jueves, 21 de agosto de 2014

Hablemos de violencia


El Domingo Cavallo que publicó recientemente el libro “Camino a la estabilidad. Cómo derrotar a la inflación para avanzar hacia el desarrollo económico y el progreso social” es el mismo Domingo Cavallo que en los noventas firmó la entrega del Estado de manera lapidaria y definitiva, que ponía fin a cualquier política de avance social que había realizado efectivamente el peronismo a lo largo de su historia. El Consenso de Washington puso nombre y apellido al desguace de la Nación en su conjunto. La traición, la dependencia y el cipayismo salvaje rifaban las empresas públicas para privatizar las telecomunicaciones, el ferrocarril, multimedios de comunicación, el correo, entre tantas otras, y lo que era de todos, los derechos sociales, se volvían mercancía en manos de unos pocos empresarios mercenarios que engordaban sus bolsillos a costa del hambre y el desempleo del pueblo argentino.

 Millones de compatriotas se unían al piquete para hacer saber que la resistencia al neoliberalismo podía oler a caucho quemado. De norte a sur, a lo largo del país, el movimiento piquetero y de desocupados se organizaba, con sus métodos de luchas disponibles, artesanales muchas veces, pero con un recorrido histórico tras sus espaldas. Fue Norma Pla la chispa que encendió la pradera. Nuestra generación, jóvenes que llegamos a realizar nuestra vida en aquél entonces y recuperamos la ilusión con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, veíamos llegar derrotados a nuestros padres cada noche, que se sentaban a la mesa con el fracaso y la desesperanza colgando de su espalda, de aquella espalda de laburantes que años antes sostenía una mochila con una muda de ropa de trabajo, un jabón, una toalla, y era su compañera ante cualquier imprevisto en la fábrica. Las jornadas de laburo arrancaban temprano, por eso salía el viejo a las 5 y media para entrar a las 7 los días que la moto se rompía o llovía. Somos los hijos de la década perdida. Somos los constructores y guardianes de esta década ganada. Seremos los combatientes de las próximas décadas por ganar, para seguir iluminando el camino hacia la liberación definitiva de esta Patria, sin buitres, sin cadenas imperialistas, pero somos conscientes que es una lucha a largo plazo. Puede haber cansancio y desgaste, pero hay que recuperarse rápido para defender al país contra los hijos de puta de adentro y de afuera. Si de algo estamos seguros es que los hijos de puta no tienen patria.

Hablemos de violencia. Ayer, al llegar a mi casa luego del trabajo, me topé con la noticia: le habían arrojado huevos a Domingo Cavallo, el mismo Domingo Cavallo que recortó los aportes jubilatorios un 13 por ciento a nuestros abuelos y autor del megacanje y el corralito del 2001, el mismo cínico que lloró ante Norma Pla y que se arrodillo frente al Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. El mismo vendepatria que regaló nuestra soberanía frente al imperio norteamericano, que vació la industria como lo hiciera el finado ministro de economía de la Dictadura del 76, Martínez de Hoz. El mismo que se encuentra procesado junto a Carlos Menem por la venta irregular de predios públicos (Plaza Salvador María del Carril de Retiro y el predio ferial de Palermo a la Sociedad Rural Argentina). Ese es Domingo Cavallo, el que se pavonea por los canales de televisión para vender su libro, pero intenta hacer mucho más que eso: el fantasma de Cavallo es un espectro vivo que busca retroalimentar el lobby multimediático cultural de la derecha neoliberal rancia, racista, homofóbica, xenófoba y misógina que quiere volver a conducir los resortes del Estado para aplicar su política económica de miseria planificada, un nuevo genocidio económico, como bien relatara Rodolfo Walsh en su gran “Carta de un Escritor a la junta militar”. Domingo Cavallo representa ese proyecto de país de una patria chica sarmientina, alambrada tras un cerco custodiada por un milico y llenando de olor a bosta todo a su alrededor. Sabemos de qué lado están. Tenemos conciencia de que lado estamos. Los más “correctos”, pseudo intelectuales orgánicos de la derecha y algunos malos personajes mediáticos de televisión trasnochada de domingo le llaman “la grieta”. Nosotros,  desde esta trinchera popular, le decimos lucha por la liberación nacional, porque queremos ser libres, soberanos y justos, y no podemos serlo si ellos manejan el sentido común dominante. ¿Ahora entendés nuestra batalla cultural? ¿Ahora entendés cual es nuestro proyecto de Patria Grande, ligada a los intereses de las mayorías populares democráticas? ¿Podés seguir pensando que un par de gritos y huevos a Domingo Cavallo es violencia? La manipulación de los multimedios es moneda corriente en un país que tiene sus estructuras culturales aferradas como uñas de gárgolas sobre los techos de las instituciones liberales burguesas.  Los guardianes del statu quo no quieren perder sus privilegios, y nosotros queremos la felicidad de nuestro pueblo. Por eso nos odian. Por eso nos proscribieron 18 años. Por eso bombardearon la Casa de Gobierno para asesinar a Perón y masacraron a 400 compatriotas. Por eso nos persiguieron, nos fusilaron, nos torturaron, nos desaparecieron, nos cagaron de hambre, nos sometieron a la vergüenza de pisarnos la cabeza y ver a familias destruidas, sin casa, sin trabajo. Nos mataron una y otra vez. Pero para estos escribas y cagatintas del imperio, aquello no fue violento. No hay consenso posible entre opresores y oprimidos.
La violencia que produjo Domingo Cavallo en los noventas fue destructiva, inhumana, y dejó millones de personas en la calle mientras otros millones de dólares se fugaban a paraísos fiscales. Hablar de violencia, cuando este buitre local recitaba la doctrina neoliberal del Consenso de Washington que puso al mercado por encima de todos los argentinos, es una falta de respeto a la a nuestra inteligencia, de las mayorías que creemos en un destino común de Patria latinoamericana, con desarrollo industrial inclusivo, generando más y mejor empleo, y poniendo el capital al servicio del hombre, dignificando en cada política pública a cada niño, niña, madre, padre, abuelo, abuela, y democratizando los espacios de realización colectiva de una vez y para siempre. La violencia, o aquello que los multimedios concentrados dicen que es violento, no es tal. La violencia es la fuerza opresora que utilizan estos grupos económicos para desarticular el Estado y dejarnos sin defensas frente a los poderes monopólicos. Los gritos, huevos y escraches a tipos como Domingo Cavallo, manos al servicio del capital financiero, no son graves. Son las muestras cabales del repudio que genera la violencia histórica de las políticas de ajuste que estos cipayos representan y las consecuencias que aún hoy seguimos pagando. A donde vayan, los iremos a buscar, dice el cantito popular. De eso pueden estar seguros.

