lunes, 16 de junio de 2014

El pensamiento de John William Cooke: los seis ejes estructurales (I)


1) La cuestión nacional

Para ampliar la comprensión de la contradicción histórica principal, es menester consultar un texto poco conocido de John William Cooke que se encuentra en el Cuaderno de la revista Crisis número 5, que a su vez es una reproducción fragmentaria de una conferencia del Bebe pronunciada en la C.U.A. en 1946, en pleno estado de ebullición político-cultural en nuestro país. Dicho texto se titula "Geopolítica argentina", y aporta elementos reflexivos para entender la dominación estructural de la economía a través de la organización de los Estados liberales, con sus transportes de carga, grandes concentraciones de tierras en pocas manos y una ciudad-puerto que oficiaba de barrera de contención para el desarrollo de una economía nacional, contando con la oligarquía como clase hegemónica y atada a los mercados mundiales y a Gran Bretaña especialmente: "existe un principio geopolítico por el que se determina que la situación geovial constituye un fuerte poder político para el país capaz de mantenerse independiente, trayendo en cambio, la dependencia económica a un país que no quiera o no pueda protegerse del lucrativo comercio intermediario, conquistado por un imperialismo. Los puertos marítimos de una densa red de ríos navegables o puntos terminales de todas las comunicaciones y transportes del país, no necesitan gran poder político para prosperar; por ello, casi todos se dedican a sus lucrativas tareas económicas, sin preocuparse de construir los cimientos de un poder político nacional, atentos sólo a la consecución de su propio bienestar y desatendiéndose del resto del país." Apreciamos, de esta manera, la utilización de las herramientas que otorga la geografía en clave política para reflexionar sobre la conformación del Estado argentino luego de la Revolución de Mayo de 1810, que se mantuvo en disputa a sangre y fuego durante los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, enfrentando este a la aristocracia del dinero (como bien los señalaba Manuel Dorrego), y que fue lograda durante la parte final del Siglo XIX, con los gobiernos liberales de Mitre, Sarmiento, Avellaneda y el General Julio Roca, donde se consolidó la victoria terrateniente y el proceso de acumulación originaria del capital concentrado en nuestro país.

Durante su liderazgo de los grupos peronistas que encaraban la resistencia obrera en el año 1955, Cooke entroncó su práctica política en múltiples caracteres: formador de militantes, relevante teórico e intelectual orgánico, principal eje vertebrador entre el conductor exiliado y las bases, y, el más importante de todos y con expreso consentimiento de Juan Domingo Perón: representante del General "en todo acto o acción política. En este concepto su decisión será mi decisión y su palabra la mía.", e incluso se atrevía a ir más allá, designándolo como delegado del movimiento en caso de fallecer. Durante los años de la resistencia, John ocupará un rol central en la planificación de los métodos de lucha e irá construyendo una red de militancia dispuesta a sacrificarse para el retorno de Perón y construir la nueva sociedad justa, libre y soberana. Obviamente, no estuvo solo y ninguna de estas grades empresas puede realizarse individualmente, pero siempre sobresalió como cabeza pensante y organizadora que bajaba conceptos y líneas de trabajo para los grupos peronistas que actuaban en el terreno práctico de la intransigencia. Por aquél entonces, en el año 1957, Cooke interpelaba a los trabajadores argentinos diciéndoles que "el futuro nacional depende de la superación de la contradicción económica, política y social entre la entidad Nación-pueblo y la unidad oligárquico-imperialista. Esta contradicción, en el orden económico, se manifiesta en las exigencias -cada ciclo crecientes- del desarrollo industrial y por las posibilidades -cada ciclo decrecientes- de una economía agropecuaria desarrollada para servir los intereses de la entente formada por el grupo de monopolistas de la tierra (explotadores de la renta e invernadores de la Provincia de Buenos Aires, y la llamada zona cerealera), el comercio importador de capital, los grupos industrializadores de la carne y Gran Bretaña." La visualización del enemigo es vital para delimitar los avances y retrocesos de la lucha política hacia la consagración del objetivo final: la liberación nacional y la revolución social.

