martes, 27 de mayo de 2014

Teoría en acción: el paradigma de John William Cooke para la militancia (II)


"Los valores que no se afincan en lo material están del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora: el fervor militante, el sentido de la Patria como proyecto de liberación, la solidaridad entre los hombres para luchar por una sociedad sin verdugos ni explotados, todo lo que es cálido, generoso, amor por los seres humanos, lealtad a nuestro destino argentino y americano." (John William Cooke)

6) La revolución es profundización

John William Cooke sintetiza en su "programa revolucionario" las siguientes caracterizaciones: "a la política de abandono del control del comercio exterior y del sistema bancario, hay que oponer una política de nacionalizaciones, actualizada y aplicada directamente a la actual realidad. A la política del desarrollo industrial bajo la hegemonía del imperialismo, debemos oponer una política de desarrollo armónico sobre la base del desarrollo industrial independiente."

La profundización del actual proceso político, como así también su consolidación, no es tarea de un único grupo social militante ni de una generación. Sin embargo, la juventud cumple un rol dinámico para caracterizar los puntos altos y bajos del gobierno nacional y el frente político.

Necesitamos poner en discusión interna para llevar a la esfera general las disyuntivas que surgen, a veces como contradicciones creativas (producto del crecimiento) y otras propias de la inoperancia. Este doble carácter en las fallas por la profundización vuelven a ponernos cara a cara con nuestro enemigo de clase: la oligarquía.

A modo de replicar el paradigma de John William Cooke como un ejercicio político para realizar un balance de lo que falta por hacer, aquí aporto algunas contradicciones y puntos flacos que tiene el proyecto nacional y popular en su faceta actual que las organizaciones políticas y sindicales deben apuntalar:

* Poder conseguir mayores grados de defensa de la soberanía nacional (en articulación entre el Estado y las distintas organizaciones populares, políticas y sindicales)
* Consolidación de un Frente Nacional, Popular, Democrático, Revolucionario, Latinoamericanista, Plurinacional y Antiimperialista
* Apoyar a las organizaciones campesinas y de Pueblos-Naciones orginarias ante los crímenes cometidos por la oligarquía terrateniente de la Sociedad Rural Argentina y sus lacayos
* Conseguir un desarrollo productivo, tecnológico e industrial en armonía con la naturaleza y el medio ambiente a través de políticas públicas
* Trabajar en pos de la unidad del Movimiento Obrero, que actualmente se encuentra disgregado en 5 centrales
* Control del comercio exterior por el Estado nacional
* Apoyar y vincularse con agrupaciones de pequeños productores de la tierra y el trabajador rural. Trazar un trabajo en conjunto donde se refleje la identidad nacional y popular del peronismo con el peón de campo
* Nueva ley de Entidades Financieras
* Mercados Centrales en los barrios
* Cadenas de supermercados del Estado
* Enfrentar a las corporaciones sojeras multinacionales (Monsanto) y oponer una política alterativa nacional al modelo extractivo del agro negocio de la soja
* Congelamiento de precios
* Maximizar el control popular de precios y de la cadena de valor
* Promulgar la salida de organismos de presión económica como el CIADI, el GAFI, y derogación de la Ley Antiterrorista
* Creación de mecanismos de regulación estatal sobre la producción agrícola de la oligarquía parasitaria (Junta Nacional de Granos, IAPI, Retenciones, etc, etc)
* Expulsar y condenar a las multinacionales que viven del saqueo de nuestros recursos
* Promover el debate sobre la promulgación de una Constitución Nacional para un Nuevo Estado Plurinacional democrático, en un frente nacional-popular con campesinos e indígenas.

7) La lucha de la juventud es anti-oligárquica

"La juventud tiene su lucha, que es derribar a las oligarquías entregadoras, a los conductores que desorientan y a los intereses extraños que nos explotan." (Arturo Jauretche)

Finalizando con el análisis, el Bebe nos dice al respecto que "destruir a la oligarquía es, en realidad, defender a la Nación. Cambiar las estructuras liberal-burguesas por otras que aseguren el justo reparto del producto social, significa dar contenido nacional a la revolución haciendo de la patria la tierra. Romper las ligaduras imperialistas implica restaurar una unidad real y encarnada en la tierra y en el hombre de una soberanía en plenitud."

