lunes, 29 de septiembre de 2014

Sobre el concepto de irreversibilidad y el rol de las organizaciones políticas





El acto de La Cámpora en Argentinos Juniors que reunió a más de 40 mil militantes de dicha organización –que contó con la presencia y el apoyo de varios representantes de otras expresiones del kirchnerismo- ha dejado varios puntos para analizar, a casi dos semanas del hecho político de la agrupación más cercana a la Presidenta.
La Agencia Paco Urondo fue uno de los medios de comunicación que más se interesó por realizar un balance del acto camporista en el estadio “Diego Armando Maradona”. En un primer momento, la agencia a la que hacemos referencia comenzó está serie de notas con una entrevista al diputado nacional Andrés Larroque, Secretario General de La Cámpora, realizada por José Cornejo. En la misma, el “Cuervo” (como se lo conoce en el ámbito de la militancia kirchnerista) hace eje en varios puntos que hoy por hoy están discutiendo todas las agrupaciones del “universo K”: acumulación de fuerza, estigmatización a las organizaciones políticas afines al Gobierno Nacional, el Unidos y Organizados, las candidaturas del 2015, el rol de las agrupaciones más grandes, entre otras.
Pero volvamos al eje central de este texto que es el concepto de irreversibilidad. Larroque sostiene que desde la conducción de Cristina hasta los lineamientos de este proyecto, sus banderas, son irreversibles. También es irreversible la concepción de que la política es una herramienta de transformación. Para muchos jóvenes de otros momentos eso no era así. Por eso, nosotros vemos a esta organización más allá de los plazos institucionales. De cualquier modo, y más allá de todo, es un acto en apoyo a Cristina. En la medida que podamos congregar el mayor respaldo a este proyecto político, que entendemos que es respaldar al pueblo mismo en su estrategia de organización, será muy importante de cara a los años venideros para que no se retroceda.”
La frase –o el argumento, mejor dicho- del Diputado del Frente Para la Victoria ronda en un lugar común del kirchnerismo (que no necesariamente tienen porque ser negativo), y es el de centrar la atención en la idea de “la orga”, es decir, de ver la política y la táctica a partir del núcleo militante al cual se pertenece y descontextualizar la amplia base de sustentación y apoyo que tiene un proyecto histórico como el que rescató y propone día a día la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Nadie puede estar en contra de lo que Larroque asegura en ese apartado, pero los hechos demuestran que los últimos procesos de unidad y organización que han surgido desde el poder central del kirchnerismo hacia las bases del movimiento han sido insuficientes y muchas veces boicoteados por un mal manejo político y destructor de consensos de las organizaciones que se proclaman hegemónicas, como La Cámpora o el Movimiento Evita, dos “pesos pesados” que no pudieron confluir y dirimir sus diferencias en el Unidos y Organizados.
Con un recorrido de 10 años de gobierno popular y de reconstrucción de un movimiento histórico, las organizaciones kirchneristas que se convocaron para el lanzamiento del Frente Unidos y Organizados no han podido encontrar una dinámica acorde al supuesto de la “Nueva Política”. Lo viejo muchas veces se presenta como lo nuevo para arrastrarnos a todos bajo una lógica maniquea de pensar al poder popular dentro de los límites capitalistas de la política del marketing: acumulación númerica para negociar en mesas chicas un cargo rentado o una banca de concejal, diputado o senador.
El ejemplo de irreversibilidad más cercano en el tiempo que tenemos es el neoliberalismo y su estructura económica-cultural que aún sigue vigente y amenaza con volver todo el tiempo a comandar los resortes del Estado para disciplinar a los trabajadores y al pueblo argentino. Desde el 24 de marzo de 1976, cuando comenzó la destrucción del proyecto peronista y la comunidad organizada –que había conseguido sostener la idea de la irreversibilidad- queda inaugurado en nuestro país la era neoliberal a sangre, fuego, desapariciones, muerte y torturas.
Hoy, la neo-derecha cultural encarnada en los multimedios de comunicación concentrados, el fuerte lobby de la Iglesia Católica, los grupos económicos, la Unión Industrial, la Sociedad Rural y los agro-capitalistas inmorales, el Poder Judicial y los empresarios especuladores que generan la inflación y retienen los productos de comercialización son los enemigos no solo de un gobierno nacional, sino de un proyecto de país con soberanía política, independencia económica y justicia social, sea quien fuere el conductor de un proceso histórico de esas características. Busquemos en nuestra historia y lo veremos: Manuel Dorrego fusilado por “la aristocracia del dinero”; Juan Manuel de Rosas, tras defender la soberanía nacional en Vuelta de Obligado, es derrotado en Caseros por Mitre y exiliado en Gran Bretaña; Hipólito Yrigoyen es derrocado en 1930 luego de la creación de YPF, que ponía al petróleo al servicio del Estado Nacional; Juan Domingo Perón, tras 10 años de gobierno y conquistas sociales significativas como nunca en nuestra historia, es bombardeado por la Marina, la Iglesias Católica y la derecha, donde cientos de argentinos son masacrados, para luego ser destituido meses después y comenzará un periplo que lo llevará por Paraguay, Centroamérica, y finalizará en España.
El destino de un proyecto nacional y popular ha estado, en lo cotidiano, marcado por la tragedia.  Los caminos de liberación de la Patria no son fáciles, nuestra historia lo demuestra. Aún así, estos actos políticos que conjugan lo masivo con lo popular le devuelven al kirchnerismo una posición activa en el tablero político no solo de cara a las elecciones nacionales del 2015, sino en el enfrentamiento con los enemigos internos y externos, como lo es la lucha contra los Fondos Buitres, vanguardia del capitalismo financiero sanguinario.
Pensar el rol de las organizaciones del kirchnerismo es pensar también una política de masas. Entender que el poder no está en una agrupación por más cercana al Gobierno Nacional, sino en abrir el juego de discusión y oxigenación hacia el interior del propio kirchnerismo para unir y organizar tras un objetivo de trascendencia, a largo plazo. Ese es el desafío más grande que tenemos los militantes de base que formamos parte de un proyecto de Patria Grande. Más que respuestas, solo dejar algunas preguntas flotando en el aire: ¿por qué  no se pone en primer plano a los trabajadores como columna vertebral? ¿por qué pareciera que Cristina Fernández de Kirchner únicamente tiene confianza en La Cámpora? ¿es posible una unidad y organización desde las bases? ¿las agrupaciones hegemónicas del kirchnerismo están a la altura de propiciar la discusión y poner en primer plano estas críticas? ¿cómo hacer para recomponer la articulación con sindicatos compañeros para dotar al kirchnerismo de una fuerza  que posibilite seguir construyendo el Estado de Plena Justicia Social y que avance hacia un horizonte de mayores grados nacionalización de la economía y de socialización de la riqueza? ¿En qué quedarán los Encuentros de la Militancia? ¿cómo construir una Agenda del Pueblo? ¿Qué rol deben jugar las universidades nacionales para aportar a la construcción de una Patria Grande irreversible?
La irreversibilidad, en los términos que debemos pensarla, no pasan por una democracia de partidos que se turnen en el comando del Estado, sino por crear nuevos “refugios” que aseguren una institucionalización del proceso político abierto, y que sea imposible que un gobierno neoliberal lo haga volver atrás, retrasando el desarrollo del pueblo argentino. Por otro lado, hace falta un amplio movimiento popular que defienda las conquistas y los derechos sociales obtenidos, de los cuales fueron participes activos, para arraigar en la conciencia de los trabajadores una perspectiva de “profundización permanente”.  El kirchnerismo se constituyó sobre la base del conflicto permanente con los enemigos históricos, ahí fue cuando sacó su mejor cara y fue forjando su identidad en forma colectiva. Debemos continuar esa línea para lograr irreversibilidad cultural y, por sobre todas las cosas, asegurar la felicidad del pueblo argentino, como reza la doctrina peronista.
 

