"Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas." Rodolfo Walsh
jueves, 12 de junio de 2014
El pensamiento de John William Cooke: un acercamiento a su construcción
Importante aclaración
El siguiente texto tiene como objetivo central difundir algunos de los conceptos principales que John William Cooke legó a la militancia en general, ya sea en los ámbitos juveniles, sindicales, universitarios, barriales, y también para las distintas generaciones que atravesarán los caminos del proyecto histórico de liberación nacional. Es importante tener en cuenta que el Bebe Cooke desarrolló estos conceptos a la par de la militancia política, que luego del golpe de La Fusiladora en septiembre de 1956, se produjo en cárceles, exilios, clandestinidad y, por sobre todas las cosas, una intensa construcción de conocimiento para la profundización de las líneas doctrinarias del peronismo. Intentar reflexionar en base a los conceptos principales de Cooke como se lo plantea este escrito es, a priori, inexacto, porque cada uno podrá juzgar y decir -con razón- "faltó tal concepto", "está incompleto", y demás objeciones que son verdaderas, y por otro lado su título se presenta demasiado ambicioso para lo que realmente se propone el autor, que no es más ni menos que la difusión y la asimilación contemporánea de aquellas ideas que John William Cooke nos acerca para pensar la política diariamente en forma crítica. Pensemos este texto, entonces, como una invitación a continuar aportando colectivamente a las grandes luchas que nos atraviesan actualmente. A continuación, delimitamos los ejes que trataremos:
Ejes
1) La cuestión nacional
2) El Frente de Liberación
3) Los trabajadores y la lucha de clases
4) El peronismo como hecho maldito del país burgués
5) La Política revolucionaria sin el peronismo es una abstracción
6) La contradicción en el Movimiento Peronista: las bases y sus direcciones
Antes de comenzar con el análisis, es necesario hacer un primer aporte para encuadrar al razonamiento de John William Cooke: sostengo que el paradigma desde el cual el Bebe se para para observar la múltiple y compleja realidad política de su tiempo, como así también las luchas del futuro, es a través del pensamiento nacional popular dialéctico, que sobre todo se plasmó con mayor virulencia durante los años de la resistencia peronista y su estadía en Cuba, cuando defendió la Revolución con armas en la mano e ideas en la cabeza.
El Pensamiento Nacional Popular Dialéctico es una forma de razonar de la cual John William Cooke es uno de los exponentes más reconocidos y glorificados. Dicho pensamiento se estructura a través de dos líneas de análisis: la contradicción y la definición por oposición, que a su vez son la base del desarrollo de la tesis cookiana del "Peronismo Crítico", es decir, una línea divisoria en la concepción de la teoría y la práctica militante en el movimiento político más grande de América Latina en aquél entonces y, sobre todo, su constante actualización a través del paso del tiempo. El Peronismo Crítico es una proclama que utiliza Cooke para subtitular el ensayo "Apuntes para la militancia". Los aportes que se observan en ese trabajo son los mismos que viene madurando en trabajos anteriores ("La lucha por la liberación nacional, 1959) y que consolidará en su último escrito "La revolución y el peronismo" de 1967.
Como aquí vemos, siempre la problematización sobre el peronismo como herramienta política del pueblo argentino en pos de su liberación, como así también la disputa contenida en su seno(contradicciones entre las conducciones burocráticas y las bases rebeldes), como así también la construcción de una metodología efectiva para la creación de las condiciones políticas para volver a conducir los destinos de la Patria con el General Perón a la cabeza, rescatado del exilio forzado al que lo sentenció La Fusiladora, fueron los vértices desde donde John William Cooke desarrolló su camino al socialismo, marcado a fuego en la defensa de la Revolución Cubana, entrega y sacrificio de la que no hizo agua nunca, participando de la resistencia a la invasión yanqui a Playa Girón en 1961, cuando otro argentino -Rodolfo Walsh-, pudo descifrar un mensaje cifrado que contenía los detalles de la planificación del desembarco de las tropas anglosajonas.
De esta manera, el "Peronismo Crítico" que reelabora constantemente John William Cooke se basa en cinco estandartes que fueron, por un lado, formadores del ideario del Bebe y, por otro lado, sirvió para la formación político-ideológica de muchos estudiantes universitarios de clase media -algunos de procedencia católica como en el caso de la cúpula inicial de Montoneros- que se transformaron en fervientes militantes peronistas que durante los años 70 intentaron sintetizar a través de la lucha armada, la movilización de masas y las organizaciones político-militares para lograr el objetivo de la Patria Socialista. La discusión y el análisis sobre la lucha armada la dejaremos para otro momento porque no es el núcleo de este trabajo, pero es bueno aclarar aquí que John William Cooke no hablaba de foquismo ni entonaba los cantos de sirena revolucionarios en vano, sino que proponía construir las condiciones necesarias para la construcción de una Patria Grande, y guiado por el pensamiento dialéctico, sostenía que en las luchas por la liberación nacional y revolución social y la progresiva toma de conciencia de los trabajadores como clase social libertaria, el peronismo iría generando su propia realidad, su propia autoconciencia, para derrotar a la oligarquía, la burguesía y al ejército usurpador hasta llegar a la etapa socialista como construcción permanente.
Estos cinco estandartes del Peronismo Crítico de John William Cooke fueron:
* Revisionismo Histórico
* Praxis Revolucionaria (nutrida en los años de la resistencia peronista y la revolución cubana)
* Fuerte contenido ideológico
* Razonamiento dialéctico casi extremo
* Convicciones militantes y políticas innegociables
martes, 27 de mayo de 2014
Teoría en acción: el paradigma de John William Cooke para la militancia (II)
"Los valores que no se afincan en lo material están del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora: el fervor militante, el sentido de la Patria como proyecto de liberación, la solidaridad entre los hombres para luchar por una sociedad sin verdugos ni explotados, todo lo que es cálido, generoso, amor por los seres humanos, lealtad a nuestro destino argentino y americano." (John William Cooke)
6) La revolución es profundización
John William Cooke sintetiza en su "programa revolucionario" las siguientes caracterizaciones: "a la política de abandono del control del comercio exterior y del sistema bancario, hay que oponer una política de nacionalizaciones, actualizada y aplicada directamente a la actual realidad. A la política del desarrollo industrial bajo la hegemonía del imperialismo, debemos oponer una política de desarrollo armónico sobre la base del desarrollo industrial independiente."
La profundización del actual proceso político, como así también su consolidación, no es tarea de un único grupo social militante ni de una generación. Sin embargo, la juventud cumple un rol dinámico para caracterizar los puntos altos y bajos del gobierno nacional y el frente político.
Necesitamos poner en discusión interna para llevar a la esfera general las disyuntivas que surgen, a veces como contradicciones creativas (producto del crecimiento) y otras propias de la inoperancia. Este doble carácter en las fallas por la profundización vuelven a ponernos cara a cara con nuestro enemigo de clase: la oligarquía.