lunes, 18 de agosto de 2014

Aguafuertes Peronistas


 
El estilo de crónica que tuvieron las “Aguafuertes porteñas” del magnífico Roberto Arlt, héroe literario nacional de los años 30, permitieron a su autor desarrollar un lenguaje dinámico, divertido, punzante e irónico que ilustraba el paisaje de época de una Buenos Aires en donde lo viejo no terminaba de morir y lo nuevo tenía dificultades para nacer. En el momento actual, donde los referentes reciclados de la politiquería local hacen cola en los multimedios de comunicación para mendigar minutos en cámara, siempre listos para lanzar alguna fórmula electoral desempolvada antes de tiempo para poder ser negociada en mejores condiciones en alguna mesa chica con “los mismos de siempre” bajo las mismas lógicas de siempre,  las aguafuertes, reconfiguradas como herramienta de reflexión, se vuelven una necesidad fundamental para interpretar la compleja realidad del peronismo y sus sentidos.
Rosario, que en su momento fue bautizada como “la capital del peronismo”, hoy se encuentra ensombrecida, con sus barrios sufriendo la desidia de un gobierno municipal que no hace eje en el bienestar del pueblo, sino todo lo contrario, otorgando una mano amistosa –y no invisible- a los mercados, que encuentran su referencia máxima en los dictados de la Fundación Libertad, eje neoliberal a nivel mundial que encuentra sitio en nuestra ciudad. Si, vaya paradoja: la cuna de la derecha orgánica más rancia está concentrada en la Rosario que se vuelve, día a día, de un color naranja desteñido.

El Frente Progresista Cívico y Social, partido gobernante del municipio, se encuentra en un laberinto muy difícil de superar:  o realiza mayores controles a las grandes empresas que concentran la economía, haciendo que estás paguen más a través de una reforma impositiva, e intenta democratizar el acceso de las mayorías a los derechos sociales (el agua para todos los ciudadanos, por ejemplo), o continuará profundizándose la brecha de desigualdades que golpea a los rosarinos, entre la periferia que se expande hacia las rutas y se hace a un costado, y un modelo económico que depende del puerto y de la concentración inmobiliaria. La disputa política en Rosario, a grandes líneas, es democratización o especulación. El peso que ha tenido lo privado en las decisiones del Concejo también es notorio. No podemos seguir discutiendo en los márgenes de una ciudad exclusiva para unos pocos.

En ese contexto, debemos analizar el accionar del peronismo, o de aquellos que se dicen peronistas. Muy poco han hecho los representantes institucionales actuales del peronismo para poner fin al programa de gobierno del Frente Progresista. Se suman denuncias y pedidos de informe sobre la gestión, pero no se avanza en una estrategia real que busque una identidad con los barrios. Muchos de los referentes del peronismo –tanto kirchneristas como no kirchneristas- presumen de lo que carecen: una intención real de transformarse en alternativa de cambio al gobierno municipal. Esto, sin embargo, es muy preocupante ya que se asoma como principal partido de recambio el PRO. De Guatemala a Guatepeor.  
El peronismo de nuestra ciudad no tiene un proyecto de unidad que gire en torno a las bases –tanto militantes sindicales, barriales y universitarias- para poder desarrollar un proyecto político con perspectiva histórica que dispute el sentido común del liberalismo que está gobernando Rosario, y escasea de una estrategia de poder popular a largo plazo que le permita conseguir un amplio apoyo en sectores sociales que hoy por hoy dudan entre el reutemismo massista o el PRO. Si el peronismo se encuentra en esta situación es por errores históricos y por reproducciones de lógicas pasadas en la militancia actual. Sin la necesidad de dar nombres, al menos por ahora, muchos de los lectores deben darse cuenta a quienes hacemos referencia. Que sirvan estas líneas, que no son para nada neutrales, como un aporte para conseguir una nueva construcción peronista desde las bases que busque articular con la comunidad y otras expresiones ideológicas que tengan como horizonte la realización efectiva de la Patria Grande, justa, libre y soberana.

Hacernos cargo de los personajes que levantan las banderas del peronismo pero que usufructúan su doctrina en detrimento de los sectores populares y emprender una lucha antiburocrática contra ellos por la subjetividad del peronismo es también asumir las contradicciones internas, porque son ellos los que encarnan a su vez intereses ajenos a la ética peronista y se encolumnan tras las banderas del individualismo corporativista. En definitiva, la clase política solo busca sobrevivir en un mundo de egoísmos y posibilismos varios, conformando castas sin representación real ni legitimación colectiva. Es nuestro deber como militantes proponer otras representaciones que surjan del corazón profundo de nuestro pueblo. Que sean sus hijos pobres y vilipendiados los que levanten sobre la faz de la tierra la gloriosa Nación.
 
Imagen obtenida del blog Utinhumor