domingo, 28 de septiembre de 2014

El lenguaje herético del peronismo


Básicamente, el peronismo en nuestra ciudad se encuentra en una disyuntiva:  consolidarse como un bastión de la cadena liberal del sentido común dominante (junto con el Frente Progresista Cívico y Social de la intendenta Mónica Fein, los radicales de Boasso, Schmuck, Rossua, y el PRO  de Lopez Molina y compañía), o deja salir su barbarie, su sentido de pertenencia, aquél subsuelo de la patria sublevado que se convierte en hecho maldito del país burgués, construyendo poder popular para llegar a comandar los resortes del Estado a través del reverso de la ciudad naranja: las comunidades que integramos los barrios.


Volver a la base de constitución de un proyecto histórico nacional y popular en nuestra ciudad
Nuevamente, como decía Rodolfo Kusch, el hedor de la América profunda se enfrenta a la pulcritud de lo irreal. Las contradicciones en Rosario se expresan a través de una lucha entre fuerzas sociales y no entre partidos políticos, parafraseando a John Willliam Cooke. El peronismo encierra en su movimiento demoníaco una violencia incontenible que hace temblar “a los de arriba” y llenar de esperanza a los de abajo. El espíritu combativo del peronismo no está en un museo, ni en un libro, ni en las grandes declamaciones retóricas de dos o tres caudillitos improvisados que se venden como candidatos en tiempos electorales, sino que late vivo en el corazón del pueblo argentino y en la memoria colectiva de las resistencias históricas que dinamizaron al frente nacional y popular a lo largo de su conformación y existencia en estos 70 años.

