El estilo de crónica que tuvieron las “Aguafuertes porteñas”
del magnífico Roberto Arlt, héroe literario nacional de los años 30,
permitieron a su autor desarrollar un lenguaje dinámico, divertido, punzante e
irónico que ilustraba el paisaje de época de una Buenos Aires en donde lo viejo
no terminaba de morir y lo nuevo tenía dificultades para nacer. En el momento
actual, donde los referentes reciclados de la politiquería local hacen cola en
los multimedios de comunicación para mendigar minutos en cámara, siempre listos
para lanzar alguna fórmula electoral desempolvada antes de tiempo para poder
ser negociada en mejores condiciones en alguna mesa chica con “los mismos de
siempre” bajo las mismas lógicas de siempre,
las aguafuertes, reconfiguradas como herramienta de reflexión, se
vuelven una necesidad fundamental para interpretar la compleja realidad del
peronismo y sus sentidos.
Rosario, que en su momento fue bautizada como “la capital
del peronismo”, hoy se encuentra ensombrecida, con sus barrios sufriendo la
desidia de un gobierno municipal que no hace eje en el bienestar del pueblo,
sino todo lo contrario, otorgando una mano amistosa –y no invisible- a los
mercados, que encuentran su referencia máxima en los dictados de la Fundación
Libertad, eje neoliberal a nivel mundial que encuentra sitio en nuestra ciudad.
Si, vaya paradoja: la cuna de la derecha orgánica más rancia está concentrada
en la Rosario que se vuelve, día a día, de un color naranja desteñido.El Frente Progresista Cívico y Social, partido gobernante del municipio, se encuentra en un laberinto muy difícil de superar: o realiza mayores controles a las grandes empresas que concentran la economía, haciendo que estás paguen más a través de una reforma impositiva, e intenta democratizar el acceso de las mayorías a los derechos sociales (el agua para todos los ciudadanos, por ejemplo), o continuará profundizándose la brecha de desigualdades que golpea a los rosarinos, entre la periferia que se expande hacia las rutas y se hace a un costado, y un modelo económico que depende del puerto y de la concentración inmobiliaria. La disputa política en Rosario, a grandes líneas, es democratización o especulación. El peso que ha tenido lo privado en las decisiones del Concejo también es notorio. No podemos seguir discutiendo en los márgenes de una ciudad exclusiva para unos pocos.
En ese contexto, debemos analizar el accionar del peronismo,
o de aquellos que se dicen peronistas. Muy poco han hecho los representantes
institucionales actuales del peronismo para poner fin al programa de gobierno
del Frente Progresista. Se suman denuncias y pedidos de informe sobre la
gestión, pero no se avanza en una estrategia real que busque una identidad con
los barrios. Muchos de los referentes del peronismo –tanto kirchneristas como
no kirchneristas- presumen de lo que carecen: una intención real de
transformarse en alternativa de cambio al gobierno municipal. Esto, sin
embargo, es muy preocupante ya que se asoma como principal partido de recambio
el PRO. De Guatemala a Guatepeor.
El peronismo de nuestra ciudad no tiene un proyecto de
unidad que gire en torno a las bases –tanto militantes sindicales, barriales y
universitarias- para poder desarrollar un proyecto político con perspectiva
histórica que dispute el sentido común del liberalismo que está gobernando
Rosario, y escasea de una estrategia de poder popular a largo plazo que le
permita conseguir un amplio apoyo en sectores sociales que hoy por hoy dudan
entre el reutemismo massista o el PRO. Si el peronismo se encuentra en esta
situación es por errores históricos y por reproducciones de lógicas pasadas en
la militancia actual. Sin la necesidad de dar nombres, al menos por ahora,
muchos de los lectores deben darse cuenta a quienes hacemos referencia. Que
sirvan estas líneas, que no son para nada neutrales, como un aporte para
conseguir una nueva construcción peronista desde las bases que busque articular
con la comunidad y otras expresiones ideológicas que tengan como horizonte la
realización efectiva de la Patria Grande, justa, libre y soberana.
Hacernos cargo de los personajes que levantan las banderas
del peronismo pero que usufructúan su doctrina en detrimento de los sectores
populares y emprender una lucha antiburocrática contra ellos por la
subjetividad del peronismo es también asumir las contradicciones internas,
porque son ellos los que encarnan a su vez intereses ajenos a la ética
peronista y se encolumnan tras las banderas del individualismo corporativista.
En definitiva, la clase política solo busca sobrevivir en un mundo de egoísmos
y posibilismos varios, conformando castas sin representación real ni
legitimación colectiva. Es nuestro deber como militantes proponer otras
representaciones que surjan del corazón profundo de nuestro pueblo. Que sean
sus hijos pobres y vilipendiados los que levanten sobre la faz de la tierra la
gloriosa Nación.
Imagen obtenida del blog Utinhumor

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