Teoría en acción: el paradigma de John William Cooke para la militancia (I)


1) El rol político de la juventud militante

La juventud, en sí misma, no representa un valor distintivo. La importancia que adquiere este grupo etario se logra cuando se organiza políticamente, bajo una doctrina o línea de pensamiento, formando un proceso colectivo de producción militante (nuevas subjetividades populares - formas de organización barriales - culturales - lenguajes - lógicas políticas - categorías de análisis propias).

La doctrina peronista y la experiencia política popular de 1945-1955 nos demuestra que es posible realizar una revolución nacional democrática en donde la Nación se desarrolle completamente, conjugando el nacionalismo económico, la producción industrial, reformas sociales integras traducidas en conquistas para el pueblo, el desarrollo de un Pensamiento Nacional que refuerce nuestra cultura, y la necesidad imperiosa de enfrentar constantemente al enemigo de las mayorías populares democráticas: la oligarquía antinacional, usureros con olor a bosta de caballo y de vaca.

En nuestro tiempo político actual, la disputa sigue siendo la misma. La historia de nuestro país nos demuestra que ha habido un constante recorrido entre revoluciones y contrarrevoluciones como bien lo expuso Jorge Abelardo Ramos en su épico desarrollo del concepto de la lucha de clases en clave nacional. Nuestra historia es la historia de un pueblo mestizo que lucha por la liberación nacional y la revolución social, contra los enemigos internos (corporaciones oligárquicas), y sus socios exteriores. Esta visión, desde el pensamiento autóctono, nos obliga a unirnos y organizarnos detrás de una estrategia política de defensa soberana, latinoamericana, antiimperialista y profundizadora: el Frente de Liberación Nacional.

2) John William Cooke y la lucha por la liberación nacional

"Contar con una información adecuada es no sólo un derecho que la masa peronista se ha ganado en sufridos años de lucha, sino también condición esencial para cumplir su misión histórica de liberar nuestra patria de la explotación nacional e internacional." (John Willliam Cooke en Apuntes para la Militancia)

Como bien explicaba Cooke, es necesario contar con una información adecuada para poder organizar nuestro pensamiento y el plan de acción que adoptemos como línea estratégica. En su libro "La lucha por la liberación nacional", el Bebe Cooke sintetiza la idea de la cuestión nacional y el desarrollo de las fuerzas de avance y retroceso en el país: "todo planteo para la lucha debe partir del conocimiento de nuestra situación de país semicolonial, integrante de un continente semicolonial." Este es el puntapié inicial para adentrarnos en la estrategia libertadora a seguir y el carácter antiimperialista de la batalla política. Cooke, entonces, nos vuelve a hablar: "cualquier política de liberación debe ser, por sobre todo, antiimperialista. La oligarquía nativa es un subproducto que solamente será eliminado cuando se liquide la influencia del imperialismo. La lucha, entonces, es de liberación nacional, para liberar al país y alcanzar su triunfo definitivo en el momento, aún lejano, en que América Latina constituya una unidad real y libre de a opresión de los grandes centros cíclicos."

Cooke también nos enseña que "el peronismo planteó, por primera vez, la posibilidad de un antiimperialismo práctico, desarrollado en medidas concretas que comprendían un sistema defensivo." El peronismo retomó en 2003 el lugar primordial en el frente antiimperialista como conducción política del proceso revolucionario, encontrando su punto máximo en la expulsión del ALCA y el fin de la deuda con el Fondo Monetario Internacional, en aquél entonces.

3) Disputa ideológica en nuestro país

Históricamente, Argentina se debatió entre dos proyectos de país: el de la Nación libre y soberana en construcción hacia la Patria Grande bolivariana-sanmartiniana, y la Patria Chica sarmientina de las elites culturales encerrada en una tranquera y alambrada.