Retomando la idea del reverso de la ciudad para dotar al peronismo rosarino de un espíritu indestructible y de la necesidad del humanismo revolucionario para poner fin a esta crisis existencial de la vida en comunidad en nuestra ciudad, Rodolfo Kusch vuelve a instruirnos: “Es indudable que nuestros luchadores de izquierda y de derecha no quieren advertir que ellos están parados sobre la mitad del hombre como la cigüeña. Ellos sueñan con las reivindicaciones sociales de una masa que no conocen, pero solo para asumir ellos mismos un papel social gratuito, con el secreto afán de convertirse alguna vez en clase dirigente”(1).  Kusch nos invita a propiciar, a dejar fluir, a fundirse con el pueblo, no tanto para cooptar y acumular para algún dirigente medio, sino para lograr un amplio marco de identificación con un proyecto histórico que está vivo, que respira, que se reproduce en la periferia y que debe institucionalizarse en organizaciones libres del pueblo (vecinales, clubes, centros de salud, etc) como elementos de nuevos valores y ordenadores de la vida en comunidad, mientras que, en el plano del movimiento, debe avanzar hacia mayores lazos de unidad y organización con otras agrupaciones políticas, sociales, de base, sindicales.  
De igual forma, Rodolfo Kusch sostiene que “en América no nos podemos limitar cómodamente a aplicar doctrinas. Ella exige ante todo una doctrina que no sólo contemple la necesidad de una transformación de las estructuras sociales y políticas o económicas, sino que también incluya la peculiar manera de ver y de sentir al hombre que alienta en el indio y en el mestizo, eso que llamé en otra oportunidad el estar.”(2) Este llamado imperioso de volver al hombre, la comprensión del mundo desde lo propio, con sus características avanzadas y sus sentidos conservadores, intentando bucear en las contradicciones para contemplar a la vida en el barrio como exponente desde donde partir para proseguir en forma colectiva hacia la acumulación de fuerza popular para organizar mayores núcleos de nuestro pueblo, en una firme construcción de instancias que nos posibiliten disputar –como movimiento político-cultural de liberación humanista comunitaria- la conformación de un Estado de Plena Justicia Social para estar en mejores condiciones frente a los poderes concentrados (grupos económicos), que en nuestra ciudad y provincia se encuentran representados en los empresarios especuladores del negocio inmobiliario, el Poder Judicial, la Mesa de Enlace  y los agro-garcas que guardan la cosecha de soja en silobolsa, la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial, la Fundación Libertad como usina de pensamiento del orden liberal que le da basamento ideológico al proyecto de la gran burguesía, y la casta política de derecha neoliberal e izquierda abstracta (por ende también neoliberal) que son garantes del statu quo de los poderes económicos en nuestra zona. La solución no llegará por medio de fórmulas mágicas, sino a través de la unidad de base (el trabajo directo con el reverso de la ciudad, los barrios de la periferia, los olvidados, los excluidos, los sin nombre, los sin techo) y la constitución de instancias políticas de encuentro y organización superadoras a las ya existentes, que evidentemente son muy precarias.

En esto, Rodolfo Kusch es lapidario: “nosotros, como clase media, sometida místicamente a un gran plan, el de la burguesía europea de los últimos doscientos años, herederos de los objetos industriales, imbuidos de esa rara sencillez, como de regla de tres simple con que resolvemos todos los problemas y corregimos siempre al mundo,  tensos en medio de una oligarquía ganadera y un proletariado mestizo dentro de una ciudad amurallada, sin tiempo para mirar por lo que está más allá de la muralla, ni lo que está adentro de nosotros, sin una real finalidad en nuestras vidas fuera de esas etiquetas políticas que nos adosamos, o de las cositas que compramos, individualistas acérrimos, aun cuando entramos en un partido de izquierda: ¿cuándo y con qué medios aceptaríamos ese aporte profundo de América para resolver realmente el problema menudo y fácil de su economía, su sociedad y su cultura? ¿Cómo no vamos a desechar por monstruosa esa pesada humanidad que alienta en el indio de las comunidades agrarias, cuya principal característica y, quizá, la más chocante para nuestros prejuicios de clase media, es la de que vive sin urgencia?”(3) Debemos generar lazos comunes y profundos con nuestro pueblo para conformar un bloque histórico sólido, en donde todas las expresiones culturales que dan sentido a nuestra Patria Grande y la nutren constantemente, que pueda seguir dando batalla contra los enemigos históricos más allá de las coyunturas, y tenga como fin último la felicidad como máximo anhelo de una comunidad organizada. Tampoco hay una receta para encontrar alternativas, sino que es multicausal, como así también lo es nuestro pueblo mestizo. Por ende, toda generación tiene derecho a inventar e insistir en una forma de militancia que trascienda las pautas ya conocidas. Inventemos o erramos.