A modo de replicar el paradigma de John William Cooke como un ejercicio político para realizar un balance de lo que falta por hacer, aquí aporto algunas contradicciones y puntos flacos que tiene el proyecto nacional y popular en su faceta actual que las organizaciones políticas y sindicales deben apuntalar:
* Poder conseguir mayores grados de defensa de la soberanía nacional (en articulación entre el Estado y las distintas organizaciones populares, políticas y sindicales)
* Consolidación de un Frente Nacional, Popular, Democrático, Revolucionario, Latinoamericanista, Plurinacional y Antiimperialista
* Apoyar a las organizaciones campesinas y de Pueblos-Naciones orginarias ante los crímenes cometidos por la oligarquía terrateniente de la Sociedad Rural Argentina y sus lacayos
* Conseguir un desarrollo productivo, tecnológico e industrial en armonía con la naturaleza y el medio ambiente a través de políticas públicas
* Trabajar en pos de la unidad del Movimiento Obrero, que actualmente se encuentra disgregado en 5 centrales
* Control del comercio exterior por el Estado nacional
* Apoyar y vincularse con agrupaciones de pequeños productores de la tierra y el trabajador rural. Trazar un trabajo en conjunto donde se refleje la identidad nacional y popular del peronismo con el peón de campo
* Nueva ley de Entidades Financieras
* Mercados Centrales en los barrios
* Cadenas de supermercados del Estado
* Enfrentar a las corporaciones sojeras multinacionales (Monsanto) y oponer una política alterativa nacional al modelo extractivo del agro negocio de la soja
* Congelamiento de precios
* Maximizar el control popular de precios y de la cadena de valor
* Promulgar la salida de organismos de presión económica como el CIADI, el GAFI, y derogación de la Ley Antiterrorista
* Creación de mecanismos de regulación estatal sobre la producción agrícola de la oligarquía parasitaria (Junta Nacional de Granos, IAPI, Retenciones, etc, etc)
* Expulsar y condenar a las multinacionales que viven del saqueo de nuestros recursos
* Promover el debate sobre la promulgación de una Constitución Nacional para un Nuevo Estado Plurinacional democrático, en un frente nacional-popular con campesinos e indígenas.
7) La lucha de la juventud es anti-oligárquica
"La juventud tiene su lucha, que es derribar a las oligarquías entregadoras, a los conductores que desorientan y a los intereses extraños que nos explotan." (Arturo Jauretche)Finalizando con el análisis, el Bebe nos dice al respecto que "destruir a la oligarquía es, en realidad, defender a la Nación. Cambiar las estructuras liberal-burguesas por otras que aseguren el justo reparto del producto social, significa dar contenido nacional a la revolución haciendo de la patria la tierra. Romper las ligaduras imperialistas implica restaurar una unidad real y encarnada en la tierra y en el hombre de una soberanía en plenitud."
Teoría en acción: el paradigma de John William Cooke para la militancia (I)
1) El rol político de la juventud militante
La juventud, en sí misma, no representa un valor distintivo. La importancia que adquiere este grupo etario se logra cuando se organiza políticamente, bajo una doctrina o línea de pensamiento, formando un proceso colectivo de producción militante (nuevas subjetividades populares - formas de organización barriales - culturales - lenguajes - lógicas políticas - categorías de análisis propias).
La doctrina peronista y la experiencia política popular de 1945-1955 nos demuestra que es posible realizar una revolución nacional democrática en donde la Nación se desarrolle completamente, conjugando el nacionalismo económico, la producción industrial, reformas sociales integras traducidas en conquistas para el pueblo, el desarrollo de un Pensamiento Nacional que refuerce nuestra cultura, y la necesidad imperiosa de enfrentar constantemente al enemigo de las mayorías populares democráticas: la oligarquía antinacional, usureros con olor a bosta de caballo y de vaca.
En nuestro tiempo político actual, la disputa sigue siendo la misma. La historia de nuestro país nos demuestra que ha habido un constante recorrido entre revoluciones y contrarrevoluciones como bien lo expuso Jorge Abelardo Ramos en su épico desarrollo del concepto de la lucha de clases en clave nacional. Nuestra historia es la historia de un pueblo mestizo que lucha por la liberación nacional y la revolución social, contra los enemigos internos (corporaciones oligárquicas), y sus socios exteriores. Esta visión, desde el pensamiento autóctono, nos obliga a unirnos y organizarnos detrás de una estrategia política de defensa soberana, latinoamericana, antiimperialista y profundizadora: el Frente de Liberación Nacional.
2) John William Cooke y la lucha por la liberación nacional
"Contar con una información adecuada es no sólo un derecho que la masa peronista se ha ganado en sufridos años de lucha, sino también condición esencial para cumplir su misión histórica de liberar nuestra patria de la explotación nacional e internacional." (John Willliam Cooke en Apuntes para la Militancia)
Como bien explicaba Cooke, es necesario contar con una información adecuada para poder organizar nuestro pensamiento y el plan de acción que adoptemos como línea estratégica. En su libro "La lucha por la liberación nacional", el Bebe Cooke sintetiza la idea de la cuestión nacional y el desarrollo de las fuerzas de avance y retroceso en el país: "todo planteo para la lucha debe partir del conocimiento de nuestra situación de país semicolonial, integrante de un continente semicolonial." Este es el puntapié inicial para adentrarnos en la estrategia libertadora a seguir y el carácter antiimperialista de la batalla política. Cooke, entonces, nos vuelve a hablar: "cualquier política de liberación debe ser, por sobre todo, antiimperialista. La oligarquía nativa es un subproducto que solamente será eliminado cuando se liquide la influencia del imperialismo. La lucha, entonces, es de liberación nacional, para liberar al país y alcanzar su triunfo definitivo en el momento, aún lejano, en que América Latina constituya una unidad real y libre de a opresión de los grandes centros cíclicos."Cooke también nos enseña que "el peronismo planteó, por primera vez, la posibilidad de un antiimperialismo práctico, desarrollado en medidas concretas que comprendían un sistema defensivo." El peronismo retomó en 2003 el lugar primordial en el frente antiimperialista como conducción política del proceso revolucionario, encontrando su punto máximo en la expulsión del ALCA y el fin de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, en aquél entonces.
3) Disputa ideológica en nuestro país
Históricamente, Argentina se debatió entre dos proyectos de país: el de la Nación libre y soberana en construcción hacia la Patria Grande bolivariana-sanmartiniana, y la Patria Chica sarmientina de las elites culturales encerrada en una tranquera y alambrada.
Esa disyuntiva histórica disparó el antagonismo de Domingo Sarmiento "civilización o barbarie". Esta es una falsa óptica, igual de apócrifa como las mentiras en que se sustenta la historia oficial mitrista-liberal que silenció (y silencia) la lucha de nuestro pueblo en busca de la liberación. De esta manera, John William Cooke realiza una caracterización del enemigo de las mayorías populares democráticas: "la primera línea de defensa de la casta dominante está ubicada en el sistema del 53 (1853), que otorga libertades políticas a cambio del respeto por la organización que permite el mantenimiento de las desigualdades sociales. Cuando esa línea es rebasada, está la segunda línea del fraude, cuya característica moderna consiste en la calificación apriorística de cuáles fuerzas son democráticas y cuáles no (...) una clase dominante no abandona sus ventajas ni siquiera por consecuencia con sus propios principios políticos. Es otro caso de "idealismo burgués": se defiende la "libertad" como idea platónica y desencarnada, pero en el terreno vulgar de la práctica se desconoce la condición de libres a los que ponen en peligro sus privilegios. La oligarquía no solamente es dueña de las cosas: también es dueña de las palabras."
