lunes, 18 de agosto de 2014

Aguafuertes Peronistas


 
El estilo de crónica que tuvieron las “Aguafuertes porteñas” del magnífico Roberto Arlt, héroe literario nacional de los años 30, permitieron a su autor desarrollar un lenguaje dinámico, divertido, punzante e irónico que ilustraba el paisaje de época de una Buenos Aires en donde lo viejo no terminaba de morir y lo nuevo tenía dificultades para nacer. En el momento actual, donde los referentes reciclados de la politiquería local hacen cola en los multimedios de comunicación para mendigar minutos en cámara, siempre listos para lanzar alguna fórmula electoral desempolvada antes de tiempo para poder ser negociada en mejores condiciones en alguna mesa chica con “los mismos de siempre” bajo las mismas lógicas de siempre,  las aguafuertes, reconfiguradas como herramienta de reflexión, se vuelven una necesidad fundamental para interpretar la compleja realidad del peronismo y sus sentidos.
Rosario, que en su momento fue bautizada como “la capital del peronismo”, hoy se encuentra ensombrecida, con sus barrios sufriendo la desidia de un gobierno municipal que no hace eje en el bienestar del pueblo, sino todo lo contrario, otorgando una mano amistosa –y no invisible- a los mercados, que encuentran su referencia máxima en los dictados de la Fundación Libertad, eje neoliberal a nivel mundial que encuentra sitio en nuestra ciudad. Si, vaya paradoja: la cuna de la derecha orgánica más rancia está concentrada en la Rosario que se vuelve, día a día, de un color naranja desteñido.

El Frente Progresista Cívico y Social, partido gobernante del municipio, se encuentra en un laberinto muy difícil de superar:  o realiza mayores controles a las grandes empresas que concentran la economía, haciendo que estás paguen más a través de una reforma impositiva, e intenta democratizar el acceso de las mayorías a los derechos sociales (el agua para todos los ciudadanos, por ejemplo), o continuará profundizándose la brecha de desigualdades que golpea a los rosarinos, entre la periferia que se expande hacia las rutas y se hace a un costado, y un modelo económico que depende del puerto y de la concentración inmobiliaria. La disputa política en Rosario, a grandes líneas, es democratización o especulación. El peso que ha tenido lo privado en las decisiones del Concejo también es notorio. No podemos seguir discutiendo en los márgenes de una ciudad exclusiva para unos pocos.

En ese contexto, debemos analizar el accionar del peronismo, o de aquellos que se dicen peronistas. Muy poco han hecho los representantes institucionales actuales del peronismo para poner fin al programa de gobierno del Frente Progresista. Se suman denuncias y pedidos de informe sobre la gestión, pero no se avanza en una estrategia real que busque una identidad con los barrios. Muchos de los referentes del peronismo –tanto kirchneristas como no kirchneristas- presumen de lo que carecen: una intención real de transformarse en alternativa de cambio al gobierno municipal. Esto, sin embargo, es muy preocupante ya que se asoma como principal partido de recambio el PRO. De Guatemala a Guatepeor.  
El peronismo de nuestra ciudad no tiene un proyecto de unidad que gire en torno a las bases –tanto militantes sindicales, barriales y universitarias- para poder desarrollar un proyecto político con perspectiva histórica que dispute el sentido común del liberalismo que está gobernando Rosario, y escasea de una estrategia de poder popular a largo plazo que le permita conseguir un amplio apoyo en sectores sociales que hoy por hoy dudan entre el reutemismo massista o el PRO. Si el peronismo se encuentra en esta situación es por errores históricos y por reproducciones de lógicas pasadas en la militancia actual. Sin la necesidad de dar nombres, al menos por ahora, muchos de los lectores deben darse cuenta a quienes hacemos referencia. Que sirvan estas líneas, que no son para nada neutrales, como un aporte para conseguir una nueva construcción peronista desde las bases que busque articular con la comunidad y otras expresiones ideológicas que tengan como horizonte la realización efectiva de la Patria Grande, justa, libre y soberana.

Hacernos cargo de los personajes que levantan las banderas del peronismo pero que usufructúan su doctrina en detrimento de los sectores populares y emprender una lucha antiburocrática contra ellos por la subjetividad del peronismo es también asumir las contradicciones internas, porque son ellos los que encarnan a su vez intereses ajenos a la ética peronista y se encolumnan tras las banderas del individualismo corporativista. En definitiva, la clase política solo busca sobrevivir en un mundo de egoísmos y posibilismos varios, conformando castas sin representación real ni legitimación colectiva. Es nuestro deber como militantes proponer otras representaciones que surjan del corazón profundo de nuestro pueblo. Que sean sus hijos pobres y vilipendiados los que levanten sobre la faz de la tierra la gloriosa Nación.
 
Imagen obtenida del blog Utinhumor

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