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lunes, 19 de mayo de 2014

Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Tercera Parte)

 
"El revisionismo se mueve en las avanzadas de esa modificación social, de esa marcha hacia el reencuentro con el pueblo, recrea condiciones de paralelismo con el momento histórico adulterado." (Arturo Jauretche en "Política Nacional y Revisionismo Histórico".)

La falsificación histórica y la lucha de los sobrevivientes

En el artículo anterior, hacíamos hincapié en la forma que el revisionismo histórico, en primer lugar, se había constituido como una trinchera de la formación del pensamiento nacional para poder potenciarlo hacía nuevas formas de interpretar los procesos políticos y dotar al pueblo en su experiencia política, tanto desde su forma movimientista como desde la conducción estratégica del Estado. También, habíamos reafirmado la necesidad de los autores nacionalistas de consolidar a la práctica revisionista como una marca indeleble que acompañe esas construcciones populares para continuar con el relato de las mayorías democráticas mediante un lenguaje y conceptos propios.

En cuanto a la falsificación histórica, uno de los puntos más candentes de la discusión sobre la interpretación de los hechos y de la matriz ideológica con la que se los comprende, Arturo Jauretche razona implacablemente que "extinguida la vieja sociedad argentina, y frente a la falsificación histórica, ella sólo pudo ser contradicha por los sobrevivientes, los testigos de un momento vivo. Será necesario otro momento histórico, un momento de revisión social e ideológica, que provoque la surgencia de las fuerzas reales de la sociedad, para que se cree el ambiente propicio a repensar la historia, a comprender desde otro punto de vista las estructuras artificiales que se han creado, y para cuya subsistencia se hizo una historia también artificial." Esta visión de Don Arturo nos propone, por un lado, combatir a la hegemonía cultural de la oligarquía -los que niegan la historia de los pueblos- a través de las formas de producción de subjetividades populares y su perpetuidad a través de la historia como memoria que habita en el corazón del pueblo argentino. Es desde ese lugar que debemos construir nuestra Patria Grande, y allí se encuentran depositadas las esperanzas para continuar empujando la historia hacia adelante: hacia la definitiva liberación nacional.

Debemos actuar como narradores y constructores históricos de otra realidad política; debemos apelar a la construcción de un movimiento nacional y popular amplio, con todas las diversas corrientes que pueden nutrir y oxigenar la experiencia democrática de las mayorías populares para lograr un quiebre en el empate hegemónico que se produce entre la neo oligarquía cultural y el frente nacional. Como bien dice Jauretche, debemos producir -o ayudar a producir, mejor dicho- la surgencia de las fuerzas, que el subsuelo de la Patria se subleve nuevamente para continuar transitando el camino de la transformación en clave de hermandad latinoamericana. Nuestra historia la escriben los sobrevivientes de las masacres, los que resisten la exclusión política, moral e histórica de los poderosos dueños de estas tierras. Los pueblos de la América Latina, hasta el día de hoy, siguen enseñando el camino a seguir para hacer del mundo un lugar mucho más justo y habitable para todos.

La izquierda mitrista

En su libro "La larga lucha de los argentinos", el historiador Norberto Galasso desarrolla la historia de las corrientes historiográficas nacionales, y respecto a la manera en que la izquierda abstracta (un concepto que también maneja Galasso) caracterizó al peronismo, sostiene que "algunos sectores socialistas y comunistas reconocen los avances sociales producidos, pero los imputan al propósito de engañar a los obreros por parte de "la burguesía y el dictador" y difunden la tesis según la cual el peronismo es el dique de contención usado por la burguesía para impedir la Revolución Social que los partidos de la vieja izquierda se disponían a concretar. Incluso alguna "izquierda -mientras Perón consolida la industrialización y nacionaliza empresas británicas- lo califica de "agente inglés" (Nahuel Moreno)." La utilización del concepto "izquierda mitrista" es pertinente entonces porque entronca en una misma línea al liberalismo de derecha como al de izquierda, ya que sostienen los mismos argumentos -y confluyen además en términos políticos bajo la bandera yanqui y el embajador Spruille Braden- para desacreditar al Presidente Juan Domingo Perón y desde el primer día de gobierno comienzan con el complot para derrocarlo. Lo logarían diez años más tarde, luego de haber bombardeado la Plaza de Mayo, contando con el visto bueno de la iglesia católica, medios de comunicación y sectores reaccionarios del ejército. La Junta Consultiva que legitimó "La Fusiladora" estuvo integrado por los representantes del Partido Socialista Américo Ghioldi, Alicia Moreau de Justo, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto.