4) La universidad y las lógicas intelectuales
En la etapa actual del tiempo político que transitamos, el debate sobre el modelo de universidad no es ajeno a la discusión política sobre los proyectos de país en tensión. En ese sentido, debemos reconocer que la universidad (en su hegemonía) sigue siendo dependiente de las estructuras de análisis y comprensión de la realidad sin inserción nacional, importando conceptos científicos que se vuelven mecanicistas (cuanto menos) y anacrónicos (en el peor de los casos).
Este conservadurismo academicista es un freno de mano para la formación de profesionales que intervengan en los problemas nacionales al estar alienados por conceptos abstractos y poco efectivos, que no tienen asidero en nuestra lucha de liberación.
Esta situación obliga a la juventud militante a transformarse en Órganos Intelectuales Populares, surgidos desde el corazón del pueblo para estudiar el pensamiento nacional y sus corrientes, para producir contenido analítico colectivo que refleje la filosofía de la praxis que nos hablaba Antonio Gramsci: la unidad entre teoría y práctica para intervenir en política.
La experiencia de Cooke, de Gramsci, de Perón, de Evita, del Che y de tantos otros demuestra que es posible la acción política ligada a la producción de herramientas teóricas para reforzar a la primera, y esta a la segunda, en un proceso de comprensión y revisión constante. Esto es también una línea de concebir a la militancia como una forma de vida.
lunes, 19 de mayo de 2014
Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Tercera Parte)
"El revisionismo se mueve en las avanzadas de esa modificación social, de esa marcha hacia el reencuentro con el pueblo, recrea condiciones de paralelismo con el momento histórico adulterado." (Arturo Jauretche en "Política Nacional y Revisionismo Histórico".)
La falsificación histórica y la lucha de los sobrevivientes
En el artículo anterior, hacíamos hincapié en la forma que el revisionismo histórico, en primer lugar, se había constituido como una trinchera de la formación del pensamiento nacional para poder potenciarlo hacía nuevas formas de interpretar los procesos políticos y dotar al pueblo en su experiencia política, tanto desde su forma movimientista como desde la conducción estratégica del Estado. También, habíamos reafirmado la necesidad de los autores nacionalistas de consolidar a la práctica revisionista como una marca indeleble que acompañe esas construcciones populares para continuar con el relato de las mayorías democráticas mediante un lenguaje y conceptos propios.
En cuanto a la falsificación histórica, uno de los puntos más candentes de la discusión sobre la interpretación de los hechos y de la matriz ideológica con la que se los comprende, Arturo Jauretche razona implacablemente que "extinguida la vieja sociedad argentina, y frente a la falsificación histórica, ella sólo pudo ser contradicha por los sobrevivientes, los testigos de un momento vivo. Será necesario otro momento histórico, un momento de revisión social e ideológica, que provoque la surgencia de las fuerzas reales de la sociedad, para que se cree el ambiente propicio a repensar la historia, a comprender desde otro punto de vista las estructuras artificiales que se han creado, y para cuya subsistencia se hizo una historia también artificial." Esta visión de Don Arturo nos propone, por un lado, combatir a la hegemonía cultural de la oligarquía -los que niegan la historia de los pueblos- a través de las formas de producción de subjetividades populares y su perpetuidad a través de la historia como memoria que habita en el corazón del pueblo argentino. Es desde ese lugar que debemos construir nuestra Patria Grande, y allí se encuentran depositadas las esperanzas para continuar empujando la historia hacia adelante: hacia la definitiva liberación nacional.
Debemos actuar como narradores y constructores históricos de otra realidad política; debemos apelar a la construcción de un movimiento nacional y popular amplio, con todas las diversas corrientes que pueden nutrir y oxigenar la experiencia democrática de las mayorías populares para lograr un quiebre en el empate hegemónico que se produce entre la neo oligarquía cultural y el frente nacional. Como bien dice Jauretche, debemos producir -o ayudar a producir, mejor dicho- la surgencia de las fuerzas, que el subsuelo de la Patria se subleve nuevamente para continuar transitando el camino de la transformación en clave de hermandad latinoamericana. Nuestra historia la escriben los sobrevivientes de las masacres, los que resisten la exclusión política, moral e histórica de los poderosos dueños de estas tierras. Los pueblos de la América Latina, hasta el día de hoy, siguen enseñando el camino a seguir para hacer del mundo un lugar mucho más justo y habitable para todos.
La izquierda mitrista
En su libro "La larga lucha de los argentinos", el historiador Norberto Galasso desarrolla la historia de las corrientes historiográficas nacionales, y respecto a la manera en que la izquierda abstracta (un concepto que también maneja Galasso) caracterizó al peronismo, sostiene que "algunos sectores socialistas y comunistas reconocen los avances sociales producidos, pero los imputan al propósito de engañar a los obreros por parte de "la burguesía y el dictador" y difunden la tesis según la cual el peronismo es el dique de contención usado por la burguesía para impedir la Revolución Social que los partidos de la vieja izquierda se disponían a concretar. Incluso alguna "izquierda -mientras Perón consolida la industrialización y nacionaliza empresas británicas- lo califica de "agente inglés" (Nahuel Moreno)." La utilización del concepto "izquierda mitrista" es pertinente entonces porque entronca en una misma línea al liberalismo de derecha como al de izquierda, ya que sostienen los mismos argumentos -y confluyen además en términos políticos bajo la bandera yanqui y el embajador Spruille Braden- para desacreditar al Presidente Juan Domingo Perón y desde el primer día de gobierno comienzan con el complot para derrocarlo. Lo logarían diez años más tarde, luego de haber bombardeado la Plaza de Mayo, contando con el visto bueno de la iglesia católica, medios de comunicación y sectores reaccionarios del ejército. La Junta Consultiva que legitimó "La Fusiladora" estuvo integrado por los representantes del Partido Socialista Américo Ghioldi, Alicia Moreau de Justo, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto.
Arturo Jauretche es categórico y lapidario a la hora de definir el rol que ocupó la izquierda mitrista en la política argentina: "no ha tenido ninguna significación masiva y ha quedado siempre reducida a un campo intelectual común con el liberalismo, el de la "intelligentzia" cosechando pequeños disconformismos burgueses, inquietudes epidérmicas de estudiantes o escritores, en el intervalo hasta la hora de los tejidos grasos. Constituyen sólo una suma de posturas individuales."
El revisionismo como posibilidad de potenciar el pensamiento nacional y la política popular
De eso se trata pues, este escrito; de la posibilidad de continuar construyendo un pensamiento nacional que desarrolle un paradigma nuevo para aportar -desde la subjetividad de las distintas disciplinas y la práctica política popular- modelos de defensa de la soberanía y vislumbrar más y mejores conquistas sociales desde el Estado y el movimiento. Estos escritos solo han sido puntas o líneas para sumarnos al debate del compromiso del intelectual con la Patria, con la soberanía nacional, con esa idea histórica de los Estados Unidos de América Latina. Debemos, entonces, asumir estas responsabilidades como integrantes de un movimiento amplio que debe aunar en su seno las corrientes peronistas, radicales, socialistas y de la izquierda nacional, para oxigenar sus bases militantes y, sobre todas las cosas, encontrar el cause común entre la construcción de conocimiento y el mundo de los trabajadores. Una cosa no puede ir separada de la otra. El revisionismo, si quiere superarse como práctica histórica, debe utilizar todos estos elementos.