Esa disyuntiva histórica disparó el antagonismo de Domingo Sarmiento "civilización o barbarie". Esta es una falsa óptica, igual de apócrifa como las mentiras en que se sustenta la historia oficial mitrista-liberal que silenció (y silencia) la lucha de nuestro pueblo en busca de la liberación. De esta manera, John William Cooke realiza una caracterización del enemigo de las mayorías populares democráticas: "la primera línea de defensa de la casta dominante está ubicada en el sistema del 53 (1853), que otorga libertades políticas a cambio del respeto por la organización que permite el mantenimiento de las desigualdades sociales. Cuando esa línea es rebasada, está la segunda línea del fraude, cuya característica moderna consiste en la calificación apriorística de cuáles fuerzas son democráticas y cuáles no (...) una clase dominante no abandona sus ventajas ni siquiera por consecuencia con sus propios principios políticos. Es otro caso de "idealismo burgués": se defiende la "libertad" como idea platónica y desencarnada, pero en el terreno vulgar de la práctica se desconoce la condición de libres a los que ponen en peligro sus privilegios. La oligarquía no solamente es dueña de las cosas: también es dueña de las palabras."

4) La universidad y las lógicas intelectuales

En la etapa actual del tiempo político que transitamos, el debate sobre el modelo de universidad no es ajeno a la discusión política sobre los proyectos de país en tensión. En ese sentido, debemos reconocer que la universidad (en su hegemonía) sigue siendo dependiente de las estructuras de análisis y comprensión de la realidad sin inserción nacional, importando conceptos científicos que se vuelven mecanicistas (cuanto menos) y anacrónicos (en el peor de los casos).

Este conservadurismo academicista es un freno de mano para la formación de profesionales que intervengan en los problemas nacionales al estar alienados por conceptos abstractos y poco efectivos, que no tienen asidero en nuestra lucha de liberación.

Esta situación obliga a la juventud militante a transformarse en Órganos Intelectuales Populares, surgidos desde el corazón del pueblo para estudiar el pensamiento nacional y sus corrientes, para producir contenido analítico colectivo que refleje la filosofía de la praxis que nos hablaba Antonio Gramsci: la unidad entre teoría y práctica para intervenir en política.

La experiencia de Cooke, de Gramsci, de Perón, de Evita, del Che y de tantos otros demuestra que es posible la acción política ligada a la producción de herramientas teóricas para reforzar a la primera, y esta a la segunda, en un proceso de comprensión y revisión constante. Esto es también una línea de concebir a la militancia como una forma de vida.

lunes, 19 de mayo de 2014

Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Tercera Parte)

 
"El revisionismo se mueve en las avanzadas de esa modificación social, de esa marcha hacia el reencuentro con el pueblo, recrea condiciones de paralelismo con el momento histórico adulterado." (Arturo Jauretche en "Política Nacional y Revisionismo Histórico".)

La falsificación histórica y la lucha de los sobrevivientes

En el artículo anterior, hacíamos hincapié en la forma que el revisionismo histórico, en primer lugar, se había constituido como una trinchera de la formación del pensamiento nacional para poder potenciarlo hacía nuevas formas de interpretar los procesos políticos y dotar al pueblo en su experiencia política, tanto desde su forma movimientista como desde la conducción estratégica del Estado. También, habíamos reafirmado la necesidad de los autores nacionalistas de consolidar a la práctica revisionista como una marca indeleble que acompañe esas construcciones populares para continuar con el relato de las mayorías democráticas mediante un lenguaje y conceptos propios.