Arturo Jauretche es categórico y lapidario a la hora de definir el rol que ocupó la izquierda mitrista en la política argentina: "no ha tenido ninguna significación masiva y ha quedado siempre reducida a un campo intelectual común con el liberalismo, el de la "intelligentzia" cosechando pequeños disconformismos burgueses, inquietudes epidérmicas de estudiantes o escritores, en el intervalo hasta la hora de los tejidos grasos. Constituyen sólo una suma de posturas individuales."

El revisionismo como posibilidad de potenciar el pensamiento nacional y la política popular

De eso se trata pues, este escrito; de la posibilidad de continuar construyendo un pensamiento nacional que desarrolle un paradigma nuevo para aportar -desde la subjetividad de las distintas disciplinas y la práctica política popular- modelos de defensa de la soberanía y vislumbrar más y mejores conquistas sociales desde el Estado y el movimiento. Estos escritos solo han sido puntas o líneas para sumarnos al debate del compromiso del intelectual con la Patria, con la soberanía nacional, con esa idea histórica de los Estados Unidos de América Latina. Debemos, entonces, asumir estas responsabilidades como integrantes de un movimiento amplio que debe aunar en su seno las corrientes peronistas, radicales, socialistas y de la izquierda nacional, para oxigenar sus bases militantes y, sobre todas las cosas, encontrar el cause común entre la construcción de conocimiento y el mundo de los trabajadores. Una cosa no puede ir separada de la otra. El revisionismo, si quiere superarse como práctica histórica, debe utilizar todos estos elementos.

Arturo Jauretche nos empuja a pensar esos caminos de reconstrucción del revisionismo, con su certeza inquebrantable, y sostiene que "en tal momento la tarea revisionista deja de ser la destrucción de la historia falsificada y obliga al historiador a apartarse de la posición necesariamente polémica, negativa, de la etapa anterior. Necesita objetivarse para una nueva polémica, desde la historia ya cierta que debe interpretar." Podemos deducir -de ello- que debemos debatir y discutir estos tiempos políticos con las herramientas analíticas que nos aportan nuestros pensadores nacionales, no solo para dar una conceptualización adecuada a nuestra propia realidad, sino también para transformarnos en intelectuales orgánicos colectivos, y ello implica estudiar y producir un contenido apto para la práctica política en el terreno concreto de la toma de decisiones. No debemos comportarnos como hombres metafísicos; tenemos que desarrollar la organización necesaria para conseguir los resortes del Estado y, desde allí, cambiar la realidad mezquina y obsoleta. Si somos concientes de esto, tenemos que pensar siempre en la construcción del poder popular. Ahí estará la victoria de los próximos debates y hechos políticos de la Argentina que vendrá.

Las fuerzas del pasado siguen teniendo una hegemonía cultural, pero desde el revisionismo podemos dar una lucha contra la línea de defensa mitrista. Don Arturo brinda la esperanza necesaria para creer que podemos hacerlo, solo tenemos que crear desde el corazón del pueblo argentino: "lo vivido no se puede suprimir, como pretendió la Revolución Libertadora, que intentó borrar por decreto doce años de historia argentina, la más inmediata, no interesa saber si buena o mala, pero que es historia; después lógicamente no pudo entender nada, ni en política ni en economía, ni en cultura: en todo. Su posición antihistórica la cegó para toda comprensión y vuelvo aquí a repetir lo que antes he dicho: al reaccionario lo caracteriza, mejor que sus ideas, su incapacidad para comprender la realidad que lo desborda históricamente; no quiere ver la historia porque él mismo es la antihistoria, lo superado." Queda claro que no han podido callar la voluntad popular, ni desaparecer la experiencia política de este bravo pueblo. Mientras continuemos elaborando la historia del movimiento, del subsuelo de la Patria sublevado, de los cabecitas negras, de los descamisados, de los caídos del mapa, estaremos en presencia de la eterna lucha del pueblo argentino por su liberación nacional y revolución social.