Arturo Jauretche nos empuja a pensar esos caminos de reconstrucción del revisionismo, con su certeza inquebrantable, y sostiene que "en tal momento la tarea revisionista deja de ser la destrucción de la historia falsificada y obliga al historiador a apartarse de la posición necesariamente polémica, negativa, de la etapa anterior. Necesita objetivarse para una nueva polémica, desde la historia ya cierta que debe interpretar." Podemos deducir -de ello- que debemos debatir y discutir estos tiempos políticos con las herramientas analíticas que nos aportan nuestros pensadores nacionales, no solo para dar una conceptualización adecuada a nuestra propia realidad, sino también para transformarnos en intelectuales orgánicos colectivos, y ello implica estudiar y producir un contenido apto para la práctica política en el terreno concreto de la toma de decisiones. No debemos comportarnos como hombres metafísicos; tenemos que desarrollar la organización necesaria para conseguir los resortes del Estado y, desde allí, cambiar la realidad mezquina y obsoleta. Si somos concientes de esto, tenemos que pensar siempre en la construcción del poder popular. Ahí estará la victoria de los próximos debates y hechos políticos de la Argentina que vendrá.
Las fuerzas del pasado siguen teniendo una hegemonía cultural, pero desde el revisionismo podemos dar una lucha contra la línea de defensa mitrista. Don Arturo brinda la esperanza necesaria para creer que podemos hacerlo, solo tenemos que crear desde el corazón del pueblo argentino: "lo vivido no se puede suprimir, como pretendió la Revolución Libertadora, que intentó borrar por decreto doce años de historia argentina, la más inmediata, no interesa saber si buena o mala, pero que es historia; después lógicamente no pudo entender nada, ni en política ni en economía, ni en cultura: en todo. Su posición antihistórica la cegó para toda comprensión y vuelvo aquí a repetir lo que antes he dicho: al reaccionario lo caracteriza, mejor que sus ideas, su incapacidad para comprender la realidad que lo desborda históricamente; no quiere ver la historia porque él mismo es la antihistoria, lo superado." Queda claro que no han podido callar la voluntad popular, ni desaparecer la experiencia política de este bravo pueblo. Mientras continuemos elaborando la historia del movimiento, del subsuelo de la Patria sublevado, de los cabecitas negras, de los descamisados, de los caídos del mapa, estaremos en presencia de la eterna lucha del pueblo argentino por su liberación nacional y revolución social.
Consigna jauretcheana: rehacer la historia
Para finalizar (al menos por ahora), es pertinente hacerlo con una frase de quién ha sido el alma de estos escritos: el gran Arturo Jauretche. Sin lugar a dudas, rehacer la historia desde los movimientos populares y su participación en la política del país abre miles de puertas para empezar a estudiar, a formarse y a desarrollar nuevas teorías y conceptos. Estará en cada uno de nosotros, vinculados en un profundo sentido de pertenencia humanista con la comunidad que nos realiza, poder saber responder el llamado de esta consigna jauretcheana:
"Hay que rehacer la historia, para poner al descubierto cuáles son los factores que han jugado en ella. Los que han jugado hacia el cumplimiento de nuestro destino natural y lógico, y los que han jugado contra. Descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios y fines. Toda política que no parta del conocimiento de ellos no puede ser una política nacional, y la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o en contra."
La falsificación histórica y la lucha de los sobrevivientes
En el artículo anterior, hacíamos hincapié en la forma que el revisionismo histórico, en primer lugar, se había constituido como una trinchera de la formación del pensamiento nacional para poder potenciarlo hacía nuevas formas de interpretar los procesos políticos y dotar al pueblo en su experiencia política, tanto desde su forma movimientista como desde la conducción estratégica del Estado. También, habíamos reafirmado la necesidad de los autores nacionalistas de consolidar a la práctica revisionista como una marca indeleble que acompañe esas construcciones populares para continuar con el relato de las mayorías democráticas mediante un lenguaje y conceptos propios.En cuanto a la falsificación histórica, uno de los puntos más candentes de la discusión sobre la interpretación de los hechos y de la matriz ideológica con la que se los comprende, Arturo Jauretche razona implacablemente que "extinguida la vieja sociedad argentina, y frente a la falsificación histórica, ella sólo pudo ser contradicha por los sobrevivientes, los testigos de un momento vivo. Será necesario otro momento histórico, un momento de revisión social e ideológica, que provoque la surgencia de las fuerzas reales de la sociedad, para que se cree el ambiente propicio a repensar la historia, a comprender desde otro punto de vista las estructuras artificiales que se han creado, y para cuya subsistencia se hizo una historia también artificial." Esta visión de Don Arturo nos propone, por un lado, combatir a la hegemonía cultural de la oligarquía -los que niegan la historia de los pueblos- a través de las formas de producción de subjetividades populares y su perpetuidad a través de la historia como memoria que habita en el corazón del pueblo argentino. Es desde ese lugar que debemos construir nuestra Patria Grande, y allí se encuentran depositadas las esperanzas para continuar empujando la historia hacia adelante: hacia la definitiva liberación nacional.
Debemos actuar como narradores y constructores históricos de otra realidad política; debemos apelar a la construcción de un movimiento nacional y popular amplio, con todas las diversas corrientes que pueden nutrir y oxigenar la experiencia democrática de las mayorías populares para lograr un quiebre en el empate hegemónico que se produce entre la neo oligarquía cultural y el frente nacional. Como bien dice Jauretche, debemos producir -o ayudar a producir, mejor dicho- la surgencia de las fuerzas, que el subsuelo de la Patria se subleve nuevamente para continuar transitando el camino de la transformación en clave de hermandad latinoamericana. Nuestra historia la escriben los sobrevivientes de las masacres, los que resisten la exclusión política, moral e histórica de los poderosos dueños de estas tierras. Los pueblos de la América Latina, hasta el día de hoy, siguen enseñando el camino a seguir para hacer del mundo un lugar mucho más justo y habitable para todos.