El bloque oligárquico-imperial se mantiene en base a un mito fundante, que es el liberalismo, y que ha sido originado por el principal exponente de la Patria Chica (Domingo Faustino Sarmiento), como así también por su estratega político (Bartolomé Mitre) y el general genocida que co-gobernó con la Sociedad Rural (Julio Roca). Este mito fundante quiere hacer creer que la Argentina es solo un modelo agro-exportador, sin industrias, sin desarrollo de las economías regionales, y que solo los empréstitos con los factores de poder financieros a nivel mundial pueden transformarnos en la "gallina de los huevos de oro". Sin embargo, es justamente un mito porque el progreso de nuestro país no está vinculado a los grandes centros de poder, sino en la realización de una economía nacional que sea representativa de un Estado fuerte y que desarrolle los recursos estratégicos, como el petróleo, para industrializar el país, dinamizar la agricultura y potenciar un intercambio entre el campo y la ciudad de una manera más humana y menos especulativa. Este mito vive y pervive en la medida que "la oligarquía intenta distraer la atención del pueblo de ese núcleo central de la problemática americana, ya sea negando la existencia del imperialismo, ya sea superponiéndole otros que, con la ayuda de la maquinaria de propaganda, presenta como más urgente o fundamentales." La construcción de una agenda propia de los sectores populares, con sus reivindicaciones, conquistas sociales y derechos es la vía política para continuar profundizando la lucha contra la concentración de la economía.

2) El Frente de Liberación

"En la Argentina el advenimiento del peronismo no solamente significó mayores salarios visibles e invisibles, mejores condiciones de trabajo, sino también una transferencia del poder social hacia los grupos inferiores de la escala social capitalista."
(John William Cooke en "La lucha por la liberación nacional")

La constitución del Frente de Liberación es vital, en el cual el peronismo ocupa un rol protagónico sin lugar a dudas. Ernesto Goldar asegura que el peronismo revolucionario del Bebe se basaba en la clase obrera como clase hegemónica (más que nada en la correlación de fuerzas hacia el resto de las clases y no tanto en poner en crisis la conducción de Juan Domingo Perón, sino que Cooke hablaba de crear las condiciones revolucionarias para la transformación de la sociedad). El peronismo, al ser un movimiento nacional, popular y democrático surgido por la propia realidad del país, como bloque histórico representante de la Nación-Pueblo, es también el bastión principal por el cual se funden las fuerzas de avanzada que intervienen en la lucha por la liberación en la Argentina.

El propio John William Cooke se encarga de sintetizar en una frase cargada de argumentos solidos los distintos actores socio-políticos que intervienen en esta batalla por el sentido histórico de nuestra Nación, y también polemiza con el marxismo ortodoxo: "el estadio económico de nuestro país rechaza como utópica la solución de la dictadura del proletariado. Reducirse a la clase trabajadora sería asegurar la derrota del Frente de Liberación, reducirlo y parcializarlo en concesión a planteos teóricos o a infantilismos revolucionarios. Los trabajadores del campo, los estudiantes, la pequeña burguesía, parte de la burguesía industrial no dependiente del imperialismo son parte del frente de liberación. El proletariado tendrá papel fundamental como clase combativa y cohesionada, será el eje sobre el cual se apoyarán todas las fuerzas nacionales, la primera avanzada y el último baluarte de las reivindicaciones nacionales."

La dinámica que adquiere el Frente de Liberación Nacional, con todos los sectores sociales que enuncia Cooke en el párrafo anterior, es esencial para organizar las fuerzas populares en su lucha contra las estructuras de la dependencia (medios de comunicación, historia oficial, grupos económicos, ejércitos clasistas) que sostienen al bloque oligárquico-imperialista, y el contenido de esa batalla por la liberación será, "por su esencia, humanista, porque entronca con las más puras tradiciones de la Patria, porque concibe a la Nación y Latinoamérica viviendo en total soberanía y porque concibe un hombre libre en una tierra libre." (John William Cooke en "La lucha por la liberación nacional)

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