Consigna jauretcheana: rehacer la historia

Para finalizar (al menos por ahora), es pertinente hacerlo con una frase de quién ha sido el alma de estos escritos: el gran Arturo Jauretche. Sin lugar a dudas, rehacer la historia desde los movimientos populares y su participación en la política del país abre miles de puertas para empezar a estudiar, a formarse y a desarrollar nuevas teorías y conceptos. Estará en cada uno de nosotros, vinculados en un profundo sentido de pertenencia  humanista con la comunidad que nos realiza, poder saber responder el llamado de esta consigna jauretcheana:

"Hay que rehacer la historia, para poner al descubierto cuáles son los factores que han jugado en ella. Los que han jugado hacia el cumplimiento de nuestro destino natural y lógico, y los que han jugado contra. Descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios y fines. Toda política que no parta del conocimiento de ellos no puede ser una política nacional, y la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o  en contra."

martes, 13 de mayo de 2014

Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Segunda Parte)

 
"Lo nacional está presente exclusivamente cuando está presente el pueblo, y la recíproca; sólo está presente el pueblo cuando está presente lo nacional." (Arturo Jauretche en "Polìtica Nacional y Revisionismo Histórico.")

"Revisar la historia es mirarla con ojos argentinos"

La frase-consigna pertenece a José María Rosa, uno de los historiadores nacionales más importantes y paradigmáticos del revisionismo en nuestro país. En esta segunda entrega, abordaremos el recorrido del revisionismo para rescatar las líneas elementales del pensamiento nacional y constituirse en una trinchera de resistencia frente a la historia oficial, como así también el pasaje hacia una metodología superior que posibilite avanzar sobre el liberalismo y el marxismo. Si revisar la historia es mirarla con ojos argentinos, significa que el camino para encontrar la raíz de nuestra identidad, en íntima relación con la América profunda, está contenida en las experiencias políticas y culturales que nuestro pueblo ha sabido construir en determinados momentos de nuestra vida nacional. A partir de este razonamiento, Arturo Jauretche sostendrá en "Política Nacional y Revisionismo Histórico" que "la Nación es una vida, es decir, una continuidad, noción elemental, pero que, sin embargo, escapa generalmente al pensamiento académico del país, tal vez en la misma medida en que está desvinculado del mismo."

El revisionismo como trinchera popular frente a la historia mitrista

En un primer momento, el revisionismo histórico se conformó como un espacio de intelectuales nacionalistas que centraron su atención en los acontecimientos del pasado, haciendo relecturas sobre determinados personajes históricos y, fundamentalmente, poniendo en contexto las decisiones políticas que cada uno de ellos llevó a cabo en el tiempo y lugar que le tocó dirigir los destinos del país. La discusión sobre los proyectos y programas de Nación, desde la Revolución de Mayo, pasando por Juan Manuel de Rosas, la batalla de Caseros y el triunfo mitrista, Sarmiento, la Generación del 80, Julio Argentino Roca y la consagración de la oligarquía como bloque hegemónico en la cultura, la economía y la política muestra a las claras que los principales aportes iniciales que realiza el revisionismo es la de demostrar que hemos vivido "de prestado" sobre nuestras ideas, es decir, la realidad nacional queda opacada por el romanticismo de las elites económicas y las clases ilustradas culturales que se transformarán en los dueños históricos de la "Patria Chica" que ideológicamente defendió Domingo Faustino Sarmiento.

Basta con leer al propio Jauretche para comprender aún más como ha operado la historia oficial durante décadas: "Toda la historia oficial -de iluministas o no y así hayan empleado el aparato formal de la ciencia histórica al servicio de los supuestos previos que constituyen su característica iluminista- se basa en la exclusión de la sociedad, de los movimientos de las multitudes, y de la realidad económico-geográfica en que se asientan y de la vida cultural propia que representa su continuidad (...) Los personajes, como los de Carlyle, determinan la historia que es una historia de santos y diablos, y de pecados y de virtudes, según sirvan o no la política de esa historia." La sistemática exclusión de los movimientos populares de nuestro país (federalismo, yrigoyenismo, peronismo) a través de la herramienta del falseamiento histórico hegemónico -palanca de cambio que siempre ha estado en manos de la oligarquía terrateniente y cultural-, intenta además desvirtuar el sentido patriótico profundo que contienen estas expresiones políticas que el propio pueblo ha sabido crear mediante la lucha, la resistencia y la defensa de sus intereses democráticos.