La izquierda mitrista
En su libro "La larga lucha de los argentinos", el historiador Norberto Galasso desarrolla la historia de las corrientes historiográficas nacionales, y respecto a la manera en que la izquierda abstracta (un concepto que también maneja Galasso) caracterizó al peronismo, sostiene que "algunos sectores socialistas y comunistas reconocen los avances sociales producidos, pero los imputan al propósito de engañar a los obreros por parte de "la burguesía y el dictador" y difunden la tesis según la cual el peronismo es el dique de contención usado por la burguesía para impedir la Revolución Social que los partidos de la vieja izquierda se disponían a concretar. Incluso alguna "izquierda -mientras Perón consolida la industrialización y nacionaliza empresas británicas- lo califica de "agente inglés" (Nahuel Moreno)." La utilización del concepto "izquierda mitrista" es pertinente entonces porque entronca en una misma línea al liberalismo de derecha como al de izquierda, ya que sostienen los mismos argumentos -y confluyen además en términos políticos bajo la bandera yanqui y el embajador Spruille Braden- para desacreditar al Presidente Juan Domingo Perón y desde el primer día de gobierno comienzan con el complot para derrocarlo. Lo logarían diez años más tarde, luego de haber bombardeado la Plaza de Mayo, contando con el visto bueno de la iglesia católica, medios de comunicación y sectores reaccionarios del ejército. La Junta Consultiva que legitimó "La Fusiladora" estuvo integrado por los representantes del Partido Socialista Américo Ghioldi, Alicia Moreau de Justo, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto.Arturo Jauretche es categórico y lapidario a la hora de definir el rol que ocupó la izquierda mitrista en la política argentina: "no ha tenido ninguna significación masiva y ha quedado siempre reducida a un campo intelectual común con el liberalismo, el de la "intelligentzia" cosechando pequeños disconformismos burgueses, inquietudes epidérmicas de estudiantes o escritores, en el intervalo hasta la hora de los tejidos grasos. Constituyen sólo una suma de posturas individuales."
El revisionismo como posibilidad de potenciar el pensamiento nacional y la política popular
De eso se trata pues, este escrito; de la posibilidad de continuar construyendo un pensamiento nacional que desarrolle un paradigma nuevo para aportar -desde la subjetividad de las distintas disciplinas y la práctica política popular- modelos de defensa de la soberanía y vislumbrar más y mejores conquistas sociales desde el Estado y el movimiento. Estos escritos solo han sido puntas o líneas para sumarnos al debate del compromiso del intelectual con la Patria, con la soberanía nacional, con esa idea histórica de los Estados Unidos de América Latina. Debemos, entonces, asumir estas responsabilidades como integrantes de un movimiento amplio que debe aunar en su seno las corrientes peronistas, radicales, socialistas y de la izquierda nacional, para oxigenar sus bases militantes y, sobre todas las cosas, encontrar el cause común entre la construcción de conocimiento y el mundo de los trabajadores. Una cosa no puede ir separada de la otra. El revisionismo, si quiere superarse como práctica histórica, debe utilizar todos estos elementos.
Arturo Jauretche nos empuja a pensar esos caminos de reconstrucción del revisionismo, con su certeza inquebrantable, y sostiene que "en tal momento la tarea revisionista deja de ser la destrucción de la historia falsificada y obliga al historiador a apartarse de la posición necesariamente polémica, negativa, de la etapa anterior. Necesita objetivarse para una nueva polémica, desde la historia ya cierta que debe interpretar." Podemos deducir -de ello- que debemos debatir y discutir estos tiempos políticos con las herramientas analíticas que nos aportan nuestros pensadores nacionales, no solo para dar una conceptualización adecuada a nuestra propia realidad, sino también para transformarnos en intelectuales orgánicos colectivos, y ello implica estudiar y producir un contenido apto para la práctica política en el terreno concreto de la toma de decisiones. No debemos comportarnos como hombres metafísicos; tenemos que desarrollar la organización necesaria para conseguir los resortes del Estado y, desde allí, cambiar la realidad mezquina y obsoleta. Si somos concientes de esto, tenemos que pensar siempre en la construcción del poder popular. Ahí estará la victoria de los próximos debates y hechos políticos de la Argentina que vendrá.
Las fuerzas del pasado siguen teniendo una hegemonía cultural, pero desde el revisionismo podemos dar una lucha contra la línea de defensa mitrista. Don Arturo brinda la esperanza necesaria para creer que podemos hacerlo, solo tenemos que crear desde el corazón del pueblo argentino: "lo vivido no se puede suprimir, como pretendió la Revolución Libertadora, que intentó borrar por decreto doce años de historia argentina, la más inmediata, no interesa saber si buena o mala, pero que es historia; después lógicamente no pudo entender nada, ni en política ni en economía, ni en cultura: en todo. Su posición antihistórica la cegó para toda comprensión y vuelvo aquí a repetir lo que antes he dicho: al reaccionario lo caracteriza, mejor que sus ideas, su incapacidad para comprender la realidad que lo desborda históricamente; no quiere ver la historia porque él mismo es la antihistoria, lo superado." Queda claro que no han podido callar la voluntad popular, ni desaparecer la experiencia política de este bravo pueblo. Mientras continuemos elaborando la historia del movimiento, del subsuelo de la Patria sublevado, de los cabecitas negras, de los descamisados, de los caídos del mapa, estaremos en presencia de la eterna lucha del pueblo argentino por su liberación nacional y revolución social.
Consigna jauretcheana: rehacer la historia
Para finalizar (al menos por ahora), es pertinente hacerlo con una frase de quién ha sido el alma de estos escritos: el gran Arturo Jauretche. Sin lugar a dudas, rehacer la historia desde los movimientos populares y su participación en la política del país abre miles de puertas para empezar a estudiar, a formarse y a desarrollar nuevas teorías y conceptos. Estará en cada uno de nosotros, vinculados en un profundo sentido de pertenencia humanista con la comunidad que nos realiza, poder saber responder el llamado de esta consigna jauretcheana:
"Hay que rehacer la historia, para poner al descubierto cuáles son los factores que han jugado en ella. Los que han jugado hacia el cumplimiento de nuestro destino natural y lógico, y los que han jugado contra. Descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios y fines. Toda política que no parta del conocimiento de ellos no puede ser una política nacional, y la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o en contra."
martes, 13 de mayo de 2014
Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Segunda Parte)
"Lo nacional está presente exclusivamente cuando está presente el pueblo, y la recíproca; sólo está presente el pueblo cuando está presente lo nacional." (Arturo Jauretche en "Polìtica Nacional y Revisionismo Histórico.")
"Revisar la historia es mirarla con ojos argentinos"
La frase-consigna pertenece a José María Rosa, uno de los historiadores nacionales más importantes y paradigmáticos del revisionismo en nuestro país. En esta segunda entrega, abordaremos el recorrido del revisionismo para rescatar las líneas elementales del pensamiento nacional y constituirse en una trinchera de resistencia frente a la historia oficial, como así también el pasaje hacia una metodología superior que posibilite avanzar sobre el liberalismo y el marxismo. Si revisar la historia es mirarla con ojos argentinos, significa que el camino para encontrar la raíz de nuestra identidad, en íntima relación con la América profunda, está contenida en las experiencias políticas y culturales que nuestro pueblo ha sabido construir en determinados momentos de nuestra vida nacional. A partir de este razonamiento, Arturo Jauretche sostendrá en "Política Nacional y Revisionismo Histórico" que "la Nación es una vida, es decir, una continuidad, noción elemental, pero que, sin embargo, escapa generalmente al pensamiento académico del país, tal vez en la misma medida en que está desvinculado del mismo."
