que en definitiva son opiniones propias), no hacen más que invitar a la discusión fraterna y colectiva para repensar prácticas políticas y que el reloj de la historia no se detenga nuevamente.

Retomando, en el mismo artículo que mencionamos anteriormente, Ernesto Goldar sostiene que "el pensamiento cookiano destaca a la lucha de clases como el motor de la historia nacional, conflicto en el que los peronistas duros deben participar conscientemente". Es la lucha de clases, sin lugar a dudas, un concepto central para pensar el desarrollo de una política revolucionaria, con sus métodos, sus tácticas, y por sobre todas las cosas, la estrategia que permita establecer los aliados y los enemigos en ese combate por la liberación nacional. Cooke remata diciendo "al analizar el papel de la clase trabajadora en el Frente de Liberación, debe partirse del hecho concreto de que la lucha de clases existe y no se trata, como sostiene la reacción, de un invento comunista. El marxismo ha analizado el problema, pero no lo ha creado, porque la lucha de clases no es una teoría, sino un hecho."

4) El peronismo como hecho maldito del país burgués

En 1952, luego de la muerte de Evita, "las contradicciones ya no se dieron tajantamente entre dos frentes tal  como se constituyen en 1945, sino también en el seno del peronismo entre el ejército, partidario de la industrialización pero no de la política social demasiado avanzada, y la clase obrera, que al fortalecerse tendía a radicalizar al movimiento, entre la burguesía, que había progresado con el régimen y ahora deseaba aumentar las cuotas de plusvalía y buscar acuerdos con el imperialismo, y el proletariado que defendía su salario y las tendencias progresistas de nuestro movimiento; entre los burócratas, que trataban de "consolidar las conquistas", y la corriente popular, que se oponía a la pérdida de la dinámica renovadora.". Aquí John William Cooke no hace más que identificar las distintas contradicciones que se produjeron en el seno del peronismo, un movimiento endemoniado que contiene una potencia revolucionaria que pervive hasta el día de hoy, y también guarda su peor reverso, como un huevo de serpiente colocado en las entrañas mismas del peronismo, esperando las condiciones favorables para reagruparse, aliarse con los enemigos principales y vaciar de contenido a la experiencia político-cultural del pueblo argentino. Es por esto que el peronismo es un hecho maldito, porque no encaja en las estructuras del mero partidismo, ni hace acuerdos con los grupos económicos ni con la clase dirigente, ni se entrega de brazos cruzados a los mandatos del imperialismo, sino que ha generado su propio proyecto económico y sostiene a la Tercera Posición como bandera de unidad nacional, latinoamericana y mundial con los pueblos que luchan por su liberación.

Cooke, a través del método de análisis del Peronismo Crítico y la constante utilización de conceptos marxistas, le dará importancia nuclear a la preponderancia del sistema de producción agro-capitalista concentrado en el que se desarrollaba el modelo de la patria chica sarmientina, y que atraviesa toda la historia argentina hasta nuestros días: "esas peculiaridades de nuestro desenvolvimiento económico, deben tenerse en cuenta para comprender nuestra ambigüedad, la forma de alineamiento de nuestras clases sociales y el factor esencial de la realidad política argentina: el peronismo."



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