La historia de espaldas a los movimientos populares

Para poner nuevamente en contexto la discusión en la que interviene Arturo Jauretche, basta con recordar sus propias palabras, cuando enuncia en PNyRH(1) que "la nueva presencia del pueblo en el Estado, excluido después de Caseros y que reaparece con Yrigoyen con una expresión política de vago sentido social, se profundiza en el proceso de 1945, que se expresó con Perón, con el predominio de lo social y lo económico sobre lo político." Aquí también Don Arturo introduce un planteo acertado: el de la propia dinámica del pueblo argentino que ha ido madurando políticamente, en un proceso de acumulación histórica en términos de creación de subjetividad y de reconocimiento en liderazgos estratégicos (Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón), poniendo de manifiesto la continuidad de una tradición nacional y popular que atraviesa desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.

En cuanto al espacio temporal que centra su estudio el revisionismo histórico, Arturo Jauretche sostiene que "se ha particularizado en un momento de la historia argentina: el que va del año veinte a Caseros, aunque cada vez se extienda más hacia atrás y hacia adelante (...) Nada se puede entender sobre esa época ni lo que ocurrió más adelante si no se trata de entender lo que significó Rosas, como nada podrá entenderse de esta contemporánea si no sabemos, nos guste o no nos guste, que significó Perón y en que medida no es el peronismo resultado de Perón sino a la inversa: Perón resultado del peronismo considerado éste como proceso histórico, como nombre de las nuevas condiciones creadas en el país por su evolución." Estos grandes movimientos heterogéneos que han nutrido los procesos de liberación nacional en nuestro país y que ofrecieron a lo largo de las décadas incansables militantes, intelectuales y revolucionarios consustanciados con la formación de una Patria Grande, trascienden a su vez a los líderes que los conducen. Jauretche se enfoca en Perón para ejemplificar que el peronismo es y seguirá siendo la matriz ideológico-política de la expresión mayoritaria del pueblo en tanto y en cuanto la evolución del proceso histórico (avances-retrocesos, Estado-Movimiento) encuentre al peronismo en la primer línea de batalla de los principales conflictos, disputa y puja de poder con los sectores conservadores, es decir, con la derecha política y los grupos económicos.

La posibilidad de pensar una política nacional

"Pensar una política nacional exige pensar en el país como es, en su geografía, en su población, en su economía, en su cultura. Es como es, ha sido y será: es decir, con una visión dinámica. Y pensarlo de una manera concreta, cosa imposible de realizar si los datos comienzan por ser falsos." (Arturo Jauretche en Política Nacional y Revisionismo Histórico)

Antes habíamos mencionado el falseamiento histórico (concepto en el que nos detendremos en el próximo artículo), pero vayamos dejando algunas puntas abiertas para seguir pensándolo; Si los datos que nos aportan la "intelligentzia" (aquellas gárgolas del statu quo), son falsos, es decir -parados desde el razonamiento "jauretcheano"-, se narra una historia sin pueblo, sin evolución de los procesos históricos, sin conflicto de intereses entre la Patria y la antipatria, sin reconocer la importancia de liderazgos estratégicos, sin comprender las distintas lógicas de conducción política de un Estado, entonces caemos en vaciar la historia de contenido y de falsearla para que sirva a intereses oscuros. El lema "Ni vencedores ni vencidos" que repitiera la "Fusiladora" de 1955 -los militares que bombardearon la Plaza de Mayo y derrocaron a Perón-, ha sido la consigna panfletaria de todo historiador que fue, concientemente, antipopular y escribió la historia de los que ganan, que siempre son aquellos que tienen las riendas de la dominación cultural, los medios de comunicación a su alcance y la posibilidad de otorgar premios y castigos a los escribas naturales de la historia oficial. En esa lucha política interviene el revisionismo histórico como una tacuara montonera que atraviesa de un solo golpe el pecho de la aristocracia del dinero y el colonialismo mental.