En cuanto a la falsificación histórica, uno de los puntos más candentes de la discusión sobre la interpretación de los hechos y de la matriz ideológica con la que se los comprende, Arturo Jauretche razona implacablemente que "extinguida la vieja sociedad argentina, y frente a la falsificación histórica, ella sólo pudo ser contradicha por los sobrevivientes, los testigos de un momento vivo. Será necesario otro momento histórico, un momento de revisión social e ideológica, que provoque la surgencia de las fuerzas reales de la sociedad, para que se cree el ambiente propicio a repensar la historia, a comprender desde otro punto de vista las estructuras artificiales que se han creado, y para cuya subsistencia se hizo una historia también artificial." Esta visión de Don Arturo nos propone, por un lado, combatir a la hegemonía cultural de la oligarquía -los que niegan la historia de los pueblos- a través de las formas de producción de subjetividades populares y su perpetuidad a través de la historia como memoria que habita en el corazón del pueblo argentino. Es desde ese lugar que debemos construir nuestra Patria Grande, y allí se encuentran depositadas las esperanzas para continuar empujando la historia hacia adelante: hacia la definitiva liberación nacional.

Debemos actuar como narradores y constructores históricos de otra realidad política; debemos apelar a la construcción de un movimiento nacional y popular amplio, con todas las diversas corrientes que pueden nutrir y oxigenar la experiencia democrática de las mayorías populares para lograr un quiebre en el empate hegemónico que se produce entre la neo oligarquía cultural y el frente nacional. Como bien dice Jauretche, debemos producir -o ayudar a producir, mejor dicho- la surgencia de las fuerzas, que el subsuelo de la Patria se subleve nuevamente para continuar transitando el camino de la transformación en clave de hermandad latinoamericana. Nuestra historia la escriben los sobrevivientes de las masacres, los que resisten la exclusión política, moral e histórica de los poderosos dueños de estas tierras. Los pueblos de la América Latina, hasta el día de hoy, siguen enseñando el camino a seguir para hacer del mundo un lugar mucho más justo y habitable para todos.

La izquierda mitrista

En su libro "La larga lucha de los argentinos", el historiador Norberto Galasso desarrolla la historia de las corrientes historiográficas nacionales, y respecto a la manera en que la izquierda abstracta (un concepto que también maneja Galasso) caracterizó al peronismo, sostiene que "algunos sectores socialistas y comunistas reconocen los avances sociales producidos, pero los imputan al propósito de engañar a los obreros por parte de "la burguesía y el dictador" y difunden la tesis según la cual el peronismo es el dique de contención usado por la burguesía para impedir la Revolución Social que los partidos de la vieja izquierda se disponían a concretar. Incluso alguna "izquierda -mientras Perón consolida la industrialización y nacionaliza empresas británicas- lo califica de "agente inglés" (Nahuel Moreno)." La utilización del concepto "izquierda mitrista" es pertinente entonces porque entronca en una misma línea al liberalismo de derecha como al de izquierda, ya que sostienen los mismos argumentos -y confluyen además en términos políticos bajo la bandera yanqui y el embajador Spruille Braden- para desacreditar al Presidente Juan Domingo Perón y desde el primer día de gobierno comienzan con el complot para derrocarlo. Lo logarían diez años más tarde, luego de haber bombardeado la Plaza de Mayo, contando con el visto bueno de la iglesia católica, medios de comunicación y sectores reaccionarios del ejército. La Junta Consultiva que legitimó "La Fusiladora" estuvo integrado por los representantes del Partido Socialista Américo Ghioldi, Alicia Moreau de Justo, Ramón Muñiz y Nicolás Repetto.

Arturo Jauretche es categórico y lapidario a la hora de definir el rol que ocupó la izquierda mitrista en la política argentina: "no ha tenido ninguna significación masiva y ha quedado siempre reducida a un campo intelectual común con el liberalismo, el de la "intelligentzia" cosechando pequeños disconformismos burgueses, inquietudes epidérmicas de estudiantes o escritores, en el intervalo hasta la hora de los tejidos grasos. Constituyen sólo una suma de posturas individuales."