Kusch insiste:
“Realmente, ¿cuándo comprenderemos que la clave no está en arreglar a América, sino en someternos a ella y adquirir el plan de vida que le es implícito? Claro que para ello será preciso que recobremos una idea más profunda del hombre, y no continuemos en este juego gratuito de repetir, marxistas y democráticos, los preconceptos de una cultura burguesa occidental, como si estuviéramos dando la lección prolijamente en la escuela.
Es que tenemos un profundo miedo de apartarnos del gran plan. Del otro lado siempre se da el demonio, algo así como la anti-materia en física, algo que nos pudiera hacer zozobrar y que denominamos, un poco tapándonos las narices: peronismo, “cabecitas negras”, montonera, indios, villas miseria, lumpen o lo que fuera. Pero todo ello no es otra cosa que algo que no cumple el plan, sólo porque tiene ya el suyo propio.
Porque, ¿qué pasaría si aceptáramos sin más eso que América trae consigo en su plan en materia política o económica? Ya dijimos que lo peculiar de América, eso que yace en lo más hondo de ella, es su profundo estar, algo así como un dejarse estar, eso mismo que se traduce en Bolivia o en Perú o en el Norte argentino como una imposibilidad de darles a esos países o a esa zona la fisonomía liberal y democrática que toda nación correcta, creemos, debe tener hoy en día. Y nosotros estamos en un ritmo opuesto, una especie de ser alguien competitivo y creador que nos lleva precisamente a disfrutar de los beneficios del siglo XX.

Y es más. Ese mero estar de América implica soluciones políticas y económicas contrarias, como comunidad, y economía del amparo en oposición a una economía liberal del desamparo; además, una libertad que sólo se concreta al hecho moral de optar por el bien o el mal, y esa profunda escasez que apunta hacia una ausencia de la propiedad, o más bien, a una indiferencia por parte del indio o del campesino mestizo de lograrla con su propio esfuerzo.
¿Y vamos a asumir esa característica y hacerla propia? ¿Quién sacrificaría sin más eso de que está hecho en la gran ciudad y sustituye la sociedad civil, en la cual todos hacen lo que quieren y pueden guiarse por sus propios intereses, por la comunidad en la cual todo está reglamentado? ¿Quién reemplaza además el individuo por la totalidad, la libertad de tener propiedades por la libertad moral, la inteligencia por la simple fe?

Razones de historia y además ese afán de sentirse cómodo en medio de sus categorías ya adquiridas y defendidas por todos, lo impiden. Acaso, ¿quién nos saca la convicción de que estamos usufructuando la máxima expresión de la vida, la más confortable y la más inteligente en la evolución de la humanidad?”(4)

Básicamente, el peronismo en nuestra ciudad se encuentra en una disyuntiva:  consolidarse como un bastión de la cadena liberal del sentido común dominante (junto con el Frente Progresista Cívico y Social de la intendenta Mónica Fein, los radicales de Boasso, Schmuck, Rossua, y el PRO  de Lopez Molina y compañía), o deja salir su barbarie, su sentido de pertenencia, aquél subsuelo de la patria sublevado que se convierte en hecho maldito del país burgués, construyendo poder popular para llegar a comandar los resortes del Estado a través del reverso de la ciudad naranja: las comunidades que integramos los barrios.
A modo de conclusión de este escrito, Rodolfo Kusch vuelve, una y otra vez, a invitarnos a la reflexión en torno al movimiento peronista que queremos afianzar desde sus raíces: “la historia argentina para una clase media apenas comienza con el gobierno de Yrigoyen, porque con él asciende al poder, luego pasa al llano con la reacción y es desmembrada durante la época de Perón, quien le frustra su afán de convertirse en clase dirigente.”(5)

El peronismo tiene un lenguaje herético cultural, que incomoda, que viene a romper con las líneas liberales del Estado, el pueblo, la vida en comunidad, la democracia, etc. El peronismo le saca una ventaja importante a otros discursos supuestamente combativos (como la izquierda), ya que el peronismo es praxis: disputa poder real con la clase dominante, ya que tiene la acumulación de fuerza para hacerlo. Rosario no aguanta más y nosotros, las fuerzas populares, diseminados en muchos puños que no golpean juntos contra el enemigo histórico en nuestra zona. Ha llegado el momento de la unidad más allá de las organizaciones políticas y que el peronismo trascienda, en nuestra ciudad, como un elemento cultural que rompa con la destrucción social a la que nos está llevando el Frente Progresista Cívico y Social. Las respuestas, como siempre, se encuentran en nuestro valiente pueblo, reserva moral de la Patria.

Notas
1)      Kusch, Rodolfo, Obras Completas volumen I (Rosario, Santa Fe), 2007, pp. 314.
2)      ibid, pp. 314.
3)      Ibid, pp 315-316.
4)      Ibid, pp 316-317.
5)      Ibid, pp 307.