(1)Política Nacional y Revisionismo Histórico

martes, 29 de abril de 2014

Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Primera Parte)



Arturo Jauretche fue, indudablemente, el padre de varias generaciones de argentinos que atravesaron gran parte de los hechos fundamentales del siglo XX en la historia de nuestro país. Como no recordarlo en la gesta patriótica junto al grupo F.O.R.J.A (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), espacio político que levantaba las viejas banderas de lucha del radicalismo yrigoyenista, y que luego retrataría literariamente en su poética gauchesca "El Paso de los Libres". En referencia a aquel levantamiento popular, la constitución de F.O.R.J.A junto a Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel Del Mazo y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros, se transformaría en la principal oposición y renovación al radicalismo entreguista de la época que legitimó el golpe del 6 de septiembre de 1930 a cargo de José Félix Uriburu y Agustín P. Justo, responsables de la destitución del presidente democrático Hipólito Yrigoyen.

Revisionismo histórico y radicalismo

En "Política Nacional y Revisionismo Histórico" -fuente documental en la que se basará este escrito-, Don Arturo señala y caracteriza el momento histórico que atravesaba el país y la lucha interna que impregnaba de profundos retrocesos al movimiento nacional, que tenía al radicalismo como un ambiguo, enigmático e incompleto bloque social a la hora de transformarse en punta de lanza de defensa de los intereses populares frente al desguace que proponían los militares, iniciando la conocida "Década Infame". Jauretche apunta que "revisionista era en su origen el radicalismo, desde su primer figura, Alem, a Yrigoyen el organizador que lo llevó a la victoria. Si el primero vio a su padre ahorcado por mazorquero, este era nieto del mismo federal. Sale el radicalismo del seno del alsinismo, que es el primer escenario donde lo popular intenta actuar después de Caseros y en el que comienzan a aparecer los federales radiados. De origen y convicciones federales son los hombres que constituyen los primeros cuadros en provincias y ese es el antecedente con que se los convoca a la acción (Ricardo Caballero, Yrigoyen y la revolución de 1905)."  La base popular que nutrió en los primeros tiempos al radicalismo fue la línea federal que sobrevivió al revanchismo de las clases ilustradas posteriores a 1853 (luego de la batalla de Caseros), que encontraron en Domingo Faustino Sarmiento el paradigma de "prototipo europeo" para trasladarlo mecánicamente a nuestro país. El desprecio por lo autóctono fue la base en la que se erigió el gran monumento al mentor de la falsa disyuntiva "Civilización o Barbarie".

Aquí comenzamos a observar la importancia que adquiere el revisionismo histórico para Jauretche a la hora de encontrar las raíces profundas de nuestra Patria y la vinculación de determinados procesos históricos que han sido usados por los vencedores de Caseros para borrar del mapa (con sangre y fuego para exterminar a los seguidores de Juan Manuel de Rosas y con balas de tinta para estigmatizar sus respectivos gobiernos) todo vestigio popular, para silenciar las luchas emancipatorias de nuestro pueblo que se daba a través de las montoneras federales, por medio de sus caudillos como síntesis histórica de modos de organización económico-político en las provincias a contrapartida de la "ciudad puerto" de Buenos Aires. La historia se transforma de esta manera en una herramienta política para el desarrollo de las ideas nacionales, y encierra además la posibilidad de empezar a pensarnos por nosotros mismos, quebrando el sentido colonialista de la educación que reproducía la historia oficial mitrista.

Siguiendo esta línea de análisis, En "Política Nacional y Revisionismo Histórico" (de ahora en más, cada vez que hagamos referencia al libro, aparecerá sintetizado en la sigla PNyRH), "el pueblo ha establecido con facilidad las relaciones de la política con la historia y el por qué del despempeño en desfigurarla y crear en el tiempo soluciones de continuidad, espacios vacíos, en los que el país parece no haber existido, precisamente porque existió en su plenitud soberana, que es la cuestión de la "Patria Grande" y la "Patria Chica". Esta quiere taponar a aquella porque le molesta la presencia del fantasma que se convierte en cosa viviente cada vez que grandes movimientos de pueblo toman la dirección de la colectividad."