El revisionismo como posibilidad de potenciar el pensamiento nacional y la política popular

De eso se trata pues, este escrito; de la posibilidad de continuar construyendo un pensamiento nacional que desarrolle un paradigma nuevo para aportar -desde la subjetividad de las distintas disciplinas y la práctica política popular- modelos de defensa de la soberanía y vislumbrar más y mejores conquistas sociales desde el Estado y el movimiento. Estos escritos solo han sido puntas o líneas para sumarnos al debate del compromiso del intelectual con la Patria, con la soberanía nacional, con esa idea histórica de los Estados Unidos de América Latina. Debemos, entonces, asumir estas responsabilidades como integrantes de un movimiento amplio que debe aunar en su seno las corrientes peronistas, radicales, socialistas y de la izquierda nacional, para oxigenar sus bases militantes y, sobre todas las cosas, encontrar el cause común entre la construcción de conocimiento y el mundo de los trabajadores. Una cosa no puede ir separada de la otra. El revisionismo, si quiere superarse como práctica histórica, debe utilizar todos estos elementos.

Arturo Jauretche nos empuja a pensar esos caminos de reconstrucción del revisionismo, con su certeza inquebrantable, y sostiene que "en tal momento la tarea revisionista deja de ser la destrucción de la historia falsificada y obliga al historiador a apartarse de la posición necesariamente polémica, negativa, de la etapa anterior. Necesita objetivarse para una nueva polémica, desde la historia ya cierta que debe interpretar." Podemos deducir -de ello- que debemos debatir y discutir estos tiempos políticos con las herramientas analíticas que nos aportan nuestros pensadores nacionales, no solo para dar una conceptualización adecuada a nuestra propia realidad, sino también para transformarnos en intelectuales orgánicos colectivos, y ello implica estudiar y producir un contenido apto para la práctica política en el terreno concreto de la toma de decisiones. No debemos comportarnos como hombres metafísicos; tenemos que desarrollar la organización necesaria para conseguir los resortes del Estado y, desde allí, cambiar la realidad mezquina y obsoleta. Si somos concientes de esto, tenemos que pensar siempre en la construcción del poder popular. Ahí estará la victoria de los próximos debates y hechos políticos de la Argentina que vendrá.

Las fuerzas del pasado siguen teniendo una hegemonía cultural, pero desde el revisionismo podemos dar una lucha contra la línea de defensa mitrista. Don Arturo brinda la esperanza necesaria para creer que podemos hacerlo, solo tenemos que crear desde el corazón del pueblo argentino: "lo vivido no se puede suprimir, como pretendió la Revolución Libertadora, que intentó borrar por decreto doce años de historia argentina, la más inmediata, no interesa saber si buena o mala, pero que es historia; después lógicamente no pudo entender nada, ni en política ni en economía, ni en cultura: en todo. Su posición antihistórica la cegó para toda comprensión y vuelvo aquí a repetir lo que antes he dicho: al reaccionario lo caracteriza, mejor que sus ideas, su incapacidad para comprender la realidad que lo desborda históricamente; no quiere ver la historia porque él mismo es la antihistoria, lo superado." Queda claro que no han podido callar la voluntad popular, ni desaparecer la experiencia política de este bravo pueblo. Mientras continuemos elaborando la historia del movimiento, del subsuelo de la Patria sublevado, de los cabecitas negras, de los descamisados, de los caídos del mapa, estaremos en presencia de la eterna lucha del pueblo argentino por su liberación nacional y revolución social.

Consigna jauretcheana: rehacer la historia

Para finalizar (al menos por ahora), es pertinente hacerlo con una frase de quién ha sido el alma de estos escritos: el gran Arturo Jauretche. Sin lugar a dudas, rehacer la historia desde los movimientos populares y su participación en la política del país abre miles de puertas para empezar a estudiar, a formarse y a desarrollar nuevas teorías y conceptos. Estará en cada uno de nosotros, vinculados en un profundo sentido de pertenencia  humanista con la comunidad que nos realiza, poder saber responder el llamado de esta consigna jauretcheana:

"Hay que rehacer la historia, para poner al descubierto cuáles son los factores que han jugado en ella. Los que han jugado hacia el cumplimiento de nuestro destino natural y lógico, y los que han jugado contra. Descubrir el pasado es descubrir el presente, pues pueden variar los nombres de los actores, y pueden variar los poderes extraños e interesados pero la política de un país es necesariamente la resultante de un conflicto de fuerzas, de medios y fines. Toda política que no parta del conocimiento de ellos no puede ser una política nacional, y la historia es el gran escenario donde esas fuerzas se ponen al descubierto para manejarse a favor o  en contra."

martes, 13 de mayo de 2014

Arturo Jauretche y el revisionismo histórico como herramienta política (Segunda Parte)

 
"Lo nacional está presente exclusivamente cuando está presente el pueblo, y la recíproca; sólo está presente el pueblo cuando está presente lo nacional." (Arturo Jauretche en "Polìtica Nacional y Revisionismo Histórico.")

"Revisar la historia es mirarla con ojos argentinos"

La frase-consigna pertenece a José María Rosa, uno de los historiadores nacionales más importantes y paradigmáticos del revisionismo en nuestro país. En esta segunda entrega, abordaremos el recorrido del revisionismo para rescatar las líneas elementales del pensamiento nacional y constituirse en una trinchera de resistencia frente a la historia oficial, como así también el pasaje hacia una metodología superior que posibilite avanzar sobre el liberalismo y el marxismo. Si revisar la historia es mirarla con ojos argentinos, significa que el camino para encontrar la raíz de nuestra identidad, en íntima relación con la América profunda, está contenida en las experiencias políticas y culturales que nuestro pueblo ha sabido construir en determinados momentos de nuestra vida nacional. A partir de este razonamiento, Arturo Jauretche sostendrá en "Política Nacional y Revisionismo Histórico" que "la Nación es una vida, es decir, una continuidad, noción elemental, pero que, sin embargo, escapa generalmente al pensamiento académico del país, tal vez en la misma medida en que está desvinculado del mismo."

El revisionismo como trinchera popular frente a la historia mitrista

En un primer momento, el revisionismo histórico se conformó como un espacio de intelectuales nacionalistas que centraron su atención en los acontecimientos del pasado, haciendo relecturas sobre determinados personajes históricos y, fundamentalmente, poniendo en contexto las decisiones políticas que cada uno de ellos llevó a cabo en el tiempo y lugar que le tocó dirigir los destinos del país. La discusión sobre los proyectos y programas de Nación, desde la Revolución de Mayo, pasando por Juan Manuel de Rosas, la batalla de Caseros y el triunfo mitrista, Sarmiento, la Generación del 80, Julio Argentino Roca y la consagración de la oligarquía como bloque hegemónico en la cultura, la economía y la política muestra a las claras que los principales aportes iniciales que realiza el revisionismo es la de demostrar que hemos vivido "de prestado" sobre nuestras ideas, es decir, la realidad nacional queda opacada por el romanticismo de las elites económicas y las clases ilustradas culturales que se transformarán en los dueños históricos de la "Patria Chica" que ideológicamente defendió Domingo Faustino Sarmiento.

Basta con leer al propio Jauretche para comprender aún más como ha operado la historia oficial durante décadas: "Toda la historia oficial -de iluministas o no y así hayan empleado el aparato formal de la ciencia histórica al servicio de los supuestos previos que constituyen su característica iluminista- se basa en la exclusión de la sociedad, de los movimientos de las multitudes, y de la realidad económico-geográfica en que se asientan y de la vida cultural propia que representa su continuidad (...) Los personajes, como los de Carlyle, determinan la historia que es una historia de santos y diablos, y de pecados y de virtudes, según sirvan o no la política de esa historia." La sistemática exclusión de los movimientos populares de nuestro país (federalismo, yrigoyenismo, peronismo) a través de la herramienta del falseamiento histórico hegemónico -palanca de cambio que siempre ha estado en manos de la oligarquía terrateniente y cultural-, intenta además desvirtuar el sentido patriótico profundo que contienen estas expresiones políticas que el propio pueblo ha sabido crear mediante la lucha, la resistencia y la defensa de sus intereses democráticos.