El revisionismo como trinchera popular frente a la historia mitrista
En un primer momento, el revisionismo histórico se conformó como un espacio de intelectuales nacionalistas que centraron su atención en los acontecimientos del pasado, haciendo relecturas sobre determinados personajes históricos y, fundamentalmente, poniendo en contexto las decisiones políticas que cada uno de ellos llevó a cabo en el tiempo y lugar que le tocó dirigir los destinos del país. La discusión sobre los proyectos y programas de Nación, desde la Revolución de Mayo, pasando por Juan Manuel de Rosas, la batalla de Caseros y el triunfo mitrista, Sarmiento, la Generación del 80, Julio Argentino Roca y la consagración de la oligarquía como bloque hegemónico en la cultura, la economía y la política muestra a las claras que los principales aportes iniciales que realiza el revisionismo es la de demostrar que hemos vivido "de prestado" sobre nuestras ideas, es decir, la realidad nacional queda opacada por el romanticismo de las elites económicas y las clases ilustradas culturales que se transformarán en los dueños históricos de la "Patria Chica" que ideológicamente defendió Domingo Faustino Sarmiento.Basta con leer al propio Jauretche para comprender aún más como ha operado la historia oficial durante décadas: "Toda la historia oficial -de iluministas o no y así hayan empleado el aparato formal de la ciencia histórica al servicio de los supuestos previos que constituyen su característica iluminista- se basa en la exclusión de la sociedad, de los movimientos de las multitudes, y de la realidad económico-geográfica en que se asientan y de la vida cultural propia que representa su continuidad (...) Los personajes, como los de Carlyle, determinan la historia que es una historia de santos y diablos, y de pecados y de virtudes, según sirvan o no la política de esa historia." La sistemática exclusión de los movimientos populares de nuestro país (federalismo, yrigoyenismo, peronismo) a través de la herramienta del falseamiento histórico hegemónico -palanca de cambio que siempre ha estado en manos de la oligarquía terrateniente y cultural-, intenta además desvirtuar el sentido patriótico profundo que contienen estas expresiones políticas que el propio pueblo ha sabido crear mediante la lucha, la resistencia y la defensa de sus intereses democráticos.
La historia de espaldas a los movimientos populares
Para poner nuevamente en contexto la discusión en la que interviene Arturo Jauretche, basta con recordar sus propias palabras, cuando enuncia en PNyRH(1) que "la nueva presencia del pueblo en el Estado, excluido después de Caseros y que reaparece con Yrigoyen con una expresión política de vago sentido social, se profundiza en el proceso de 1945, que se expresó con Perón, con el predominio de lo social y lo económico sobre lo político." Aquí también Don Arturo introduce un planteo acertado: el de la propia dinámica del pueblo argentino que ha ido madurando políticamente, en un proceso de acumulación histórica en términos de creación de subjetividad y de reconocimiento en liderazgos estratégicos (Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón), poniendo de manifiesto la continuidad de una tradición nacional y popular que atraviesa desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.
En cuanto al espacio temporal que centra su estudio el revisionismo histórico, Arturo Jauretche sostiene que "se ha particularizado en un momento de la historia argentina: el que va del año veinte a Caseros, aunque cada vez se extienda más hacia atrás y hacia adelante (...) Nada se puede entender sobre esa época ni lo que ocurrió más adelante si no se trata de entender lo que significó Rosas, como nada podrá entenderse de esta contemporánea si no sabemos, nos guste o no nos guste, que significó Perón y en que medida no es el peronismo resultado de Perón sino a la inversa: Perón resultado del peronismo considerado éste como proceso histórico, como nombre de las nuevas condiciones creadas en el país por su evolución." Estos grandes movimientos heterogéneos que han nutrido los procesos de liberación nacional en nuestro país y que ofrecieron a lo largo de las décadas incansables militantes, intelectuales y revolucionarios consustanciados con la formación de una Patria Grande, trascienden a su vez a los líderes que los conducen. Jauretche se enfoca en Perón para ejemplificar que el peronismo es y seguirá siendo la matriz ideológico-política de la expresión mayoritaria del pueblo en tanto y en cuanto la evolución del proceso histórico (avances-retrocesos, Estado-Movimiento) encuentre al peronismo en la primer línea de batalla de los principales conflictos, disputa y puja de poder con los sectores conservadores, es decir, con la derecha política y los grupos económicos.
La posibilidad de pensar una política nacional
"Pensar una política nacional exige pensar en el país como es, en su geografía, en su población, en su economía, en su cultura. Es como es, ha sido y será: es decir, con una visión dinámica. Y pensarlo de una manera concreta, cosa imposible de realizar si los datos comienzan por ser falsos." (Arturo Jauretche en Política Nacional y Revisionismo Histórico)Antes habíamos mencionado el falseamiento histórico (concepto en el que nos detendremos en el próximo artículo), pero vayamos dejando algunas puntas abiertas para seguir pensándolo; Si los datos que nos aportan la "intelligentzia" (aquellas gárgolas del statu quo), son falsos, es decir -parados desde el razonamiento "jauretcheano"-, se narra una historia sin pueblo, sin evolución de los procesos históricos, sin conflicto de intereses entre la Patria y la antipatria, sin reconocer la importancia de liderazgos estratégicos, sin comprender las distintas lógicas de conducción política de un Estado, entonces caemos en vaciar la historia de contenido y de falsearla para que sirva a intereses oscuros. El lema "Ni vencedores ni vencidos" que repitiera la "Fusiladora" de 1955 -los militares que bombardearon la Plaza de Mayo y derrocaron a Perón-, ha sido la consigna panfletaria de todo historiador que fue, concientemente, antipopular y escribió la historia de los que ganan, que siempre son aquellos que tienen las riendas de la dominación cultural, los medios de comunicación a su alcance y la posibilidad de otorgar premios y castigos a los escribas naturales de la historia oficial. En esa lucha política interviene el revisionismo histórico como una tacuara montonera que atraviesa de un solo golpe el pecho de la aristocracia del dinero y el colonialismo mental.
(1)Política Nacional y Revisionismo Histórico
miércoles, 30 de abril de 2014
Amor y Dolor: el compromiso político de Evita
Intentar escribir unas líneas de presentación para Eva Perón siempre termina transformándose precisamente en eso: un intento. Dependientemente de la pluma literaria del escritor -y de su ideología, claro está-, podremos estar frente a un "ángel o diablo", en referencia a la manera que han tenido los principales narradores de la historia oficial para encasillar a determinadas figuras nacionales por su actuación política. En definitiva, si dejamos la historia en manos de los mismos que abrazan las causas de la oligarquía, nos limitamos a conocer únicamente el estigma que cargan los grandes líderes populares de nuestro país y de la Patria Grande latinoamericana. El caso de Eva Perón evidencia estas prácticas historicistas. Sin embargo, la imagen de mujer corajuda, sensible, valiente y conciente del lugar histórico que ocupó desde la Fundación Eva Perón, sigue siendo una constante en la identificación consensuada que hacen tanto liberales, progresistas, peronistas, comunistas y hasta, en algunos casos, algunos sectores de la burguesía que intentan reproducir en Evita un alma voluntarista desprovista de toda ideología (casi como un sentido "maternal" hacia el descamisado), el mismo parámetro de "paternalismo" que realizó la oligarquía con los gauchos: molestaban como actor social, pero eran parte del "paisaje" y había que domesticarlos mediante una limosna, en el mejor de los casos. Quienes hacen esta lectura de Eva, no sólo están equivocados, sino que están ubicados en las antípodas del pensamiento y el compromiso de "esa mujer", que intentaremos empezar a dilucidar en los próximos párrafos. ¿No es acaso la construcción de conocimiento una serie de intentos, buscando distintas variantes para lograr la continuidad y la profundidad de los enfoques?. Esperemos que así sea.