Retomemos por un momento la idea inicial de pensar el devenir político del radicalismo en pleno desarrollo de la "Década Infame", más precisamente en 1935, cuando nace al calor de los tiempos el grupo F.O.R.J.A como estandarte de defensa de la soberanía nacional, tal como lo enuncian en su manifiesto fundacional (y que no está demás recordarlo a contraluz de la actualidad de una desdibujada y derechista Unión Cívica Radical):

"Somos una Argentina Colonial: queremos ser una Argentina Libre.
La Asamblea Constituyente de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, considerando; 

  1. Que el proceso histórico Argentino en particular y Latinoamérica en general, revelan la existencia de una lucha permanente del pueblo en procura de su Soberanía Popular para la realización de los fines emancipadores de la Revolución Americana, contra las oligarquías como agentes de los imperialismos en su penetración económica, política y cultural, que se oponen al total cumplimiento de los destinos de América.
  2. Que la Unión Cívica Radical ha sido desde su origen la fuerza coordinadora de esa lucha por el imperio de la Soberanía popular y la realización de sus fines emancipadores.
  3. Que el actual recrudecimiento de los obstáculos supuestos al ejercicio de la voluntad popular corresponde a una mayor agudización de la realidad colonial, económica y cultural del país;
Declara:
  1. Que la tarea de la nueva emancipación se lo pueda realizarse por la acción de los pueblos.
  2. Que corresponde a la Unión Cívica Radical, ser el instrumento de esa tarea, consumando hasta su totalidad la obra trucada por la desaparición de Hipólito Yrigoyen.
  3. Que para ello es necesario en el orden interno del Partido, dotarlo de un estatuto que, estableciendo el voto directo del afiliado auténtico y cotizando, asegure la soberanía del pueblo radical, y en orden externo, precisar las causas del enfeudamiento argentino al privilegio de los monopolios extranjeros proponer las soluciones reivindicadoras y adoptar una táctica y los métodos de lucha adecuados a la naturaleza de las obstáculos que se oponen a la realización de las destinos nacionales.
  4. Que es imprescindible luchar dentro del Partido, para que este recobre la línea de principismo e intransigencia que lo caracterizó desde sus orígenes, única forma de cumplir incorruptiblemente los ideales que le dieron vida y determinan su perduración histórica al servicio de la Nación Argentina.
Dentro de estos conceptos y tales fines, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, F.O.R.J.A., abre sus puestas a todos los radicales y particularmente a los jóvenes que aspiren a intervenir en la construcción de la Argentina grande y libre soñada por Hipólito Yrigoyen.
-Por el radicalismo a la soberanía popular
-Por la soberanía nacional a la emancipación del pueblo argentino."


La declaración de F.O.R.J.A evidenciaba la disputa interna en el seno del radicalismo, entre la línea nacional -expresada en estos jóvenes- y la corriente entreguista que avaló el golpe de 1930. Al respecto, Jauretche sostiene que "paulatinamente el radicalismo fue perdiendo su sentido histórico y es corroborante de lo que venimos sosteniendo señalar que ese proceso es paralelo con la pérdida de su sentido nacional y social, que comenzado con la desvirtuación alvearista terminó por colocarlo en la vereda de enfrente, en la misma línea que la oligarquía con posterioridad a 1935, cuando fue batida totalmente la línea yrigoyenista y el radicalismo se constituyó en uno de los partidos del sistema. La línea histórica, se retrajo en F.O.R.J.A. buscando el reencuentro con el pueblo que halló en el cauce común de 1945, o en la tímida reticencia de algunos intransigentes." De esta forma, Don Arturo nos explica, con su pedagogía amistosa y la templanza argumentativa que asoma detrás de este "gil avivado", el recorrido histórico de la incipiente base de apoyo popular que acumuló el yrigoyenismo hacia la profundización política de ese pueblo trabajador bajo la conducción del General Juan Domingo Perón, evidenciado en primer lugar durante el quiebre histórico del 17 de octubre de 1945 para, posteriormente, coronarlo Presidente el 24 de febrero de 1946. De esta manera, el pueblo argentino ingresaba en la historia del país con una identidad en constante formación y generando mecanismos de lucha propios, convirtiéndose en el actor principal de las transformaciones sociales durante diez años desde el mando del Estado y la particular dinámica del Movimiento Nacional.