La historia de espaldas a los movimientos populares

Para poner nuevamente en contexto la discusión en la que interviene Arturo Jauretche, basta con recordar sus propias palabras, cuando enuncia en PNyRH(1) que "la nueva presencia del pueblo en el Estado, excluido después de Caseros y que reaparece con Yrigoyen con una expresión política de vago sentido social, se profundiza en el proceso de 1945, que se expresó con Perón, con el predominio de lo social y lo económico sobre lo político." Aquí también Don Arturo introduce un planteo acertado: el de la propia dinámica del pueblo argentino que ha ido madurando políticamente, en un proceso de acumulación histórica en términos de creación de subjetividad y de reconocimiento en liderazgos estratégicos (Juan Manuel de Rosas, Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón), poniendo de manifiesto la continuidad de una tradición nacional y popular que atraviesa desde la segunda mitad del siglo XIX hasta nuestros días.

En cuanto al espacio temporal que centra su estudio el revisionismo histórico, Arturo Jauretche sostiene que "se ha particularizado en un momento de la historia argentina: el que va del año veinte a Caseros, aunque cada vez se extienda más hacia atrás y hacia adelante (...) Nada se puede entender sobre esa época ni lo que ocurrió más adelante si no se trata de entender lo que significó Rosas, como nada podrá entenderse de esta contemporánea si no sabemos, nos guste o no nos guste, que significó Perón y en que medida no es el peronismo resultado de Perón sino a la inversa: Perón resultado del peronismo considerado éste como proceso histórico, como nombre de las nuevas condiciones creadas en el país por su evolución." Estos grandes movimientos heterogéneos que han nutrido los procesos de liberación nacional en nuestro país y que ofrecieron a lo largo de las décadas incansables militantes, intelectuales y revolucionarios consustanciados con la formación de una Patria Grande, trascienden a su vez a los líderes que los conducen. Jauretche se enfoca en Perón para ejemplificar que el peronismo es y seguirá siendo la matriz ideológico-política de la expresión mayoritaria del pueblo en tanto y en cuanto la evolución del proceso histórico (avances-retrocesos, Estado-Movimiento) encuentre al peronismo en la primer línea de batalla de los principales conflictos, disputa y puja de poder con los sectores conservadores, es decir, con la derecha política y los grupos económicos.

La posibilidad de pensar una política nacional

"Pensar una política nacional exige pensar en el país como es, en su geografía, en su población, en su economía, en su cultura. Es como es, ha sido y será: es decir, con una visión dinámica. Y pensarlo de una manera concreta, cosa imposible de realizar si los datos comienzan por ser falsos." (Arturo Jauretche en Política Nacional y Revisionismo Histórico)

Antes habíamos mencionado el falseamiento histórico (concepto en el que nos detendremos en el próximo artículo), pero vayamos dejando algunas puntas abiertas para seguir pensándolo; Si los datos que nos aportan la "intelligentzia" (aquellas gárgolas del statu quo), son falsos, es decir -parados desde el razonamiento "jauretcheano"-, se narra una historia sin pueblo, sin evolución de los procesos históricos, sin conflicto de intereses entre la Patria y la antipatria, sin reconocer la importancia de liderazgos estratégicos, sin comprender las distintas lógicas de conducción política de un Estado, entonces caemos en vaciar la historia de contenido y de falsearla para que sirva a intereses oscuros. El lema "Ni vencedores ni vencidos" que repitiera la "Fusiladora" de 1955 -los militares que bombardearon la Plaza de Mayo y derrocaron a Perón-, ha sido la consigna panfletaria de todo historiador que fue, concientemente, antipopular y escribió la historia de los que ganan, que siempre son aquellos que tienen las riendas de la dominación cultural, los medios de comunicación a su alcance y la posibilidad de otorgar premios y castigos a los escribas naturales de la historia oficial. En esa lucha política interviene el revisionismo histórico como una tacuara montonera que atraviesa de un solo golpe el pecho de la aristocracia del dinero y el colonialismo mental.


(1)Política Nacional y Revisionismo Histórico