El Amor
Comenzar hablando de "amor" como frase hecha es algo que caracteriza a escritores de distintos géneros literarios. También, en parte, se lo debemos a siglos de humanidad en los cuales el amor se ha transformado en un tema central en nuestras vidas y en gran parte de la conformación de la personalidad de cada uno de nosotros. En ese limbo, muchas veces, los poetas se dejan llevar por el sendero de la pasión, que en su caso es una "pasión orgánica", debido a que no solo sufren y viven la vida como un lamento interminable, sino que además viven de ella y les otorga más capacidades sensitivas cuando la inspiración es necesaria. Como contrapartida a la vida del poeta aparece la idea del compromiso político-social de Evita y aquí tenemos que hacer una salvedad importante antes de continuar el relato: lo político y social no son una mera descripción de dos categorías que podrían ir separadas una de otras, sino que lo político existe cuando es el pueblo quien lleva adelante esa práctica y, de igual manera, lo político resurge cada vez que el pueblo (la identidad nacional) brota inconteniblemente desde el "subsuelo de la Patria".
Retomando el análisis, Eva Perón es la contracara del poeta: su vida está regida por el amor y el dolor, pero no como consecuencias de una vida de sufrimiento extremo-como sí lo es en el caso del escritor-, sino como práctica liberadora y motores políticos para conectarse con lo colectivo, con el otro, con su pueblo amado, con sus "cabecitas negras", con sus descamisados. Todo en Evita se traduce por medio de la relación de amor sin medida entre la causa del pueblo y la imposibilidad de convertirse ella misma en la materialización concreta de las esperanzas de los más humildes. A través del pensamiento de Eva podremos esbozar una lógica del compromiso militante con la Justicia Social que entronca con aquello que "aún falta hacer" pero el tiempo o la coyuntura nunca dan lugar a realizar. En el caso de la Jefa Espiritual de la Nación, esas imágenes aparecen atravesadas por una carga emocional de amor, por un lado, y dolor, por otro, pero ambas en dosis equilibradas. Decíamos antes que Evita representaba la imposibilidad de transformarse en la concreción de las causas pendientes que aún se sostienen a lo largo de nuestra historia. De esta forma, este trabajo apunta a pensar a Eva Perón como una militante comprometida, que realmente no se quitó el alma que trajo de la calle y por eso pudo entablar un diálogo fraterno y consecuente con el pueblo, casi sin intermediarios más que la doctrina justicialista que impulsaba Juan Domingo Perón, parte constituyente de su Amor por la vida y que la llevó a abrazar y defender las causas nobles, de la misma manera que conocía muy bien a los enemigos de la Nación. Sin embargo, Evita puede pensarse también como una figura que siempre se nos presentará fragmentada, casi apareciendo en el centro de la escena por momentos y confluyendo su práctica militante en generaciones posteriores que sintetizaron su ejemplo con el heroísmo del Che Guevara. Es decir, el compromiso de Eva para mejorar la vida de los más humildes trascendió los límites que indica el reloj biológico y sigue marcando a millones de argentinos.
El Dolor
La otra parte constitutiva de Evita en su praxis es el dolor. Transcribo a continuación unas líneas pertenecientes a "Mi Mensaje", libro publicado con posterioridad a su muerte y que Eva escribió meses antes de fallecer, cuando luchaba con todas sus fuerzas contra el cáncer:
"En estos últimos tiempos, durante las horas de mi enfermedad, he pensado muchas veces en este mensaje de mi corazón.
Quizás porque en "La razón de mi vida" no alcancé a decir todo lo que siento y lo que pienso, tengo que escribir otra vez.
He dejado demasiadas entrelíneas que debo llenar; y esta vez no porque yo lo necesite. No. Mejor sería acaso para mí que callase, que no dijese ninguna de las cosas que voy a decir, que quedare para todos, como una palabra definitiva, todo lo que dije en el primero de mis libros, pero mi amor y mi dolor no se conforman con aquella mezcla desordenada de sentimientos y de pensamientos que dejé en las páginas de La razón de mi vida".
Este párrafo ejemplifica lo expuesto anteriormente: Evita siente que, ante la inminencia de la muerte, ha dejado pensamientos abiertos que necesita repensar y volver sobre ellos para profundizarlos, entregando en "Mi Mensaje" un relato personal dramático, pasional y que ahora deposita en las manos del pueblo argentino para defender las conquistas sociales del gobierno peronista. Eva sostenía que la continuidad de su lucha se daría mediante el empoderamiento popular. Y ciertamente, no se equivocó. La resistencia peronista -época que también está cargada de heroísmo, dramatismo y tragedia- tiene una carga subjetiva que estará marcada por el legado de Eva Perón.
Para terminar -al menos por ahora-, comprendamos en su justa medida el Amor y el Dolor que harán de Evita una bandera inquebrantable de las esperanzas populares de este país: "Quiero demasiado a los descamisados, a las mujeres, a los trabajadores de mi pueblo y, por extensión, quiero demasiado a todos los pueblos del mundo, explotados y condenados a muerte por los imperialismos y los privilegiados de la tierra. Me duele demasiado el dolor de los pobres, de los humildes, el gran dolor de tanta humanidad sin sol y sin cielo como para que pueda callar." Aquí, los motores de lucha se transforman en potencia revolucionaria para revelar una verdad colectiva, para iluminar los procesos de liberación que se desarrollaban en aquél entonces, que se profundizaron en los 60/70 y que ahora están retomando con fuerza en América Latina y otras latitudes del mundo en forma de resistencia al neoliberalismo. ¿Podremos como humanidad iniciar un nuevo siglo victorioso? Gran parte de ello dependerá que las bases fundamentales en las que asentemos nuestros pensamientos y prácticas estén ancladas en la realidad nacional y por sobre todas las cosas, en una ética popular y humanista que nos ofrezca una salida ante la barbarie del capitalismo imperial, financiero y saqueador. Es Evita, nuevamente, la encargada de generar en nosotros mismos esas palancas de cambio para impulsarnos a la actuación en política y a transformar las estructuras que sean necesarias modificar en pos de un objetivo supremo: la felicidad del pueblo argentino.
"Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer de pueblo !la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar por el poder ni por la gloria! aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la Humanidad."
martes, 29 de abril de 2014
Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Primera Parte)
Arturo Jauretche fue, indudablemente, el padre de varias generaciones de argentinos que atravesaron gran parte de los hechos fundamentales del siglo XX en la historia de nuestro país. Como no recordarlo en la gesta patriótica junto al grupo F.O.R.J.A (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), espacio político que levantaba las viejas banderas de lucha del radicalismo yrigoyenista, y que luego retrataría literariamente en su poética gauchesca "El Paso de los Libres". En referencia a aquel levantamiento popular, la constitución de F.O.R.J.A junto a Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel Del Mazo y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros, se transformaría en la principal oposición y renovación al radicalismo entreguista de la época que legitimó el golpe del 6 de septiembre de 1930 a cargo de José Félix Uriburu y Agustín P. Justo, responsables de la destitución del presidente democrático Hipólito Yrigoyen.
Revisionismo histórico y radicalismo
En "Política Nacional y Revisionismo Histórico" -fuente documental en la que se basará este escrito-, Don Arturo señala y caracteriza el momento histórico que atravesaba el país y la lucha interna que impregnaba de profundos retrocesos al movimiento nacional, que tenía al radicalismo como un ambiguo, enigmático e incompleto bloque social a la hora de transformarse en punta de lanza de defensa de los intereses populares frente al desguace que proponían los militares, iniciando la conocida "Década Infame". Jauretche apunta que "revisionista era en su origen el radicalismo, desde su primer figura, Alem, a Yrigoyen el organizador que lo llevó a la victoria. Si el primero vio a su padre ahorcado por mazorquero, este era nieto del mismo federal. Sale el radicalismo del seno del alsinismo, que es el primer escenario donde lo popular intenta actuar después de Caseros y en el que comienzan a aparecer los federales radiados. De origen y convicciones federales son los hombres que constituyen los primeros cuadros en provincias y ese es el antecedente con que se los convoca a la acción (Ricardo Caballero, Yrigoyen y la revolución de 1905)." La base popular que nutrió en los primeros tiempos al radicalismo fue la línea federal que sobrevivió al revanchismo de las clases ilustradas posteriores a 1853 (luego de la batalla de Caseros), que encontraron en Domingo Faustino Sarmiento el paradigma de "prototipo europeo" para trasladarlo mecánicamente a nuestro país. El desprecio por lo autóctono fue la base en la que se erigió el gran monumento al mentor de la falsa disyuntiva "Civilización o Barbarie".
Aquí comenzamos a observar la importancia que adquiere el revisionismo histórico para Jauretche a la hora de encontrar las raíces profundas de nuestra Patria y la vinculación de determinados procesos históricos que han sido usados por los vencedores de Caseros para borrar del mapa (con sangre y fuego para exterminar a los seguidores de Juan Manuel de Rosas y con balas de tinta para estigmatizar sus respectivos gobiernos) todo vestigio popular, para silenciar las luchas emancipatorias de nuestro pueblo que se daba a través de las montoneras federales, por medio de sus caudillos como síntesis histórica de modos de organización económico-político en las provincias a contrapartida de la "ciudad puerto" de Buenos Aires. La historia se transforma de esta manera en una herramienta política para el desarrollo de las ideas nacionales, y encierra además la posibilidad de empezar a pensarnos por nosotros mismos, quebrando el sentido colonialista de la educación que reproducía la historia oficial mitrista.
Siguiendo esta línea de análisis, En "Política Nacional y Revisionismo Histórico" (de ahora en más, cada vez que hagamos referencia al libro, aparecerá sintetizado en la sigla PNyRH), "el pueblo ha establecido con facilidad las relaciones de la política con la historia y el por qué del despempeño en desfigurarla y crear en el tiempo soluciones de continuidad, espacios vacíos, en los que el país parece no haber existido, precisamente porque existió en su plenitud soberana, que es la cuestión de la "Patria Grande" y la "Patria Chica". Esta quiere taponar a aquella porque le molesta la presencia del fantasma que se convierte en cosa viviente cada vez que grandes movimientos de pueblo toman la dirección de la colectividad."Retomemos por un momento la idea inicial de pensar el devenir político del radicalismo en pleno desarrollo de la "Década Infame", más precisamente en 1935, cuando nace al calor de los tiempos el grupo F.O.R.J.A como estandarte de defensa de la soberanía nacional, tal como lo enuncian en su manifiesto fundacional (y que no está demás recordarlo a contraluz de la actualidad de una desdibujada y derechista Unión Cívica Radical):
"Somos una Argentina Colonial: queremos ser una Argentina Libre.
La Asamblea Constituyente de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, considerando;
- Que el proceso histórico Argentino en particular y Latinoamérica en general, revelan la existencia de una lucha permanente del pueblo en procura de su Soberanía Popular para la realización de los fines emancipadores de la Revolución Americana, contra las oligarquías como agentes de los imperialismos en su penetración económica, política y cultural, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América.
- Que la Unión Cívica Radical ha sido desde su origen la fuerza coordinadora de esa lucha por el imperio de la Soberanía popular y la realización de sus fines emancipadores.
- Que el actual recrudecimiento de los obstáculos supuestos al ejercicio de la voluntad popular corresponde a una mayor agudización de la realidad colonial, económica y cultural del país;
- Que la tarea de la nueva emancipación se lo pueda realizarse por la acción de los pueblos.
- Que corresponde a la Unión Cívica Radical, ser el instrumento de esa tarea, consumando hasta su totalidad la obra trucada por la desaparición de Hipólito Yrigoyen.
- Que para ello es necesario en el orden interno del Partido, dotarlo de un estatuto que, estableciendo el voto directo del afiliado auténtico y cotizando, asegure la soberanía del pueblo radical, y en orden externo, precisar las causas del enfeudamiento argentino al privilegio de los monopolios extranjeros proponer las soluciones reivindicadoras y adoptar una táctica y los métodos de lucha adecuados a la naturaleza de las obstáculos que se oponen a la realización de las destinos nacionales.
- Que es imprescindible luchar dentro del Partido, para que este recobre la línea de principismo e intransigencia que lo caracterizó desde sus orígenes, única forma de cumplir incorruptiblemente los ideales que le dieron vida y determinan su perduración histórica al servicio de la Nación Argentina.
-Por el radicalismo a la soberanía popular
-Por la soberanía nacional a la emancipación del pueblo argentino."
La declaración de F.O.R.J.A evidenciaba la disputa interna en el seno del radicalismo, entre la línea nacional -expresada en estos jóvenes- y la corriente entreguista que avaló el golpe de 1930. Al respecto, Jauretche sostiene que "paulatinamente el radicalismo fue perdiendo su sentido histórico y es corroborante de lo que venimos sosteniendo señalar que ese proceso es paralelo con la pérdida de su sentido nacional y social, que comenzado con la desvirtuación alvearista terminó por colocarlo en la vereda de enfrente, en la misma línea que la oligarquía con posterioridad a 1935, cuando fue batida totalmente la línea yrigoyenista y el radicalismo se constituyó en uno de los partidos del sistema. La línea histórica, se retrajo en F.O.R.J.A. buscando el reencuentro con el pueblo que halló en el cauce común de 1945, o en la tímida reticencia de algunos intransigentes." De esta forma, Don Arturo nos explica, con su pedagogía amistosa y la templanza argumentativa que asoma detrás de este "gil avivado", el recorrido histórico de la incipiente base de apoyo popular que acumuló el yrigoyenismo hacia la profundización política de ese pueblo trabajador bajo la conducción del General Juan Domingo Perón, evidenciado en primer lugar durante el quiebre histórico del 17 de octubre de 1945 para, posteriormente, coronarlo Presidente el 24 de febrero de 1946. De esta manera, el pueblo argentino ingresaba en la historia del país con una identidad en constante formación y generando mecanismos de lucha propios, convirtiéndose en el actor principal de las transformaciones sociales durante diez años desde el mando del Estado y la particular dinámica del Movimiento Nacional.
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